
Desde la Federación de Instituciones Privadas de Educación Superior (FIPES) revelaron que las universidades privadas tienen una oportunidad notoria de cobertura territorial, respecto a las públicas, para abrirse en más regiones; ello, en un contexto donde hay 8 con nula o escasa presencia.
A detalle, las regiones con limitada oferta académica universitaria particular son: Pasco, Tumbes, Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica, Loreto y Moquegua.
Carlos Córdova, director de Proyectos de Sostenibilidad y Políticas Públicas de APOYO, recordó que, si bien a nivel nacional hay un incremento del porcentaje de jóvenes matriculados en educación superior universitaria privada (23.4%), Lima concentra la mayor parte de instituciones y estudiantes: 105 sedes y más de 700,000 matriculados.
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A criterio de Córdova, la limitada presencia de universidades privadas en estas regiones responde menos a una falta de interés empresarial y más a factores estructurales vinculados con la demanda, el nivel educativo y la dinámica económica de esos territorios.
“En estos territorios hay una menor masa crítica de alumnos que concluyen la secundaria, lo que limita el desarrollo de una oferta privada de educación superior”, añade.
Córdova recalcó que la falta de universidades privadas no significa que haya carencia total de oferta educativa, debido a la presencia de universidades públicas y el fortalecimiento progresivo de institutos técnicos, especialmente en regiones cuya actividad económica está ligada a rubros como la agricultura.
Por ejemplo, en Cajamarca y Loreto los indicadores de pobreza monetaria superan el 40% —los más elevados del país, conforme al INEI—, mientras que en Puno y Pasco la ratio se asoma a este umbral de vulnerabilidad.

En líneas generales, Fernando Barrios, presidente de FIPES, señala que en el Perú solo el 20% de las personas mayores de 25 años tiene educación superior, lo cual es crítico y merma en los indicadores de competitividad, y obliga a que “el capital humano tiene que formarse más y mejor” para estar a la par de otros países.
“¿Qué refleja ello? Que no hubo oferta pertinente, adecuada a los tiempos, necesidades e intereses de las personas (...) Hay una alta preferencia por gasto de bolsillo: las familias peruanas entienden que (estudiar en universidad) es el mejor vehículo de ascenso social”, reflexionó.
Aquí juegan un rol fundamental los programas semipresenciales y a distancia por parte de las privadas, algo que “la universidad pública no ha cubierto”. Por ejemplo, la USIL posee 27 programas semipresenciales y 24 a distancia, así como la UPC, con 66 semipresenciales y 54 a distancia, y la UPN, con 46 semipresenciales y 21 a distancia.
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Alta migración y falta de créditos, ¿oportunidad para los institutos?
El estudio de FIPES muestra que 1 de cada 5 de los postulantes (19.5%) migra a otra región para estudiar, siendo los departamentos con mayor flujo de migrantes Moquegua (77.5%), Pasco (63.3%), Huancavelica (53.9%) y Amazonas (53.3%). Los destinos predilectos son Lima, Arequipa y Junín.
“Se migra más donde la oferta es mayoritariamente pública o sin competencia privada”, añaden.
Al respecto, Andrés Oblitas, gerente general de la Asociación de Institutos y Escuelas de Educación Superior (Asiees), precisa que la ausencia de universidades privadas no implica una carencia total de oferta educativa; por ello, esta agrupación tiene institutos presentes en 12 regiones donde actividades económicas como el agro están ligadas a la demanda profesional, por ejemplo, Loreto y Ayacucho.
No obstante, lamenta que, a diferencia del proceso de licenciamiento universitario, en los institutos el avance ha sido más lento, al punto que en 9 regiones aún no hay centros licenciados.
“En educación técnica nunca hemos estado en la agenda nacional. El Ministerio de Educación tiene una dirección general, pero necesitamos una institucionalidad más sólida que impulse este sector”, dice Oblitas.
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El panorama es más complejo en los institutos públicos debido a problemas de infraestructura, equipamiento y presupuesto, factores que dificultan el cumplimiento de las condiciones básicas de calidad exigidas para obtener el licenciamiento, lo que genera la oferta técnica desigual entre regiones.
Para ello, recomienda al gobierno entrante de Keiko Fujimori implementar el Viceministerio de Educación Superior, el cual está contemplado legalmente, pero que, según indicó, aún no ha sido puesto en funcionamiento para atender de manera integral la educación universitaria, tecnológica, pedagógica y artística.

Desde FIPES agregan que el incipiente crédito educativo limita el acceso a educación superior. El 0% de los estudiantes universitarios tiene un crédito para este servicio, mientras que en Chile y Colombia se beneficia al 17.3% y 11.6% de los alumnos, respectivamente.
Si bien programas como Beca 18 han permitido ampliar oportunidades para miles de jóvenes, consideran que su cobertura sigue siendo insuficiente “y de baja escala”.
Oblitas recomienda desarrollar un nuevo esquema de crédito educativo con participación del sector privado, inspirado en el modelo de Obras por Impuestos, que permita ampliar el acceso sin comprometer la sostenibilidad fiscal y que financie estudiantes vía recursos que luego puedan compensarse tributariamente; mientras que los beneficiarios retribuyan esa inversión incorporándose al mercado laboral y contribuyendo con impuestos.
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La creación de universidades desde el Congreso y su aporte
En el último quinquenio, el Congreso impulsó una ola masiva de universidades públicas, las cuales han levantado más de una observación por parte de expertos debido a sus elevados costos: de aproximadamente S/ 2.5 millones por cada una al año, tal como informó Gestión.
Desde el Legislativo, han argumentado que la creación de universidades en regiones como Puno, Cusco, Junín, Áncash, Ica, Amazonas, Apurímac, entre otras, se da para maximizar el alcance de la educación superior en localidades remotas.
“No es crear universidades por crear. Debe existir una justificación basada en la demanda de estudiantes y, sobre todo, en la pertinencia respecto al mercado laboral”, sostuvo Córdova.
Añadió que, si los estudios muestran que determinada región requiere principalmente técnicos y no profesionales universitarios, la prioridad debería ser fortalecer institutos antes que abrir nuevas universidades.
De lo contrario, Córdova precisó que se corre el riesgo de construir instituciones que ofrezcan carreras desconectadas de la realidad económica local.
“La universidad termina convirtiéndose en un elefante blanco porque forma profesionales que luego no encuentran oportunidades acordes con las necesidades del territorio”, comentó.

Periodista con más de 5 años de experiencia en la cobertura de coyuntura económica e informes especiales en prensa escrita y digital.







