
A finales de 2025, las proyecciones para 2026 apuntaban a lo siguiente:
- Renta variable: retornos por debajo de su promedio histórico (entre 6% y 7%), tras tres años consecutivos de racha de doble dígito.
- Renta fija: rendimientos positivos de entre 6% y 8%, por encima de su media histórica, favorecidos por los eventuales recortes de tasas de la Reserva Federal, después de tres años de retornos bajos.
- Materias primas industriales: precios al alza, impulsados por una oferta ajustada frente a la demanda y por tensiones geopolíticas.
Sin embargo, si revisamos los resultados al 31 de julio del presente año, los pronósticos de corto plazo volvieron a fallar. Las bolsas de los mercados desarrollados —Estados Unidos y Europa— acumulan, a la fecha, rendimientos de entre 10% y 12%. Por otro lado, los mercados emergentes avanzan cerca de 20%, debido al dinamismo del sector de semiconductores de Corea del Sur y Taiwán. En contraste, la renta fija, que proyectaba vientos a favor, registra un desempeño negativo. El Bloomberg US Aggregate Bond Index presenta retornos totales que no logran compensar ni siquiera el pago de sus cupones.
En lo que sí acertaron las estimaciones fue en las materias primas: el cobre se mantiene firme y el petróleo, aunque volátil, muestra alzas considerables, impulsadas por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Destaca también el desempeño de las bolsas de Perú y Colombia, que superan el 30% de rentabilidad en lo que va del año, tras una mejora en el entorno político local.
Impacto en los portafolios:
La combinación de una renta variable fuerte y una renta fija débil deja las siguientes rentabilidades estimadas (sin anualizar) según el perfil de riesgo:
• Portafolio conservador (20% en acciones): 3,5%
• Portafolio moderado (35% en acciones): 5%
• Portafolio balanceado (50% en acciones): 6%
El entorno ha favorecido claramente a las carteras con mayor apetito por el riesgo, mientras que los perfiles conservadores han obtenido resultados más modestos.
Por su parte, el oro, activo estrella de los últimos tres años, corrigió desde sus máximos de US$5.300 hacia la franja de US$4.000-US$4.300 en 2026. Las expectativas de que las tasas en Estados Unidos se mantengan altas o incluso suban, sumadas a las ventas de oro de bancos centrales, impulsaron esta caída. Esto confirma una lección clave: comprar a ciegas el activo con mejor desempeño durante el año anterior suele ser una mala estrategia.
Un fenómeno similar ocurrió con el dólar. Durante 2025, la moneda estadounidense se depreció 9% frente a otras monedas fuertes, lo que llevó a muchos inversionistas a recortar su exposición a la divisa estadounidense. Paradójicamente, en 2026 el dólar se ha vuelto a fortalecer frente a sus pares, penalizando a quienes redujeron su ponderación.
Estrategia para lo que resta de 2026:
Frente a esta coyuntura, una estrategia más razonable consiste en tomar utilidades en renta variable para reducir su peso relativo y reasignar dicho capital hacia la renta fija. Esta rotación permite rebalancear el portafolio hacia sus objetivos originales de largo plazo, gestionar activamente el riesgo y aprovechar instrumentos de deuda que hoy cotizan a precios y rendimientos atractivos frente a sus promedios históricos.
Como insistimos siempre, la clave del éxito patrimonial no radica en adivinar pronósticos de corto plazo, sino en mantener la disciplina en la asignación de activos (asset allocation), vendiendo con criterio lo que se ha encarecido y comprando aquello cuyo valor ha disminuido.

CEO y Fundador Allié Family Office. Past President CFA Society Peru. Licenciado en Ciencias Económicas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con un grado de MBA en Administración de Empresas por la Universidad de Texas en Austin.








