"Mientras señalamos con el dedo índice hacia ese Poder Ejecutivo con mayúsculas, olvidamos otro poder ejecutivo, con minúsculas, que sí controlamos: el de ejecutar. El de hacer que las cosas pasen", escribe Luciana Olivares.
"Mientras señalamos con el dedo índice hacia ese Poder Ejecutivo con mayúsculas, olvidamos otro poder ejecutivo, con minúsculas, que sí controlamos: el de ejecutar. El de hacer que las cosas pasen", escribe Luciana Olivares.

Cada vez que el país se incendia —lo cual, últimamente, es pan de cada día— repetimos lo mismo: “la culpa es del Poder Ejecutivo. Lo decimos en el café, en el chat de amigos, en X, en la sobremesa del domingo. El Poder Ejecutivo, con mayúsculas, como si fuese un ente abstracto, una criatura mitológica de diez cabezas —o acéfala, dependiendo del personaje y la imaginación— que vive en Palacio de Gobierno y decide nuestro destino entre repartijas, censuras y nuevas versiones del mismo déjà vu político.

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