
Haces unos meses comentaba la serie de elecciones que vivirá nuestro continente en el 2026. Más allá de quienes terminen asumiendo esta responsabilidad en Colombia, Perú y Brasil, lo importante para los mercados financieros es la percepción de qué tipo de políticas públicas promoverá cada gobierno, así como la evaluación de cuánto de esa percepción ya está incorporada en los precios de los activos financieros de cada país.
Una diferencia significativa entre estos conceptos puede ofrecer oportunidades de inversión en los mercados financieros, ya sea para comprar o vender un activo. Si tomamos como ejemplo el caso de Colombia, que este domingo celebrará la segunda vuelta presidencial, podemos concluir que la percepción de riesgo aumentó durante los primeros meses del año al observar el comportamiento de las tasas de los bonos soberanos.
El bono colombiano a 10 años en moneda local mostraba una tasa de 12.5% en diciembre 2025 y, si bien las tasas a nivel global también aumentaron durante este período, esta variable superó el 14.2% en su punto más complicado en mayo de este año (+1.7% en poco más de cuatro meses). Como referencia, la tasa del Tesoro estadounidense a 10 años aumentó aproximadamente 0.5 puntos porcentuales en el mismo período.
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Este incremento por encima del promedio de las tasas globales reflejó una preocupación de los inversionistas respecto de la sostenibilidad fiscal de este país. Para ponerlo en contexto, el PBI de Colombia se ubica alrededor de los US$540,000 millones y su deuda pública bordea el 60% de dicho valor, aproximadamente US$ 325,000 millones. El pago anual de intereses y amortizaciones representa cerca de 5.3% del PBI, mientras que los ingresos fiscales apenas superan el 16% del PBI.
En otras palabras, el Estado colombiano destina prácticamente un tercio de sus ingresos a obligaciones relacionados con su deuda. La situación no es sencilla y un aumento de 1.7% en las tasas de interés, partiendo de niveles ya elevados, puede poner en riesgo la estabilidad de las finanzas del país. Si toda la deuda se renovara a una tasa de 14.2%, el porcentaje destinado a pagar deudas podría superar el 8% del PBI, y llegar a representar el 50% de los ingresos anuales del gobierno.
Por supuesto, este riesgo solo se materializaría si las tasas se mantienen sostenidamente por encima de 14%, algo que afortunadamente no ha ocurrido. El contexto internacional ha contribuido a moderar las expectativas de los inversionistas sobre el futuro de Colombia y, actualmente, las tasas a las que se financia el gobierno ya cotizan nuevamente por debajo del 12%.
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La volatilidad ha sido elevada en los mercados financieros. A los efectos de la guerra entre Estados Unidos e Irán y a la evolución de las utilidades e inversiones en el sector tecnológico, se suman los eventos propios de cada país. En un entorno incierto, brindar cierta línea de acción para atraer a la inversión termina siendo clave. La predictibilidad y la difusión de planes que sean creíbles para aprovechar los recursos del país pueden marcar la diferencia para hacer negocios, así como para brindar bienestar a la población.
Cada aumento de un punto porcentual en el costo de la deuda implica recursos que dejan de destinarse a construir escuelas, viviendas o mejorar la seguridad ciudadana para ser utilizados en el pago de financiamiento.
No debemos minimizar la importancia del factor “confianza” para agilizar las decisiones de inversión y crear un círculo virtuoso que finalmente genere más crecimiento. Un mayor crecimiento suele traducirse en mayores utilidades empresariales, más empleo, más consumo y, por lo tanto, en activos que hoy pueden parecer más baratos porque generarán mayores beneficios en los próximos cuatro o cinco años.
Mi expectativa para el Perú es que quienes finalmente asuman el gobierno promuevan un ambiente de confianza y abran las puertas a un mejor quinquenio 2026-2031.









