
Apoyo Consultoría encuestó a ejecutivos de sus más de 300 empresas e instituciones miembros de su Servicio de Asesoría Empresarial (SAE). El sondeo recogió sus perspectivas de ingresos y utilidades, de cuándo iniciarán sus planes de inversión del 2027, de qué los agilizaría y de cuáles son sus destinos prioritarios para invertir en América Latina.
Esto refleja el dinamismo de la economía. La inversión privada crece a doble dígito por segundo año consecutivo, en un contexto de precios históricamente altos de los metales que exportamos, menor riesgo de cambios constitucionales antimercado desde hace un par de años y, en consecuencia, niveles optimistas de confianza para invertir.

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Así se ve el 2027
Este optimismo se extiende a los resultados esperados para el 2027, a pesar del fenómeno de El Niño (FEN). Según la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), las condiciones de un FEN extraordinario se extenderían hasta el invierno del próximo año. Incluso en ese escenario adverso, los miembros del SAE esperan crecer, en promedio, cerca de 11% en términos nominales el próximo año.
Estas perspectivas están relativamente en línea con el crecimiento que la consultora espera para la demanda interna (sin inventarios) de 9% en términos nominales (5% después de ajustar por inflación).
El sustento de estas expectativas, a pesar del contexto climático adverso, es la evolución esperada para la inversión privada, la cual sería el principal motor del crecimiento en el 2027. En Apoyo Consultoría se proyecta que crecerá 12.5%, después de ajustar por inflación. A los buenos precios de los metales se suma que la elección presidencial generó un quiebre positivo y muy relevante en las expectativas.
Este quiebre está asociado tanto a un entorno político con mínimo riesgo de vacancia, que sostiene el bajo riesgo de cambios constitucionales antimercado –lo que da más visibilidad para el planeamiento de mediano plazo–, como a la expectativa de simplificación administrativa en procesos y permisos, lo cual agilizaría los planes de inversión.
Este giro ha llevado a que la mayoría de los miembros del SAE adelante el inicio de la ejecución de sus planes al 2026 o que prevea hacerlo durante el primer semestre del 2027, aun en medio del FEN. Así, el 76% ya ha comenzado a ejecutarlos o lo hará en los siguientes diez meses.

Aun con el FEN, la inversión privada podría crecer en el 2027 más de lo que se prevé hoy. Cerca de la mitad de los miembros del SAE señala que superar el FEN les permitiría acelerar sus inversiones, lo que abre espacio a flujos mayores a los actualmente esperados para el segundo semestre del próximo año.
El 37% indica que las agilizaría si se confirma que el crecimiento de la demanda es sostenido y otro tercio, si el Gobierno avanza de forma decidida en la simplificación de procesos. Esto último sería especialmente relevante para los grandes proyectos de infraestructura concesionada (transmisión eléctrica, transportes, etcétera), y para los proyectos mineros y energéticos, en los que el aumento de la carga de permisos de la última década ha dilatado las aprobaciones y desincentivado a las empresas de avanzar.

Más allá del 2027
Pensando más allá del próximo año, hay condiciones para que el alto crecimiento de la inversión privada se sostenga. Hay disponibilidad de fondos para que esta se expanda a un ritmo mayor. A nivel macro, la economía genera más ahorro privado del que destina a inversión local: ese excedente equivalió a S/ 73 mil millones (casi 6% del PBI) en los 12 meses hasta el cierre del segundo trimestre de este año.
Esa disponibilidad debiera continuar en los próximos años, asociada al superciclo de precios de los metales, en un contexto de fuertes inversiones globales por el avance de la inteligencia artificial y de la transición energética, aunque una reversión inesperada de esa tendencia sería el mayor riesgo para el crecimiento peruano. La información que reportaron los miembros del SAE ofrece una forma alternativa de ver esta holgura.
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El sólido crecimiento de ingresos esperado, tras años de búsqueda de eficiencias y reducción de costos, ha llevado a que el 70% espere crecimiento de las utilidades de sus empresas entre este 2026 y el 2027.
Este porcentaje ha crecido de manera sostenida desde el 2023 y es el tercer registro más alto desde que se hace la pregunta en el 2009 (por debajo de los del 2010 y 2011). Esto implica que, con los niveles actuales de apalancamiento controlado, las empresas tienen espacio para invertir.

En adición a las condiciones favorables, las grandes empresas tienen intenciones de apostar por el Perú. La mayoría de los miembros del SAE afirma que sería su principal destino de inversión en el 2027, por cuarto año consecutivo.
Chile le sigue en segundo lugar, que en febrero del año pasado estaba en el tercero, probablemente por los esfuerzos activos que se están haciendo para atraer inversión (reducción de tasas impositivas, simplificación de procesos, entre otros).
Eso sirve como recordatorio de que mantener esas intenciones y convertirlas en flujos exigirá un gobierno que fortalezca los cuadros públicos para que el sector privado tenga una contraparte efectiva y que empiece a implementar sus ideas de simplificación de procesos y de permisos.

En conclusión, las grandes empresas esperan crecer con fuerza este año y el próximo, aun con el FEN de por medio. La inversión privada sería el motor de ese resultado, dado que el sector corporativo tiene espacio e intenciones de seguir invirtiendo. Avanzar en la simplificación de procesos y en el fortalecimiento de las capacidades del Estado será la vía más directa para que el ciclo de inversión se extienda más allá del 2027.
Una meta alcanzable
Por Pablo del Águila, jefe del Servicio de Asesoría Empresarial (SAE)
Es factible que la economía crezca 5% al año, después de ajustar por inflación, hacia el cierre de este periodo gubernamental, en la medida que los precios de los metales se mantengan altos. Lograr eso (en vez de conformarnos con 3%) requerirá de un gobierno que mejore la calidad de los servicios públicos, facilite la inversión privada y eleve la productividad.
Eso es más fácil decirlo que hacerlo. El país necesita muchas reformas –política, judicial, educativa, laboral, tributaria, etcétera– y el Gobierno tiene poco capital político, con la inseguridad y el FEN absorbiendo, acertadamente, sus primeros días. Como consecuencia, tendrá que priorizar.
El premier Luis Galarreta dijo en la Convención Anual de Apoyo Consultoría que se trata de una maratón y no de una carrera de 100 metros. Sabemos dónde está la meta; no es claro aún cuál es la ruta que plantea el Gobierno para alcanzarla, específicamente, cuáles serán las dos o tres grandes reformas por las que arriesgará capital político. Sin eso, será más difícil anclar las expectativas del sector privado en los niveles actuales de optimismo.







