
En un entorno laboral cada vez más conectado, el uso de las redes sociales también forma parte de la imagen profesional de un trabajador. Lo que se publica, comenta o comparte puede influir en la percepción que una organización tiene sobre una persona, especialmente cuando se evalúan oportunidades de crecimiento, liderazgo o nuevos desafíos profesionales.
De acuerdo con el estudio Redes Sociales y Empleo 2026 de Bumeran, el 34% de trabajadores señala haber perdido la oportunidad de un ascenso en la organización por un mal uso de redes sociales.
Al respecto, Sandra Cubas, managing partner en Cornerstone, señaló que las organizaciones buscan colaboradores que no solo tengan un buen desempeño profesional, sino que también demuestren criterio, responsabilidad y una conducta ética.
“Algunas acciones en redes sociales pueden generar preocupación, especialmente aquellas que afectan a otras personas, promueven ataques, discriminación o violencia, o generan confrontaciones de manera deliberada. En posiciones de liderazgo, este aspecto adquiere aún mayor relevancia, ya que un ascenso implica asumir mayores responsabilidades y una mayor exposición dentro y fuera de la organización”, explicó.
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Conductas que podrían frenar una promoción laboral
Ernesto Rubio, CEO de Ronal Carrer Services, resaltó que, hoy en día, los gerentes de recursos humanos, gerentes generales y demás decisores de promociones y contrataciones buscan cada vez más el denominado “fit cultural”: que exista una adecuada alineación entre la persona y la cultura de la organización.
El estudio Redes Sociales y Empleo 2026 arroja que el 78% de los especialistas considera que determinados contenidos publicados por un talento pueden afectar su lugar dentro de la organización.
“Una persona puede tener un perfil profesional impecable en LinkedIn, con una trayectoria ascendente y excelentes resultados; pero si su comportamiento público en otras redes muestra conductas claramente contradictorias con los valores que representa la empresa, puede generarse un ruido importante”, refirió.
En ese sentido, los comportamientos que podrían descalificar al talento para una promoción laboral son: expresiones discriminatorias, violencia, acoso, conductas ilegales, exposición reiterada a situaciones de consumo excesivo de alcohol, publicaciones que comprometan seriamente la reputación de la persona o de la empresa, o comportamientos que resulten especialmente contradictorios con el nivel de responsabilidad que implica el cargo.

Mal uso de redes sociales puede terminar en despido
El estudio también indica que, para un 22% de encuestados, su mal accionar en redes sociales desencantó en la pérdida del trabajo.
Al respecto, Sandra Cubas comentó que las consecuencias pueden variar dependiendo de la gravedad de la conducta, el contexto y las políticas internas de cada organización.
Ernesto Rubio coincidió en que las consecuencias pueden ir mucho más allá de perder una promoción, pueden afectar la reputación profesional, la relación con sus superiores y colegas e, incluso, en situaciones graves, la continuidad laboral.
“Pero hay algo que me parece todavía más importante: la reputación laboral. Este es un activo que se construye durante años, pero que puede ponerse en riesgo en cuestión de minutos. Y las redes sociales han multiplicado exponencialmente la velocidad con la que una conducta puede hacerse pública”, señaló.
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¿Qué hacen las empresas?
Sandra Cubas manifestó que, actualmente, algunas organizaciones revisan la información pública disponible en redes sociales, principalmente durante procesos de selección para posiciones ejecutivas, de alta responsabilidad o cargos especialmente sensibles por la naturaleza de sus funciones.
Según el estudio Redes Sociales y Empleo 2026, el 48% de los especialistas en recursos humanos afirma que tiene en cuenta las redes sociales de los candidatos al momento de buscar personal.
“En el caso de los líderes, sus acciones y comunicaciones pueden tener un impacto mayor porque son referentes para sus equipos y, en cierta medida, representan a la organización”, dijo la ejecutiva.
Por su lado, Ernesto Rubio consideró que, más que pensar en “vigilar” al colaborador, las organizaciones deberían optar por educar, prevenir y establecer claramente cuáles son las conductas que pueden generar un conflicto con la organización.
La clave está en encontrar un equilibrio entre respetar la esfera personal del colaborador y, al mismo tiempo, proteger la cultura, los valores y la reputación de la organización, concluyó el especialista.
Ficha Técnica
- Muestra: 3,503 personas trabajadoras y especialistas en recursos humanos.
- Rango de edad: personas de 18 a 80 años.

Licenciado en Comunicación y Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Con más de 7 años de experiencia en prensa escrita y digital. Actualmente, se desempeña como redactor en Diario Gestión.







