
Machu Picchu puede recibir a diario a 4,500 visitantes en temporada regular y 5,600 en temporada alta, un intervalo que busca equilibrar la actividad turística con la conservación del patrimonio. Sin embargo, entre 2024 y 2025, 91,836 personas ingresaron al sitio sin ser consideradas como parte de la cifra límite, precisó recientemente la Contraloría General de la República.
Es decir, hubo visitantes que sí estuvieron en la ciudadela, pero que no se “contaron” para medir la capacidad permitida. Cabe destacar que el acceso de estos turistas “invisibles” no es sinónimo de un ingreso gratuito. Surge, por tanto, una pregunta: ¿el Perú está calculando la capacidad de la maravilla mundial desde la venta de boletos o desde la presión real que puede soportar?
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Comportamiento destructivo
Cusco es la principal fuente del turismo en el Perú: acoge a más del 40% de visitantes nacionales y extranjeros. El protagonismo es tal que, de los más de 7 millones de turistas del 2025, un millón y medio viajaron hasta el Santuario de Macchu Picchu a pesar de todos los problemas en la administración de las entradas, detalla Víctor Ballena, coordinador del Observatorio de Comercio Exterior de la Facultad de Economía de la UPC.
Edgar Vásquez, extitular del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), también se enfoca en este escenario para cuestionar que, hasta ahora, se mantenga un límite de aforo basado en estudios antiguos, con tecnologías y contextos superados. Lo califica como “irracionalidad técnica” porque, según explica, no existe una voz oportuna que pueda demostrar con claridad que el ingreso de aproximadamente 125 personas adicionales por día, divididas en dos turnos, cause un daño al sitio, como lo ha argumentado la Contraloría.
Él considera, más bien, que hay una mirada muy cerrada que no entiende ni la dinámica social ni la complejidad del sitio. La cifra de los visitantes “fantasma”, más allá de encender una alarma “engañosa”, coloca sobre la mesa la duda sobre la capacidad real de la maravilla: hace falta manejar mejor los intervalos de confianza para evitar forzar un número límite.
Ballena comparte la premisa: mientras se discute el “exceso” en el santuario, los datos reflejan una contradicción económica. “En el 2025, el indicador de ocupación de camas en Cusco se situó en el casi 33%. Aún existe, por tanto, capacidad para invertir ahí, pero la poca transparencia de la legislación, los constantes movimientos sociales en la región y los pocos beneficios que el gobierno regional y local ofrecen a los inversores privados son barreras fuertes”, sostiene.
El especialista lo resume como “el problema de la gallina de huevos de oro”: un comportamiento destructivo arruina la fuente sostenible por buscar una ganancia inmediata.
“No sabemos qué hacer con los efectos, pero ya sabemos que nos beneficia [...]. Así lo muestran los indicadores de oferta del turismo (arribos y pernoctación). No hay un crecimiento de establecimientos y camas disponibles registradas en el Mincetur, al parecer es un negocio informal y carente de servicios alternativos, esto muestra que se cumple lo de la Gallina de huevos de oro”, añade.

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Ignorancia de la realidad social
Para Vásquez, la rigidez en el aforo de visitantes no permite contemplar factores sociales como el ingreso de estudiantes locales o residentes. En efecto, la contraloría detectó seis grupos que no figuran en el cálculo del aforo:
- Ciudadanos y residentes de Cusco que tenían acceso gratuito los domingos.
- Beneficiarios de un convenio entre la DDC Cusco y Gercetur.
- Delegaciones escolares de primaria.
- Delegaciones escolares de secundaria.
- Visitantes procedentes de la Red de Caminos Inca.
- Guías de turismo.
“No se les puede cobrar a los niños cusqueños la entrada a su sitio arqueológico, eso es inviable. [...] A lo único que se le podría dar una mirada es a los convenios, habría que ver puntualmente a quiénes se está beneficiando”, manifiesta el exministro.
En esa línea, este diario le consultó al Mincetur si próximamente implementará medidas eficientes para que todas las personas que ingresen al monumento sean contabilizadas y, con ello, determinar la presión real sobre el aforo. La respuesta que obtuvo de la cartera fue una indicación de trasladarle la consulta al Ministerio de Cultura y revisar una reciente entrevista televisiva (Panamericana) hacia Rogers Valencia, actual titular de la primera cartera mencionada.
En ella, la autoridad no se refiere al aforo como tal, pero remarca el despliegue de una plataforma más transparente que garantice el acceso a cualquier usuario. Esta, dentro de tres meses, contará, según explica, con dos tipos de compradores: el casual (turista final) y el institucional (agencias y hoteles).
“Gracias a ello, se podrá contar con una base técnica y científica para tomar mejores decisiones sobre la gestión del destino, especialmente respecto de los flujos de visitantes, la conservación del patrimonio y la prestación de servicios turísticos”, se pudo leer.
Asimismo, se detalló que proceso involucra cuatro fases: planificación e inicio; diagnóstico y línea base; evaluación y modelamiento; y propuesta final e implementación. Por el momento, como parte de la primera etapa, en los próximos días los especialistas de ARS Progetti SPA ejecutarán trabajo de campo en Cusco y Machupicchu, incluyendo recorridos por el Camino Inka, la Llaqta de Machupicchu y otros espacios.

Machu Picchu, un ente vivo
Para los especialistas, el hecho de que no todos los visitantes “pesen” igual en el aforo exige una transición de una mirada técnica inflexible hacia una gestión más holística y socialmente consciente. Machu Picchu es un ente vivo con dinámicas culturales y económicas que un límite numérico no alcanza a cubrir.
Aun así, insisten en que absolutamente todos deben ser registrados en un sistema único pero con múltiples categorizaciones.
Además, Vásquez argumenta que la gestión moderna debe incentivar el uso de rutas alternativas para que no toda la carga esté en los mismo espacios; es decir, que se desconcentren los puntos tradicionales.

Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.







