
A dos meses del inicio del clases 2026, un factor viene ganando relevancia en la agenda de las universidades. Más allá de la ampliación de infraestructura, el desarrollo de nuevas sedes o la creación de nuevas carreras, las casas de estudio superior están poniendo el foco en la inversión en equipamiento y modernización, como parte del proceso para cumplir las condiciones básicas de calidad exigidas por la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu).
Desde hace más de dos décadas, diversas universidades e institutos han optado por avanzar hacia acreditaciones especializadas como parte del camino para fortalecer la calidad de sus programas académicos. Una de estas es la que otorga Icacit, institución peruana sin fines de lucro que acredita carreras vinculadas al área STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) y arquitectura.
En detalle, evalúa y acredita condiciones de calidad relacionadas con la infraestructura, el equipamiento de laboratorios, la formación docente, los resultados de aprendizaje y el impacto profesional de los egresados.
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En diálogo con Gestión, Jimmy Túllume, gerente general de Icacit, explicó que en 2025 tuvo el pico más alto de evaluaciones con fines de acreditación. “Realizamos un solo proceso al año, porque cuidamos el seguimiento y la trazabilidad del proceso, lo que genera confianza en las decisiones de acreditar o no acreditar”, señaló.
En ese periodo, 50 programas de educación superior, pertenecientes a 14 universidades, se sometieron al proceso de evaluación de Icacit, de los cuales 41 lograron la acreditación. “Es un proceso voluntario. Son las propias universidades e institutos las que deciden someterse a una evaluación para demostrar que cumplen con estándares internacionales”, indicó.
Las carreras evaluadas corresponden al área STEM, acrónimo que agrupa a las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, e incluye programas de ingeniería, computación, tecnologías de la información y ciencias básicas como matemática, física y química, además de arquitectura.
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Este enfoque, explicó el ejecutivo, responde a la necesidad de que las universidades cuenten con equipamiento actualizado y pertinente, alineado con los requerimientos técnicos y profesionales que hoy demanda el mercado laboral y los estándares internacionales de formación superior.

Inversiones en equipamiento
Un punto relevante del proceso de acreditación es que exige inversiones concretas por parte de las universidades. Al respecto, Túllume afirmó que todo proceso de mejora, al igual que ocurre con certificaciones como ISO en el sector empresarial, requiere recursos para su implementación.
Indicó que la acreditación Icacit se sitúa un nivel por encima de las condiciones básicas de calidad exigidas por Sunedu, ya que no solo verifica la existencia de laboratorios, sino que evalúa en detalle la pertinencia y actualización del equipamiento según cada especialidad. “Si se trata de un programa de ingeniería electrónica, por ejemplo, debe demostrarse que cuenta con laboratorios de automatización y con equipos adecuados para la formación del profesional que, en pocos años, se incorporará al mercado laboral”, aclaró.
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En ese contexto, detalló que la inversión promedio realizada por las universidades peruanas para lograr la acreditación oscila entre US$ 100,000 y US$ 180,000, pudiendo llegar hasta US$ 200,000, principalmente en infraestructura académica y actualización de equipamiento de laboratorios.
Estas inversiones, específico, se realizan por facultad, más que por programa, debido a que en muchas universidades los laboratorios son compartidos entre distintas carreras, como electrónica y telecomunicaciones. Además del equipamiento, destacó que otro componente crítico de la inversión es la capacitación docente, especialmente para el uso de nuevas tecnologías. En ese punto, subrayó el creciente peso de la inteligencia artificial, tanto como herramienta de apoyo a la enseñanza como para impulsar la producción científica y la transferencia tecnológica.
“El reto no es solo que el docente use la tecnología, sino que pueda aprovecharla para generar investigación, transferencia de conocimiento y formar profesionales alineados a las necesidades productivas del país”, indicó.
El ejecutivo añadió que los montos de inversión incluyen también la capacitación del personal y la creación de fondos de mantenimiento de equipos, un aspecto que, en algunos casos —especialmente en universidades públicas—, ha limitado la obtención de la acreditación por restricciones presupuestales.
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En términos agregados, estimó que durante 2025 las universidades peruanas invirtieron alrededor de US$ 2 millones en procesos de acreditación, considerando tanto la modernización de laboratorios como la formación y actualización de profesionales. “Sin ser una empresa constructora, estos procesos han permitido incluso la habilitación de nuevos espacios académicos, la contratación de personal y la actualización continua del capital humano”, sostuvo.
En ese contexto, indicó que si bien este nivel de exigencia no es evaluado en los procesos de licenciamiento, es altamente demandado por las universidad e institutos ya que las ayuda a ser tomadas en cuentas en los ranking internacionales.

Lo que viene en 2026
Actualmente, el sistema universitario peruano cuenta con 98 universidades licenciadas por la Sunedu. De ellas, 95 ofrecen programas vinculados a diseño, arquitectura, ingeniería y tecnología, áreas que concentran la mayor demanda de procesos de acreditación especializada, según Túllume.
En ese universo, señaló que las 20 universidades mejor posicionadas en los rankings nacionales ya trabajan con el modelo Icacit y cuentan con acreditaciones vigentes, que pueden otorgarse por seis, dos o menos años.
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De cara a 2026, la agencia acreditadora prevé que alrededor de 30 programas académicos se presenten a evaluación, lo que representa aproximadamente a 10 universidades. Parte de ellas corresponde a procesos de reacreditación, mientras que otras son nuevas postulantes, en su mayoría universidades públicas, que buscan alinearse a estándares internacionales y reducir la brecha frente a instituciones privadas ya acreditadas.
Entre los casos destacados, Túllume recordó que en 2025 la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza, en Chachapoyas, se convirtió en la primera universidad del nororiente peruano en obtener una acreditación internacional. En esa misma línea, actualmente se viene trabajando con la Universidad Nacional de Huánuco (Unheval) y la Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac (Unamba), que podrían presentarse a evaluación este año.
“La idea no es llegar a las 98 universidades, sino acompañar a aquellas que están dispuestas a realizar inversiones, que se traduce en una mejor formación de los jóvenes y en un mayor soporte a las empresas y a la industria”, indicó. En términos de inversión, estimó que cada universidad destinaría entre US$ 180,000 y US$ 200,000, lo que llevaría a un monto global cercano a US$ 1.8 millones para este año, considerando a las 10 instituciones que ingresarían al proceso.
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Estos recursos se orientan principalmente a la actualización del equipamiento de laboratorios, ya que las universidades cuentan con infraestructura básica por efecto del licenciamiento, pero deben incorporar tecnología especializada acorde a cada disciplina. A ello se suma la adecuación de instalaciones bajo protocolos de seguridad, la compra de insumos, la capacitación docente y la incorporación de software y tecnologías emergentes, como inteligencia artificial.
Asimismo, destacó que el nuevo equipamiento, en muchos casos de origen extranjero, impulsa la movilidad académica internacional de docentes y estudiantes, lo que permite incorporar nuevas prácticas, fortalecer la investigación aplicada y promover la transferencia tecnológica.
En cuanto a las universidades ya acreditadas, Túllume señaló que Icacit trabaja con las principales instituciones del país, tanto públicas como privadas. Entre ellas figuran la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), la UPC, ESAN, Universidad de Lima, Universidad de Piura, Universidad Privada del Norte, Universidad Nacional de Trujillo, y, en el sur, la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, que cuenta con 17 programas acreditados, además de la Católica San Pablo y otras casas de estudio de la región.
Respecto a los institutos tecnológicos, explicó que el panorama es más desafiante. Aunque en el país existen más de 480 institutos, solo una fracción cuenta con licenciamiento, y son pocos los que pueden asumir el nivel de inversión que exige una acreditación especializada. En ese grupo destaca Tecsup, que mantiene programas acreditados por Icacit en sus distintos campus y trabaja directamente con empresas para la formación de técnicos de mando medio.
Por último, subrayó que la acreditación garantiza que los programas formativos estén alineados a marcos internacionales, como los acuerdos globales en ingeniería y tecnología, reduciendo la brecha entre la formación y las exigencias del mercado.

Licenciada en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza con 20 años de experiencia profesional. Laboró en medios de comunicación como TV Perú y Perú21. También ejerció en gremios como la SNMPE y SNI. Desde el 2016, es parte del diario Gestión.








