
Las empresas en el país ya vienen anticipando los efectos de un posible Fenómeno de El Niño de gran intensidad, que podría afectar significativamente sus resultados financieros y el valor de sus activos.
En este escenario casi inminente, el sector corporativo y gran empresa ha iniciado la evaluación de escenarios, mientras que las medianas y pequeñas empresas avanzan con mayor cautela debido a sus limitaciones de recursos y menor capacidad de gestión de riesgos, indicó a Gestión Víctor Tanaka, socio líder de auditoría de EY Perú.
La preparación de las compañías se enfoca principalmente en la revisión de estructuras de costos, la postergación de inversiones no prioritarias y en la actualización de estimaciones contables con el objetivo de anticipar posibles impactos de la anomalía climatológica en la rentabilidad, dijo.
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“Uno de los efectos más relevantes será el reconocimiento de deterioro de activos, especialmente en industrias expuestas como pesca, agricultura, manufactura y transporte”, precisó.
Pérdidas
En estos sectores, la reducción de la actividad económica o la afectación de la capacidad productiva podrían obligar a las empresas a registrar pérdidas contables, que exigen ajustar el valor de los activos cuando no se espera recuperarlos en el futuro.
Marco Antonio Zaldívar, director de empresas, refirió que las compañías están revisando rutas de transporte, alternativas de abastecimiento y niveles de inventario para asegurar la continuidad de sus operaciones si carreteras, puertos o vías de comunicación se interrumpen por lluvias intensas o inundaciones.
“El Niño no es un fenómeno nuevo. Las empresas ya saben dónde puede golpearles y qué medidas deben adoptar para reducir el impacto”, aseveró. El último reporte del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen), refiere que el Niño Costero se prolongaría hasta el próximo verano, con una mayor probabilidad de presentar una magnitud fuerte hasta octubre.

Presión
En el sector pesquero, por ejemplo, la menor disponibilidad de recursos hidrobiológicos podría afectar directamente la generación de ingresos, mientras que en el agro las inundaciones o cambios climáticos mermarían el valor de los activos biológicos, lo que provocaría ajustes en los estados financieros, expresó Tanaka.
De acuerdo con el consultor, estos efectos no solo reducen la rentabilidad, sino que también pueden alterar la estructura patrimonial de las compañías, y, en consecuencia, aumentar la presión sobre su desempeño financiero.
En otras actividades, el principal riesgo es que ante los daños que pueden sufrir carreteras e infraestructura crítica, se imposibilitaría el traslado de trabajadores y mercancías, según Zaldívar.
Infraestructura, maquinaria, equipos tecnológicos y vehículos figuran entre los bienes más expuestos a pérdidas de valor, acotó.

Nivel de preparación
Sin embargo, el nivel de preparación no es homogéneo, mencionó Tanaka. Las grandes empresas cuentan con mayores herramientas para anticipar daños, como sistemas de gestión de riesgo, acceso a seguros y capacidad para realizar proyecciones financieras más complejas.
En contraste, las empresas medianas y pequeñas enfrentan mayores dificultades para introducir planes de contingencia.
“Muchas de ellas dependen del comportamiento del entorno y suelen reaccionar cuando el impacto ya se ha materializado, lo que incrementa su vulnerabilidad frente a eventos extremos”, advirtió.
Zaldívar señaló que muchas firmas buscan negociar mayores líneas de crédito con proveedores para aumentar inventarios y garantizar la continuidad de sus operaciones.
Además, evalúan la contratación de seguros multirriesgo, aunque hacerlo cuando la amenaza climática ya es inminente suele implicar primas más elevadas, sostuvo.
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Economista de la Universidad de Piura. Actualmente se desempeña como redactor de Finanzas en Diario Gestión.







