
No avanzar en innovación le pasó factura al Perú. En 2025, el país se ubicó en el puesto 80 del Índice Global de Innovación y descendió al 91 en resultados. La caída es clara frente al 2024, cuando ocupaba el puesto 75 y alcanzaba la posición 85 en resultados, reflejando una brecha persistente: aunque se generan ideas y emprendimientos, estos no logran traducirse en nuevos mercados ni en industrias de mayor valor agregado. ¿Qué se espera para este año?
Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina mantiene bajos niveles de innovación empresarial, lo que impacta directamente en la competitividad. En el caso peruano, el rezago se hace más evidente en sectores donde, pese al crecimiento de iniciativas tecnológicas, no se consolidan modelos de negocio escalables.
Para Giulio Marchena, profesor e investigador de Centrum PUCP, el problema no radica en la falta de ideas, sino en la capacidad de convertirlas en crecimiento económico. “Hoy el país tiene talento y acceso a tecnología, pero eso no se está convirtiendo en soluciones que escalen ni en mejoras sostenidas de productividad”, sostiene.

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¿Dónde se rompe la cadena?
Marchena identifica tres puntos críticos en los que el Perú pierde valor en el proceso de innovación:
- Validación comercial: muchas ideas no se prueban en el mercado real.
- Financiamiento para escalar: más del 80% de empresas dependen de recursos propios, lo que limita su crecimiento.
- Ejecución empresarial: falta capacidad para transformar innovación en productos competitivos.
“El país se queda en la fase de emprendimiento inicial, pero no logra dar el salto a empresas que crean industria”, menciona en entrevista a Gestión.
Esta desconexión también se refleja en los indicadores. Aunque el Perú muestra un mejor desempeño en insumos de innovación, cae significativamente en resultados, lo que evidencia dificultades para traducir capacidades en patentes, tecnologías o nuevos negocios.
Innovación sin escala
A diferencia de economías como Corea del Sur, Israel o Finlandia, donde la innovación está articulada entre universidad, empresa y Estado, en Perú los esfuerzos permanecen fragmentados. Además, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) es significativamente menor: entre 0.16% del PBI frente al 2%–4% de países líderes.
En ese contexto, Marchena advierte que uno de los principales errores es concebir la innovación como un proyecto aislado y no como un proceso orientado a la escalabilidad. “Se pierde el enfoque en objetivos concretos. Se debe considerar los objetivos concretos que persigue, métricas que evidencien el impacto de la innovación y estrategias para conseguir inversión para seguir escalando la innovación efectuada”, explica.
El cuello de botella: la comercialización
Desde la experiencia práctica, Jorge Conde, director del Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad de Lima, coincide en que el mayor problema no está en la generación de ideas, sino en su llegada al mercado.
“La mayor fricción ocurre en la etapa de comercialización”, señala. Según detalla, entre el 70% y 80% de proyectos logran avanzar hasta prototipos o MVP, pero solo un 20% consigue sus primeras ventas y apenas el 10% alcanza ventas recurrentes que aseguren sostenibilidad.
Este fenómeno se da en un contexto donde el 22% de la población adulta está involucrada en emprendimientos tempranos, según el Global Entrepreneurship Monitor de Perú. Sin embargo, el desafío es convertir esas iniciativas en tracción real.
Errores estructurales
Conde identifica dos fallas recurrentes en los emprendedores peruanos:
- Falta de enfoque en el cliente: entre 60% y 70% de proyectos no validan adecuadamente las necesidades del mercado.
- Sobreinversión temprana: hasta el 40% del presupuesto inicial se destina al desarrollo tecnológico antes de validar la demanda.
A esto se suma una débil aplicación de metodologías de validación. Aunque herramientas como Lean Startup o Design Thinking son conocidas, solo entre el 10% y 15% de emprendedores las aplica con rigurosidad.
Innovación aspiracional vs. necesaria
Otro problema es la desconexión entre lo que se innova y lo que el país realmente necesita. De acuerdo con Conde, entre el 70% y 80% de las principales startups se concentran en sectores como fintech, e-commerce o edtech, muchas veces por tendencia global más que por demanda local.
“Estamos en un espacio de innovación aspiracional versus innovación necesaria”, advierte.
En contraste, sectores como agro, logística o salud —donde el Perú tiene ventajas competitivas— presentan menores niveles de innovación, pese a su potencial para generar valor.

Las condiciones para escalar
Ambos especialistas coinciden en que transformar la innovación en crecimiento económico requiere un cambio estructural en la gestión. Entre las condiciones clave, Giulio Marchena destaca:
- Mercado validado.
- Acceso a financiamiento.
- Capacidad de gestión empresarial.
- Entorno regulatorio ágil.
- Redes y alianzas.
Asimismo, es fundamental articular a la universidad, la empresa y el Estado, fortalecer la investigación aplicada y facilitar la adopción tecnológica en el sector productivo.
Desde la academia, el rol también debe evolucionar. “Las universidades deben pasar de formar profesionales a crear soluciones con impacto real, integrando a las empresas desde el principio”, señala.
Por su parte, Conde enfatiza la importancia de conectar emprendimientos con corporativos, redes internacionales y capital, además de trabajar sobre problemas país que aseguren demanda.
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2026, entre el estancamiento y una recuperación gradual
De cara al 2026, el panorama para la innovación en el Perú apunta a una “continuidad del estancamiento e incluso a un leve deterioro en el corto plazo”. Según Giulio Marchena, esto responde en parte a la inercia institucional que arrastra el país. No obstante, existe una posibilidad de recuperación progresiva si se activan políticas como la implementación de la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) al 2030, orientada a elevar la inversión y la productividad.
El contexto político también jugará un rol determinante. El ciclo electoral y la incertidumbre asociada podrían impactar la innovación a través de tres canales. “Por la inversión privada que tiende a postergarse en estos contextos; por el gasto público en innovación que tiende a desacelerarse o fragmentarse por cambios de prioridades; y por empresas que decicen priorizar eficiencia operativa antes que innovación cuando el entorno es incierto”, remarca el especialista.
En el plano regional, el riesgo es que la brecha del Perú frente a países como Chile, Brasil o México se amplíe. Sin embargo, Marchena advierte que existe margen para revertir esta tendencia si se logra canalizar la fuerza emprendedora bajo condiciones más favorables, como mayor inversión en I+D, estabilidad regulatoria y políticas públicas que impulsen —en lugar de frenar— la innovación empresarial.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.







