
¿Qué peruano no ha pensado alguna vez que Bata era una marca local? En su momento, incluso, la llamaron “el zapato de todos los peruanos”. Aunque su origen está en Zlín, en la entonces Checoslovaquia (hoy República Checa), la compañía terminó por adoptar rasgos profundamente peruanos desde su llegada en 1939. Su estrategia inicial incluyó la operación de fábricas en el Callao, Vitarte y Huarochirí, empleando a miles de trabajadores. Hoy, sin embargo, su modelo de negocio ha dado un giro total. ¿Cómo lo ha logrado?
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El modelo de Bata: sus inicios
Los hermanos Baťa heredaron de su padre el arte de la zapatería, él fue quien puso una pequeña empresa en su natal Checoslovaquia. Para 1894 ya habían logrado hacerse un espacio en el mercado, fundando oficialmente la empresa. Pero no fue hasta que Tomáš Baťa viajó a Estados Unidos en 1905 que la compañía dio su salto más importante.
En Estados Unidos, Tomás aprendió el sistema de producción en cadena —inspirado en las fábricas tipo Ford— y lo adaptó a su negocio de zapatos. El resultado fue una revolución: la clave estaba en controlar toda la producción: fabricar a gran escala, reducir costos y democratizar el acceso al calzado a través del precio. Así, lograron vender más de 6,000 pares de zapatos diarios al finalizar la segunda guerra mundial. Sin embargo, las crisis de esos años los condujo al exilio.
Los hermanos Tomás trajeron su modelo a Sudamérica. En Perú, incorporaron la producción integrada; tuvieron tres fábricas (dos de cuero y una de zapatillas), lo que les permitió controlar costos y escala; además, lograron tener una red de tiendas en ciudades clave del país, obteniendo distribución directa; y mantuvieron un precio accesible gracias al alto volumen que vendían.

En sus primeras décadas, Bata llegó a operar más de 140 tiendas y a emplear a más de 2,500 personas. En total, reportan algunos medios, lograron producir 4 millones de pares de zapatos al año.
Otra clave de su éxito en esos años es que supo segmentar su oferta con precisión: cuando llegó a Perú introdujo su línea Bata, Bata Rímac y Bata Feria. El primero (Bata), tenía tiendas solo en las zonas más acomodadas de la capital; el segundo, estaba en casi todas las provincias y ofrecía zapato escolar y calzado para hombres y mujeres; y el tercero, era más especializado en zapatillas. Así es como Bata logró posicionarse como “el zapato de todos los peruanos”, sin importar el nivel socioeconómico, llegó a todos lados con la misma calidad y precio.
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De gran fábrica a su venta en Perú
Durante buena parte del siglo XX, Bata fue una empresa manufacturera con alma de retailer. Controlaba toda la cadena: diseño, producción, distribución y venta. Esa integración vertical le dio una ventaja clave frente a un mercado fragmentado y todavía artesanal.
Sin embargo, el contexto económico de los años 80 y 90 —marcado por crisis social y económica, apertura comercial y violencia interna— obligó a la empresa a tomar decisiones. Una de ellas, por ejemplo, fue la venta de la marca Tigre en los años noventa, en medio de ajustes financieros. Otra, más profunda, fue el replanteamiento de su estructura productiva.

Y es que a la par, a nivel global, la compañía también sufría un revés. El nieto, la tercera generación al mando de la compañía, “carecía del conocimiento suficiente para la gestión empresarial” llevándola a una crisis, narra en su Caso de Estudio, María del Pilar Benavides Alfaro, quien en su investigación también afirma que la situación en Perú se había complicado debido a las deudas. “Bata fue vendida en 1992 por menos de un dólar a inversionistas peruanos y chilenos”, asegura.
El giro de Bata: menos cuero, más tienda
Con el mundo transformándose y la globalización trasladando la producción hacia Asia, Bata decidió adaptarse al nuevo escenario.
Hoy, la empresa que alguna vez fue un gigante industrial en el Perú opera principalmente como un retailer. La producción local no ha desaparecido del todo —especialmente en calzado de cuero—, pero la mayor parte de su oferta proviene del exterior. En 2024, cerca del 85% de los productos que comercializaba en el país eran importados, principalmente desde Asia.
Este giro responde, claramente, a cambios estructurales en la industria. Actualmente, cerca del 80% del calzado mundial se produce en Asia (principalmente China, Vietnam y Tailandia), lo que ha reducido significativamente los costos. A eso se suma que, en 2024, ingresaron al Perú US$800 millones en zapatillas provenientes del Asia.
Justamente, Bata está destinando buena parte de sus inversiones a posicionar sus marcas propias, como North Star y Power. Ya en 2021, la compañía proyectaba que el segmento de zapatillas representaría cerca del 50% de sus ventas. A ello se suma la incorporación de marcas internacionales como Adidas o Puma dentro de su oferta.
Pero pese a todos los cambios, hay algo que no ha variado: su propuesta de valor. La empresa optó, incluso cuando el Perú recién salía de la crisis de la pandemia, por ajustar márgenes antes que elevar precios. En 2023, anunció una ampliación de su portafolio para ofrecer opciones entre 5% y 10% más económicas, sin sacrificar calidad. La lógica es la misma de hace más de un siglo: vender más, a más personas. Esa estrategia explica su vigencia.
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Un consumidor que cambió y una marca que también
Barranzuela dice a G de Gestión que hay tres fortalezas clave en el modelo actual de Bata:
- Propuesta de precio accesible: La importación permite mantener precios competitivos, manteniendo su posicionamiento histórico de “valor por dinero”.
- Experiencia de compra y red de tiendas: Bata ha desarrollado una red de tiendas superior a la de varios competidores. Incluso ya agotó espacios en los centros comerciales y ahora solo le queda crecer con tiendas puerta a calle. Al cierre de 2025, la compañía operaba alrededor de 270 tiendas en el Perú (tiene más áreas arrendadas que cualquier otra cadena de zapatería) y proyecta abrir 25 más en 2026.
- Diversificación de marcas: Bata ha dejado de ser solo una marca de zapatos para convertirse en una tienda multimarca. Esto le permite competir en distintos segmentos y no depender de una sola propuesta. Hoy tiene sus marcas propias: Power (deportiva) y North Star (casual); y marcas internacionales.
Pero la marca aun tiene retos. Una de ellas, reposicionarse entre el público juvenil. Y es que durante años, Bata fue sinónimo de zapato escolar. Lo cierto, es que desde 2022, la marca ha remodelado decenas de locales para alinearlos con su nuevo concepto global, mientras que campañas como Make Your Way buscan actualizar su posicionamiento hacia una marca más vinculada al estilo y la autoexpresión.
José Ruidías, profesor de Pacífico Bussines School, también plantea otro desafío para una marca como Bata. Según su análisis, las marcas tradicionales enfrentan un dilema estructural. Si deciden mantenerse en su posicionamiento histórico, pueden consolidarse en un segmento —principalmente consumidores mayores de 40 años—, pero ese mercado es más reducido.
“Por el contrario, el mayor tamaño del mercado está en los consumidores más jóvenes, quienes buscan innovación, tendencia y diseño. Sin embargo, para este público, marcas como Bata pueden ser percibidas todavía como “old fashion”, alejadas de los códigos actuales de consumo", dice. Aunque Bata tiene marcas propias como Power y North Star, estas aún no han alcanzado el nivel aspiracional de competidores como Bruno Ferrini o Hush Puppies. ¿Podrá volverlas deseadas?
G de Gestión se comunicó con Bata Perú para incluir comentarios sobre este artículo, sin embargo, al cierre de esta edición no tuvo respuesta.

Coordinadora en la revista G de Gestión e integrante del podcast de economía y negocios 'Actualidad Latinoamericana'. Escribo sobre management, agricultura, tecnología y emprendimientos. Bachiller en Periodismo por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Activa participante de los cursos del Centro Knight para el Periodismo en las Américas.

Periodista. Hoy escribo para la sección negocios en el diario Gestión del Grupo El Comercio. Antes en RPP Noticias, diario El Comercio y La República.










