
Enrique Castillo, periodista y analista político
Es claro que, hasta el momento, ningún candidato o candidata a la Presidencia tiene una propuesta concreta, clara, convincente y bien expuesta sobre la lucha contra la criminalidad. Es más, se puede agregar que ningún candidato o candidata tiene una propuesta concreta, clara, convincente y bien expuesta sobre algo.
Esa es la razón por la que las encuestas nos muestran cada mes que hay un 50% de electores que todavía están esperando que aparezca un rostro nuevo con una propuesta disruptiva y audaz, verosímil y posible, que capture su atención.
Ni en la derecha ni en la izquierda, ni entre los moderados ni entre los llamados radicales, existe hasta ahora, para los electores, alguien cuya propuesta o discurso les llegue, les simpatice y les dé confianza. Esa es una de las razones, también, por las cuales en las encuestas las cifras de intención de voto estén muy por debajo del 10% (salvo un caso, que llega al 11% o 12%, con mucho esfuerzo).
Ya pisamos febrero y vemos cómo cada postulante se alegra de ver cómo su intención de voto sube 0.8% o 1%, y dice no creer en las encuestas cuando baja en cifras similares. El “pelotón” más grande de postulantes lo integran aquellos que están en «otros», y les siguen los ubicados entre el 5% y el 1%; apenas dos se distancian, ubicándose en 11% y 7%, en promedio.
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No aparece el Nayib Bukele peruano, ni el Javier Milei o el Donald Trump. Lo que tenemos son intentos de copia que fracasan en el camino, o figuras que toman, de manera aislada y un poco desordenada e improvisada, las principales ideas, planteamientos o acciones de cualquiera de ellos. La población se da cuenta de que ninguno de esos intentos es genuino y que nadie muestra, todavía, ni el liderazgo, ni la capacidad de decisión, ni las medidas concretas que puedan ser aceptadas y preferidas.

Aunque no es candidato a nada, y quizás le hubiera ido mejor siéndolo, uno de los más notorios fracasos en la imitación de Bukele ha sido José Jerí. Él y sus “estrategas” nos quisieron vender una imagen a la que la población prestó mucha atención rápidamente y a la que se adhirió, pero que se desdibujó rápidamente, precisamente por falta de consistencia y de una base algo sólida. El resultado es que, pasados tres meses, ni siquiera ha podido presentar el plan prometido.
Ni siquiera los generales que postulan a la Presidencia han logrado, todavía, captar la atención de los electores o lograr que alguien les “compre” sus propuestas (¿?). Lamentablemente para ellos, o están en el 1% o no salen del rubro “otros”. Y es que no basta ser general para tratar de representar la opción de la “mano dura”. Se requiere de otras habilidades y de otras cualidades. No cualquier general puede pretender ser Bukele o cualquier economista Milei. “Lo que natura no da, Salamanca no lo presta”, nos lo recuerda un viejo dicho.
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Hoy vemos que, en lugar de afinar sus propuestas dirigidas a lo que la población realmente quiere y necesita; en vez de preparar aquellas ideas y frases que sean atractivas y disruptivas para ser repetidas en toda oportunidad que se tenga; en lugar de decirnos que quieren ofrecer en 40 caracteres o en frases lanzadas como dardos en Tik Tok; quienes aspiran a la Presidencia prefieren discursos desordenados en presentaciones, respuestas altisonantes pero sin un objetivo claro en cada entrevista, ataques a sus adversarios que tienen el mismo 1% que ellos, o las “recetas” de siempre: las “visitas a los cerros”, los bailes en cada esquina, o las escenas comiendo chicharrones o anticuchos, todo eso tratando de mostrar lo que no son, y creyendo que la población les cree.
Cuando hay 32 candidatos/as peleando por un 0.5% o un 1%, casi una limosna, no aparece, todavía, ninguno que quiera distinguirse, que quiera ser diferente, que tenga las agallas para dejar de formar parte del pelotón y dejar de hacer lo que todos hacen, que busque su propio camino. Eso hicieron quienes, en un pasado no muy lejano, captaban, a estas alturas, un 15%, un 20% o un 25% de intención de voto. Claro: eran verdaderos políticos, con fuego en la boca del estómago y con ganas de ganar la Presidencia.
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Y no se trata de que ahora hay 32 candidatos y antes no. Se trata de tener un plan nuevo, distinto, audaz, que se muestre radicalmente diferente a lo que hacen los demás. Antes no había redes sociales, ni la inmediatez que hay ahora con un celular en la mano. Antes había que llenar plazas y recorrer el país, pero una frase definía al candidato o la candidata, y con una propuesta bien planteada se marcaba la diferencia. Lo mismo que han hecho hoy Bukele, Milei y Trump.
El problema es que nuestros candidatos/as no hacen su tarea, ni siquiera en estos tiempos de inteligencia artificial, si es que la propia no funciona.








