Muchos libros lo sostienen: la altura suele ser un factor determinante en la producción de . La diferencia de temperatura entre el día y la noche favorece la maduración de los racimos y, por ende, la concentración del color y del sabor. En el mundo, lugares como Salta en Argentina, o Tarija en Bolivia son buenos ejemplos. Y Perú tiene lo suyo.

Arequipa, Moquegua y Tacna cuentan con una tradición vitivinícola probada. Y aunque los registros históricos indican que, no fue hasta hace algunos años cuando el terroir andino ha entregado algunos de los vinos más interesantes del país.

Según Lucio Accacuntor, experimentado agricultor del (Cusco), sus primeros recuerdos de la viticultura en la zona se remontan a los años sesenta, cuando estudiaba en un colegio de Urubamba.

“En esa época ya había viñedos plantados en la zona de Tarabamba, cerca de las salineras”, recuerda.

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Wayocari y la nueva historia

“Cuando mi papá compró el terreno y le contó al antiguo propietario que quería dedicarse a la viticultura, este le respondió que estaba loco y que no funcionaría porque nadie lo había hecho antes. Solo sembraban papa, choclo y camote. Muchos soñaban con hacer vino en el valle Sagrado, pero ninguno había asumido ese riesgo por lo complejo y costoso que era”, cuenta Mauricio del Campo.

Junto con su padre, Carlos del Campo, han logrado producir dos cosechas de un vino elaborado íntegramente con Tannat que ha sorprendido por su calidad.

Desde la presentación de la primera añada, en 2022, el vino ha mostrado con claridad el carácter del valle: un suelo arcilloso pedregoso, ubicado cerca del río, alimentado con agua que baja del deshielo por los antiguos canales. Quizás el mayor riesgo ha sido la lluvia; ya que suele caer en el momento de la vendimia. Por eso, han tenido que adaptar el ciclo de la planta y podar con anticipación.

“El terroir de Wayocari es bendito porque reúne una serie de características que lo hacen tan único como exquisito. La amplitud térmica, llega a 30 grados durante el día y desciende hasta menos tres grados en la noche. A eso se suma una intensa radiación solar, agua de manantial proveniente de los deshielos y el lujo de poder cuidar cada planta de manera manual”, explica Mauricio.

Actualmente cultivan principalmente Tannat y . A estas variedades se han sumado Petit Verdot y Gewürztraminer, una cepa blanca típica de Alsacia que recién empieza a desarrollarse y cuyos primeros frutos esperan obtener en unos tres años.

La familia ya construyó su propia bodega y hoy termina de comercializar la cosecha 2023, mientras se prepara para embotellar la añada 2024, que incorporará un nuevo blend de Tannat y Malbec, además del Tannat varietal.

La personalidad de estos vinos está marcada por la textura que aporta el suelo: una expresión frutal acompañada de una interesante sensación mineral y salina.

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Apu Winery, la conquista de Apurímac

Cuando Fernando Gonzales adquirió un terreno en Curahuasi (Apurímac), a unas dos horas por carretera del, en 2011, lo hizo con el sueño de producir un gran vino de altura.

Quince años después, ese sueño no solo se hizo realidad, sino que continúa creciendo. Su producción sigue siendo reducida, lo que convierte a sus vinos en etiquetas muy exclusivas. Gran parte de ellas se destinan al restaurante Central.

“Ha sido una experiencia de muchísimo aprendizaje. Estos suelos y este clima tan particular nos han dado resultados extraordinarios. El mayor reto está en la parte agrícola. Estamos a 2,850 metros sobre el nivel del mar y la selva está apenas a 50 kilómetros. Eso nos da un clima muy especial: días cálidos, con mucho sol, y noches frías, entre 5 y 16 grados, pero sin llegar a las heladas”, explica Gonzales.

Fernando tiene uno de los mejores Cabernet Sauvignon que he probado en Perú. Gracias al clima y el suelo, no es un vino especialmente fuerte ni tánico; y tiene semejanza al Sangiovese o el Syrah que toman mucho protagonismo en su viñedo. Acaba de plantar una parcela de Negra Criolla, cuyos resultados esperamos con ansias.

Vino peruano para rato

Para Pedro Cuenca, director de Perú Hace Vino, los diez años dedicados a promover el vino peruano mediante eventos, catas y el Salón del Vino Peruano han contribuido a dinamizar el desarrollo de la vitivinicultura nacional.

“Estas iniciativas han permitido que tanto aficionados como profesionales conozcan la enorme diversidad de vinos que hoy se producen en el Perú”, afirma.

También han fortalecido la presencia de estas etiquetas en restaurantes y tiendas especializadas, especialmente las de pequeños productores. La evolución es evidente. En la primera edición del Salón del Vino Peruano, realizada en 2017, participaron apenas seis bodegas de pequeña producción. Hoy ya son 17.

Para Cuenca, el principal desafío sigue siendo tecnológico: mejorar el equipamiento de las bodegas, incorporar sistemas de frío y acceder a asesoría enológica especializada.

“Existe una enorme oportunidad para desarrollar la vitivinicultura en las zonas andinas gracias a sus microclimas, los distintos pisos altitudinales y la complejidad de sus suelos, que permiten obtener vinos con mayor estructura y potencial de guarda. Es cierto que requieren inversiones importantes porque son zonas de difícil acceso, pero cuando las grandes bodegas comiencen a apostar por estos territorios, el panorama cambiará.”

Y aunque Cusco y la sierra peruana concentran hoy gran parte del interés, Cuenca considera que la costa todavía tiene mucho potencial por desarrollar. No solo Ica, sino también Arequipa, Cañete y Áncash vienen ampliando hectáreas cultivadas e incorporando nuevas variedades, consolidando así una vitivinicultura peruana cada vez más diversa.

Dato

  • La décima edición del Salón del Vino Peruano se llevará a cabo hasta este 18 de julio de 2026 en el Hotel Sonesta El Olivar en San Isidro. El evento reune a más de 30 bodegas y 280 etiquetas de diversas regiones productoras del país.
SOBRE EL AUTOR

Blend de orígenes entre Perú, Uruguay y Venezuela. Es periodista y sommelier. Estudió en Bordeaux, una de las cunas del vino, y trabajó en Italia con la familia Zonin; hasta que se instaló en Lima en 2013. Ha incursionado en diferentes áreas de la industria vitivinícola.

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