
América Latina posee gran parte de los “ingredientes” que hoy buscan las grandes potencias: recursos naturales, una ubicación estratégica y población joven. Sin embargo, convertir ese potencial en inversión y crecimiento sostenido depende de algo menos tangible.
En detalle, para atraer capital no basta con tener qué vender, también importa ofrecer seguridad jurídica, determinaron dos expresidentes de la región durante el McKinsey Forum Perú 2026.

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El nuevo orden mundial
Felipe Calderón, exmandatario de México, y Álvaro Uribe, expresidente de Colombia, plantearon la necesidad de gestionar una nueva realidad geopolítica caracterizada por la competencia entre Estados Unidos y China.
Calderón explicó que la potencia norteamericana está pasando de un orden internacional basado en reglas hacia uno basado en el poder y las zonas de influencia. Por ello, considera a América Latina como su área de influencia natural.
Dado el panorama, advirtió que la alta dependencia comercial de nuestra región con China ya no representa un activo seguro en la coyuntura. Enfatizó así que el objetivo debe ser equilibrar la balanza y diversificar el comercio. Es decir, reconocer la presencia del “nuevo Estados Unidos” sin sometimiento, pero tampoco ignorar su peso económico y político.
Uribe, al respecto, valoró la renovada preocupación del país que lidera Donald Trump por la seguridad regional a través de apoyos específicos a países como Ecuador o Colombia para enfrentar al crimen organizado, aun así reconoció que Estados Unidos busca cerrarle las puertas, por ejemplo en Venezuela, a la presencia de China y Rusia.

Estado de derecho e inversión
Frente a la reconfiguración mundial, la misión de América Latina para cuidar su atractivo, el mismo que posee gracias a sus recursos, es corregir sus puntos débiles de cara a las futuras “inyecciones” económicas internacionales.
Calderón subrayó que el fragmentado Estado de derecho y de certeza jurídica es el principal obstáculo para la inversión en este lado del continente. “Nuestro gran talón de Aquiles en América Latina es la falta de Estado de derecho. [...] [Esta variable explica] más de 3% por año de diferencia de crecimiento económico entre los países que cumplen con la ley y los que no”, indicó.
“No es cuando seamos ricos que vamos a tener instituciones y legalidad de primer mundo. [...] O construimos ahora la legalidad del tipo de países que queremos o nunca vamos a salir de la mediocridad ni de los pretextos”, agregó. En esa línea, rechazó que la ilegalidad sea un rasgo del imaginario geográfico. “No es un problema cultural. No es como alguien dijo: ‘Así somos los latinoamericanos’. No”.
Recordó, además, cómo la modificación de la Suprema Corte de Justicia bajo la administración de Manuel López Obrador, en tamaño y método de selección, eliminó el factor de imparcialidad. “¿En qué se traduce eso para un inversionista? No hay ninguna garantía de que la inversión va a ser protegida por el Poder Judicial", remarcó.
A su turno, Uribe sostuvo que las garantías de estabilidad se evidencian cuando las reglas de juego sobreviven a los periodos cortos de los gobiernos y se destruyen cuando conviven discursos opuestos en un mismo país; por ejemplo, convocar a la inversión y, por el otro, amenazar con expropiarla.
Por su parte, Andrés Cadena, socio senior en Bogotá de McKinsey & Company y moderador del panel, catalogó el Estado de derecho y la seguridad como la “piedra fundamental” y trajo a colación que entre el 80% y 85% de la inversión en la región es privada, por lo que los empresarios solo arriesgan capital cuando existe un marco institucional que les garantiza recuperar su inversión.

¿Qué le toca hacer a Perú?
Calderón destacó que Perú, junto con Chile, posee cerca del 40% del cobre mundial, además de oro y minerales raros. Expresó que esto coloca al país en una posición envidiable para participar en las nuevas cadenas tecnológicas globales de energía.
Pese a ello, cuestionó la narrativa de que el Perú puede resistir indefinidamente las crisis políticas sin afectar su economía. Aunque en el pasado felicitó a los titulares del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) “por mantener la solidez frente a gobiernos con tentaciones marxistas”, las curvas de inversión ya muestran un deterioro leve pero constante debido a la inestabilidad institucional.
Puntualizó que Perú y Chile entendieron en su momento la importancia de la apertura comercial y la integración regional, por lo que instó al sector privado a liderar la revitalización de la Alianza del Pacífico.
El empresariado y la transformación de esquemas
Ante las altas tasas de jóvenes que no estudian ni trabajan (ninis), los antiguos jefes de Estado, propusieron transformar los esquemas educativos hacia programas tecnológicos de ciclos cortos y, sumado a ello, impulsar el emprendimiento.
Incluso Calderón llamó a los empresarios como “minoría selecta”, un concepto del filósofo José Ortega y Gasset, y les pidió no mirar la política desde lejos: “Entréguense a su país, sacrifíquense por el Perú, corran ese riesgo duro que es servir a los demás”, concluyó.

Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.







