
Durante muchos años, los directorios de las principales empresas se enfocaron en discutir indicadores financieros, inversiones, innovación o estrategia comercial. Pero ahora hay otro tema “que ocupa una porción creciente del tiempo dedicado a la estrategia empresarial” y que tiene impacto en los dividendos de los accionistas, dice José María Beneyto, profesor visitante de la Universidad de Harvard.
Beneyto, quien ha asesorado a varias empresas alrededor del mundo, indica que las compañías habían tratado la geopolítica como un “ruido externo”, pero ahora, anota, es el factor que influye directamente en las decisiones de inversión, expansión, financiamiento y desarrollo de nuevos negocios.
El análisis del también autor de libros como '¿Guerra o paz?’ y ‘Los elementos del mundo’, es que estamos atravesando una transición hacia un nuevo orden internacional en el que la rivalidad entre Estados Unidos y China ya no se limita a lo comercial, sino que se extiende a la tecnología, los recursos estratégicos, los datos, el espacio y las cadenas globales de suministro. En ese escenario, anota, la geopolítica se ha convertido en una variable que redefine la estrategia empresarial.
“Cada vez más, estas discusiones llegan al directorio y al comité ejecutivo porque la geopolítica ocupa una porción creciente del tiempo dedicado a la estrategia”, resalta.

Durante su exposición en la Asamblea anual Alumni-PAD 2026, explicó que China considera agotado el orden internacional construido bajo el liderazgo de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial y busca recuperar un papel central en la economía y la política mundial. Sin embargo, aclaró que ello no implica necesariamente el fin de la hegemonía estadounidense, sino el inicio de un largo período de transición, similar a otros cambios de poder que ha experimentado la historia. “No estamos asistiendo al reemplazo inmediato de una potencia por otra, sino a la pérdida de un marco de referencia que durante décadas dio estabilidad al comercio y a las inversiones”, resumió.
Esa transformación, advirtió, ya tiene consecuencias concretas para las empresas. La competencia entre potencias está fragmentando mercados, modificando las cadenas de suministro, impulsando restricciones a las exportaciones de tecnología y obligando a las compañías a incorporar nuevas variables en sus decisiones de inversión y expansión.
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Herramientas para abordar el factor geopolítico
Según Beneyto, cualquier empresa con cadenas internacionales de suministro, operaciones de exportación o exposición a mercados externos necesita incorporar la geopolítica dentro de su planeamiento estratégico.
Eso implica analizar variables que antes apenas aparecían en las reuniones del directorio: sanciones económicas, restricciones a las exportaciones, cambios regulatorios, conflictos comerciales, dependencia o alta exposición de determinados bloques comerciales, vulnerabilidad logística o seguridad de los datos.
Para enfrentar este escenario, el especialista recomendó utilizar herramientas que ya vienen aplicándose en compañías de distintos países, como mapas dinámicos de riesgo, análisis de escenarios, simulaciones de crisis, sistemas de alerta temprana (early warning systems), matrices de exposición geopolítica y reportes periódicos para la alta dirección.

Las preguntas que deberían hacerse los directorios
Esto es clave. Más que intentar predecir el futuro, Beneyto plantea fortalecer la capacidad de anticipación de las empresas. En ese sentido, sugirió que los directorios incorporen de manera permanente preguntas como:
- ¿Qué evento geopolítico podría afectar más nuestro negocio en los próximos tres, seis o doce meses?
- ¿Existe una dependencia crítica de un país, proveedor o bloque económico?
- ¿Qué decisiones estratégicas cambiarían si el mundo se fragmenta aún más?
- ¿Estamos confundiendo correlación con causalidad cuando evaluamos los riesgos?
“Este análisis ya empieza a introducirse en algunas empresas, pero todavía merece mucha más reflexión”, sostuvo.
¿Impacto en los accionistas?
La incorporación del riesgo geopolítico puede alterar decisiones tradicionalmente reservadas a los accionistas, especialmente en empresas familiares, resalta el profesor.
Beneyto planteó, por ejemplo, el dilema entre distribuir dividendos o destinar mayores recursos a inversiones estratégicas. En un contexto de creciente competencia tecnológica y fragmentación del comercio global, sostuvo que algunos directorios podrían verse obligados a suspender temporalmente el reparto de utilidades para priorizar inversiones en infraestructura digital, ciberseguridad o nuevas capacidades tecnológicas.
“Las familias suelen esperar dividendos regulares. Pero la estrategia puede exigir un CAPEX importante. El desafío será cómo explicar a los accionistas que es necesario suspender dividendos durante un periodo para invertir en tecnología clave y fortalecer la soberanía tecnológica de la empresa”, explicó.
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El análisis según el tipo de industria
La exposición geopolítica tampoco es igual para todos los sectores. El profesor visitante de la Universidad de Harvard compartió algunos apuntes:
En energía, por ejemplo, el foco estaría en la dependencia de recursos estratégicos, las sanciones internacionales, la transición energética y la volatilidad de los precios, lo que obliga a revisar proveedores y diversificar geografías.
En banca, cobran relevancia las decisiones de los bancos centrales, la fragmentación del sistema financiero internacional, las sanciones y el riesgo de contagio entre mercados.
Las empresas tecnológicas deben enfrentar la competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial y semiconductores, además de restricciones a la exportación, riesgos de ciberseguridad y debates sobre soberanía digital.
Para el agro, las principales amenazas provienen de la seguridad alimentaria, las restricciones comerciales, las exigencias ambientales —como los nuevos reglamentos europeos sobre trazabilidad y deforestación— y los efectos del cambio climático.
En minería, el desafío gira en torno a la competencia global por minerales críticos, la logística, el transporte y la seguridad del suministro.
“En cada sector es posible construir mapas analíticos para identificar qué riesgos pueden afectar al negocio, cuáles serían sus consecuencias y qué decisiones deberían tomarse”, explicó.
Un caso hipotético para empresas en Perú
Para ilustrar cómo cambia la discusión dentro de un directorio, Beneyto planteó el caso hipotético de un holding peruano con operaciones en minería, agroindustria, banca y logística, además de planes de expansión vinculados al puerto de Chancay.
¿Qué ocurriría si Estados Unidos endurece los aranceles, aumentan las tensiones alrededor de Chancay y la Unión Europea impone nuevas exigencias ambientales para importar productos agrícolas?
En ese escenario, señaló, el directorio ya no discutiría únicamente indicadores financieros. También tendría que decidir si mantiene integrada la unidad financiera pese al riesgo de contagio, cómo proteger el acceso al crédito internacional, si prioriza la eficiencia logística de la minería o preserva el acceso del agro al mercado estadounidense, e incluso cómo reorganizar el negocio frente a un mundo cada vez más fragmentado.
“Cada vez más empresas exportadoras, grupos con presencia internacional e incluso compañías que solo operan localmente estarán expuestas a decisiones que se toman fuera de sus fronteras con criterios geoestratégicos o geoeconómicos. Esto no existía hace algunos años; es un determinante completamente nuevo de la estrategia y probablemente todavía estamos lejos de comprender todo lo que significa”, reflexiona.

Coordinadora en la revista G de Gestión e integrante del podcast de economía y negocios 'Actualidad Latinoamericana'. Escribo sobre management, agricultura, tecnología y emprendimientos. Bachiller en Periodismo por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Activa participante de los cursos del Centro Knight para el Periodismo en las Américas.








