
El mundo laboral está marcado por la presión, hiperconectividad y alta competencia, lo que coloca al Perú como el país de la región con mayor agotamiento (burnout): 6 de cada 10 trabajadores lo experimenta. Ante este crítico panorama, las empresas suelen apostar por la aplicación de horarios de verano para aliviar la carga emocional en sus equipos, permitiendo que los viernes se salga más temprano.
Eduardo Solís, profesor de Liderazgo e Innovación de EPG de la UPC, comenta a Gestión que el horario de verano puede aliviar el burnout solo si se acompaña de un rediseño profundo del trabajo. Citando el piloto global de 4 Day Week, el burnout cayó 71% si las empresas repiensan sus procesos, prioridades y cultura.
“Si solo recortamos horas sin transformar cómo trabajamos, lo único que hacemos es comprimir la carga y trasladar el estrés a otros momentos. El horario de verano no es un antídoto en sí mismo: es un catalizador que funciona cuando hay liderazgo consciente y cambios estructurales”, señala.
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¿Cómo aplicar correctamente el horario de verano?
Solis recomienda:
- Revisar reuniones, carga laboral y estándares de comunicación. “La expectativa de responder fuera de horario incrementa el agotamiento y afecta la salud mental”.
- Madurez organizacional. Si no hay reglas claras de desconexión, el horario de verano concentra el trabajo en el celular. ¿El resultado? Personas en llamadas o videollamadas en centros comerciales, restaurantes y playas.

Maisa Mercado, CEO de Asertiva Consulting, señala que para evitar brechas entre oficinistas y personal de operación, se debe diseñar beneficios equivalentes aunque no idénticos: descansos rotativos, pausas extendidas, días libres, compensatorios.
“La clave es escuchar a operación, no imponer soluciones pensadas solo desde oficina”, refiere.
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Impacto emocional del horario de verano
Paola Chocano, Partner & Managing Director de Cornerstone Perú, menciona que recuperar el tiempo genera una sensación de autonomía “muy valiosa” en los talentos, particularmente, en temporada alta, como fin de año.
“Cuando todo es más demandante, tener ese espacio ayuda a desconectar y recargar energía y sentirse valorado por la empresa”, anota.
A su criterio, en dos o tres meses se puede percibir una gran diferencia en cómo se gestiona el cansancio acumulado. Si bien es una práctica incipiente en el Perú, algunos rubros como tecnología, consultoría o servicios profesionales ya la están explorando.
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Chocano considera que la aplicación de horarios de verano puede ser la antesala a una semana laboral reducida. Pilotos como “los viernes con salida anticipada” son una muestra.

Trabajadores más felices, ¿pero cómo proteger la productividad?
Mercado coincide en que la reducción de horas exige reestructurar el ritmo de trabajo, y para una eficiente ejecución, se debe implementar un piloto con métricas “y no por moda”.
Así, sostiene que la productividad con menos horas requiere:
- Menos reuniones
- Claridad de entregables en fondo y forma
- Ventanas de coordinación y bloques de concentración
- Automatización de tareas repetitivas
Sin estos requisitos, “la reducción de la jornada laboral solo comprime el estrés”.
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En tanto, Solis advierte que cuando el diseño del horario de verano “es pobre”, pueden presentarse comportamientos de supervivencia como posponer tareas, reprogramar reuniones fuera del horario o compensar en casa lo que no se pudo lograr en la oficina.
Loss especialistas concluyen que se requieren líderes capaces de comunicarse transversalmente y con la flexibilidad adecuada para no sentir como una amenaza el recorte de horas “con el mismo salario”. Según la evidencia internacional de 4 días laborales a la semana, más del 60% de empresas reportó igual o mayor productividad.

Periodista con más de 5 años de experiencia en la cobertura de coyuntura económica e informes especiales en prensa escrita y digital.








