El reciente Global Hunger Index 2025 reveló que ocho departamentos del Perú se encuentran en la escala de grave en la incidencia de hambre. Se trata de Pasco, Huancavelica, Loreto, Arequipa, La Libertad, Cajamarca y Puno, que principalmente son de la sierra.
Por lo contrario, solo un departamento del país registra una incidencia baja de hambre: Ica. Otro que se encuentra en la parte positiva de este ránking es Lambayeque.
“Las dinámicas asociadas al auge de la agroexportación (principalmente de cultivos no tradicionales como palta, uva y arándano, entre otros) probablemente han marcado pautas de progreso económico más inclusivo, que también se han traducido en mejoras de los indicadores alimentarios”, indicaron.

El resto de departamentos se ubica en el rango de moderado.
“El diagnóstico para 2024 se mantiene crítico, a pesar de la recuperación macroeconómica”, destacó el informe.
En esta misma línea, se apuntó que Huánuco, Puno, Cajamarca, La Libertad y Arequipa pasaron de una situación moderada (desde la pandemia) a una grave, sin lograr recuperarse.
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Asimismo, el reporte mostró que, si bien históricamente la costa era la región con mayor desarrollo, dejando rezagadas a la sierra y selva, la dinámica ha cambiado. Esto se debe, principalmente, a tres factores.
“La tendencia global al alza en los precios de los alimentos, la volatilidad de los combustibles y la mayor incidencia de fenómenos climáticos han obstaculizado los avances en la reducción del hambre, especialmente en los territorios urbanos, cuyo acceso a los alimentos depende casi exclusivamente de los ingresos monetarios”, apuntaron.
Precisamente sobre Lima Metropolitana, se resaltó que, desde el 2020, la situación alimentaria es “peor que la de la selva y demás territorios costeros”.

También se presentó que, en cuanto a las áreas de residencia, tanto urbana como rural, los resultados del año 2024 aún no alcanzan los niveles previos a la pandemia.
Escenario 2025
De acuerdo con el reporte, se espera que la recuperación macroeconómica, compuesta por el dinamismo del Producto Bruto Interno (PBU) y el Índice de Precios al Consumidor (IPC) durante el 2025, no resulte suficiente “para mejorar significativamente el bienestar alimentario de las familias, debido al deterioro acumulado por múltiples crisis (pandemia, inflación, clima, inseguridad)”.
Por un lado, el PBI marcó una expansión de 3.44% el año pasado; por el otro, la inflación fue de 1.5%, significando la tasa anual más baja en ocho años.
Así el panorama, el documento indicó que, partiendo de un GHI de 18.8 en 2024, el escenario optimista lo sitúa en 18.4, el moderado en 18.6 y el pesimista en 18.7. “En cualquier caso, el nivel de hambre se mantendrá como uno de los peores desde 2010”, resaltaron.
“Se estima una mejora leve, pero no significativa. En el área rural, el impacto no fue tan drástico gracias a la producción agropecuaria propia, pero la volatilidad del clima y del precio del petróleo amenazan esta resiliencia”, complementaron.
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