
Tras cerrar un primer trimestre con resultados positivos, Compañía de Minas Buenaventura mantiene perspectivas favorables para el desarrollo de su cartera de proyectos extractivos en el norte del país. Roque Benavides, presidente del directorio de Buenaventura, detalló a Gestión los avances de las iniciativas que la empresa impulsa en Cajamarca y Piura, en un escenario marcado por el alza en los precios de los metales como el oro, la plata, el zinc y, especialmente, el cobre, cuyo valor registró un incremento de 47% durante el primer trimestre.
En detalle, subrayó que la compañía viene enfocándose en la transición de algunos yacimientos auríferos hacia proyectos cupríferos en Cajamarca. “Tenemos dos operaciones, La Zanja y Coimolache, que hemos explotado durante varios años por minerales de oro y que hoy están entrando en una etapa de transición hacia minerales de cobre”, señaló.
Según indicó, este comportamiento geológico es frecuente en el norte del país. “Muchos de los yacimientos de oro del norte del Perú terminan, en las zonas más profundas, convirtiéndose en yacimientos de cobre. Ese fue el caso de Yanacocha y también ocurre en Coimolache y La Zanja”, comentó.
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En el caso de Coimolache, el avance se desarrolla a través del proyecto Coimolache Sulfuros, un yacimiento de cobre ubicado debajo de la actual operación de óxidos de oro y que la empresa perfila como su futura operación cuprífera. Actualmente, la mina —ubicada cerca de Hualgayoc— continúa operando con extracción de oro mediante lixiviación; sin embargo, Buenaventura ya evalúa el desarrollo de una nueva etapa enfocada en cobre.
“Estamos pensando en un proyecto de unas 20,000 toneladas por día con una planta de flotación que esperamos poner en producción en los próximos años”, afirmó. Sin embargo, aún no existe una fecha definida para el inicio de operaciones. “Los procesos en minería son de largo plazo y lo que necesitamos es, sin prisa, pero sin pausa, ir desarrollando los proyectos”, añadió.
Este yacimiento contiene cobre con arsénico, lo que implica mayores exigencias ambientales y tecnológicas. “Eso trae complicaciones porque tenemos que ver con el tema medioambiental y los procesos para tratar esos minerales”, acotó.
Por su parte, en La Zanja —proyecto 100% de Buenaventura ya que Coimolache es un joint venture en la que de Buenaventura con Southern Copper Corporation y ESPRO— se ha identificado mineralización de cobre, molibdeno y oro tipo pórfido. Tras culminar la fase de explotación aurífera, la compañía viene desarrollando estudios para impulsar un proyecto de sulfuros de cobre en la zona.
“A diferencia de Coimolache, aquí se trata de cobre limpio, sin arsénico. No tiene la misma magnitud, pero con los precios actuales del cobre estamos trabajando para ponerlo en valor”, sostuvo el alto directivo.
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El Algarrobo y la mirada sobre nuevas oportunidades
Otro de los proyectos que concentra la atención de Buenaventura es El Algarrobo (Piura), adjudicado a la compañía a través de una iniciativa privada presentada ante ProInversión. La iniciativa corresponde al denominado TG3 (Tambogrande 3), una anomalía minera ubicada en una zona donde históricamente ha existido resistencia a la actividad extractiva.
El proyecto hídrico-minero contempla el desarrollo de una operación subterránea polimetálica de cobre, zinc y plata, y forma parte de la estrategia de crecimiento de la compañía en el norte del país.
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“En Piura siempre hay mucha susceptibilidad por el tema minero y nosotros queremos demostrarle a la población que venimos con nuevas tecnologías y nuevos procesos”, remarcó Benavides. En esa línea, indicó que la empresa viene intensificando el trabajo de acercamiento con la población y las instituciones locales. “Estamos trabajando con las comunidades y acercándonos a las universidades de la zona para transmitir nuestro mensaje”, añadió.
El presidente de Buenaventura remarcó que la compañía apuesta por un proceso de “socialización” de los proyectos más que por el concepto de “licencia social”. “La licencia la da la autoridad, no necesariamente la comunidad. Lo que nosotros creemos es en socializar los proyectos y convencer a nuestros compatriotas de que se puede hacer minería responsable, con cuidado ambiental, respeto a las comunidades y generación de oportunidades”, sostuvo.
De acuerdo con estimaciones de la compañía, El Algarrobo demandaría una inversión inicial cercana a US$ 480 millones durante su etapa de construcción. Conforme avance el desarrollo del proyecto, las inversiones adicionales podrían elevar el monto total hasta US$ 759 millones. Asimismo, de entrar en operación, la inversión acumulada en gastos operativos durante los primeros 10 años de producción alcanzaría aproximadamente US$ 2,753 millones.
Consultado sobre una eventual expansión mediante adquisiciones, la máximo autoridad de Buenaventura señaló que la empresa se mantiene atenta a oportunidades dentro y fuera del país, aunque actualmente su prioridad está centrada en el Perú. “Cada vez que hemos salido al extranjero en búsqueda de proyectos, hemos encontrado mejores oportunidades en el Perú. El país ha sido bendecido con recursos naturales”, afirmó.
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El ejecutivo comentó que la minera participa activamente en encuentros internacionales, como la convención PDAC en Toronto, considerada una de las principales vitrinas globales de proyectos mineros. Sin embargo, precisó que por ahora no existen operaciones concretas en evaluación. “Siempre estamos atentos y en contacto con distintas empresas, pero hoy estamos enfocados esencialmente en nuestros proyectos del norte del país”, esbozó.
Entre ellos mencionó también a Trapiche, proyecto ubicado en Antabamba (Apurímac), donde la empresa avanza hacia una etapa más madura de desarrollo. “Estamos entrando al proceso de factibilidad. Aún seguimos en prefactibilidad, pero tenemos buenos indicios. No es un gran yacimiento, pero sí uno que estamos seguros será factible de desarrollar”, acotó.

Claves
- Trujillo: En paralelo al avance de sus proyectos, Roque Benavides destacó que uno de los principales espacios para debatir los desafíos del sector será el próximo Congreso Nacional de Minería (Conamin), que se realizará en Trujillo y reunirá a representantes de la industria minera del norte del país. “La idea es discutir la problemática minera en una región donde existe una fuerte presencia de minería informal, especialmente en zonas como Pataz, pero también integrar a toda la industria minera del norte”, explicó.
- Agenda minera: El presidente de Buenaventura adelantó que el encuentro abordará temas relacionados con el desarrollo de proyectos, innovación y tecnología minera, así como el vínculo entre la academia y el sector extractivo. “Vamos a tener expositores internacionales y nacionales, y también queremos transmitir un mensaje de integración entre la universidad y la industria, que es muy importante”, señaló.
- Retos pendientes: En ese contexto, Benavides consideró que uno de los principales desafíos para el próximo gobierno será enfrentar el avance de la minería ilegal y la informalidad. “El Perú tiene problemas estructurales como la corrupción, el centralismo y la inseguridad, pero también la informalidad”, afirmó.
- Exceso de trámites: Desde su perspectiva, parte del problema responde a la excesiva burocracia para operar formalmente. “La permisología —o permisomanía, como yo la llamo— le hace mucho daño al país. La informalidad es producto de lo complicado que es ser formal en el Perú”, sostuvo. El ejecutivo advirtió que esta sobrecarga de trámites termina afectando directamente el desarrollo de proyectos extractivos. Como ejemplo, indicó que mientras en Canadá un permiso de exploración puede obtenerse en apenas tres semanas, en el Perú el mismo proceso puede tardar más de un año.
- Múltiples autorizaciones: Benavides añadió que, a diferencia de años atrás, actualmente las empresas deben gestionar permisos ante diversas entidades del Estado. “Antes bastaba con acudir al Ministerio de Energía y Minas. Hoy también intervienen el Ministerio del Ambiente, Cultura, Economía, Agricultura, entre otros. Los procesos se han complicado muchísimo”, remarcó. En ese sentido, consideró que la simplificación administrativa debe convertirse en una prioridad nacional. “Necesitamos promover la simplificación porque eso permitiría formalizar la economía y acelerar las inversiones”, concluyó.

Licenciada en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza con 20 años de experiencia profesional. Laboró en medios de comunicación como TV Perú y Perú21. También ejerció en gremios como la SNMPE y SNI. Desde el 2016, es parte del diario Gestión.







