
La incertidumbre política y económica vuelve a mover el tablero empresarial en el Perú. En medio de un escenario electoral, más empresas están optando por vender activos, desprenderse de unidades de negocio o reordenar sus portafolios antes que apostar por expansiones agresivas.
Según el último informe EY CEO Outlook, publicado en enero del 2026, el 43% de los CEO en el Perú planea impulsar alguna operación transaccional en los próximos 12 meses, principalmente mediante fusiones, adquisiciones y procesos de desinversión. Además, el 30% tiene previsto concretar transacciones vinculadas a desinversiones.
Detrás de estas decisiones aparecen factores como el mayor riesgo país, el encarecimiento del financiamiento y la cautela de los inversionistas frente al panorama político local.
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Para Renzo Monroy, abogado corporativo y socio de Monroy & Shima Abogados, en escenarios preelectorales “el dinero se vuelve conservador”. Explica que los inversionistas incorporan una “prima de riesgo país” que afecta la valorización de proyectos de expansión, mientras que las tasas de interés todavía elevadas encarecen el financiamiento de adquisiciones agresivas.
“El resultado es que las TIR ya no cierran y muchas operaciones de crecimiento simplemente se posponen”, sostiene para Gestión.
A ello se suma una decisión estratégica de los directorios. Según Monroy, cuando el horizonte económico y político se vuelve incierto, las empresas prefieren “ordenar la casa” antes que asumir apuestas de expansión. Eso implica fortalecer caja, reducir apalancamiento y desprenderse de activos no estratégicos.
Empresas más cautas
Desde la teoría económica, la cautela empresarial tiene varias explicaciones. Sergio de la Piedra, docente de Macroeconomía de la Facultad de Economía de la Universidad de Lima, señala que uno de los principales conceptos es la teoría de opciones reales.
“Cuando el entorno es incierto, la intención de invertir se reduce y complica. Por ende, se sacrifica una opción de inversión porque se prefiere otra que ofrezca más información del futuro”, explica.
Otro elemento es la irreversibilidad de la inversión. Cuando una compañía destina recursos a maquinaria o activos fijos, revertir esa decisión puede ser costoso y complejo si las condiciones cambian.
A ello se suma el riesgo país, que encarece el financiamiento y reduce el valor esperado de los proyectos. Según el economista, estas variables han generado que las empresas “piensen dos veces” antes de invertir. “Desde 2021 hemos pasado por crisis y cambios políticos que han provocado una aversión a la inversión en el país”, refiere.
De la Piedra recuerda que las clasificadoras de riesgo han reflejado ese deterioro en la percepción sobre el Perú. Menciona, por ejemplo, la rebaja de la calificación por parte de S&P Global Ratings y el seguimiento que mantienen otras agencias como Moody’s Ratings.
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Venta de activos: estrategia defensiva y oportunidad
En este contexto, las desinversiones cumplen una doble función. Por un lado, son una medida defensiva para reducir exposición al riesgo y mejorar liquidez. Pero también pueden representar una reasignación eficiente de recursos.
“Las empresas suelen centrarse en su core business. Eliminan dependencias y carteras periféricas para concentrarse en el núcleo del negocio”, comenta De la Piedra.
Sin embargo, advierte que aunque esta estrategia puede ser positiva desde el punto de vista microeconómico, a nivel macroeconómico puede traducirse en menor producción y menor crecimiento.
La otra cara del fenómeno son las empresas que aprovechan el contexto para comprar activos o negocios a precios atractivos.
Monroy explica que muchas operaciones actuales se estructuran como compras de activos específicos y no como adquisiciones completas de empresas. Esto permite que el comprador “elija” qué adquiere y qué pasivos asume.
“La diferencia esencial es que en una compra de acciones el adquirente entra al pasivo histórico de la sociedad, incluyendo contingencias que aún no se han manifestado, mientras que en una compra de activos puede, en principio, “elegir” qué adquiere y qué pasivos asume“, explica.

Riesgos ocultos y contratos más blindados
El abogado advierte que un due diligence superficial puede generar problemas importantes para los compradores. Entre los principales riesgos menciona defectos de titularidad, hipotecas no levantadas, contingencias tributarias, pasivos laborales y obligaciones ambientales o regulatorias.
Esto cobra especial relevancia en sectores como minería, hidrocarburos, pesca o industria.
Por ello, sostiene que las operaciones actuales se están realizando con contratos “mucho más blindados”, incluyendo declaraciones y garantías robustas, mecanismos de indemnización, cláusulas de ajuste de precio, pactos de no competencia y arbitraje como mecanismo de resolución de controversias.
También menciona la creciente utilización de cláusulas MAC (Material Adverse Change), que permiten renegociar o incluso retirarse de una operación si ocurren eventos que afecten significativamente al activo o al entorno regulatorio y político.
Sectores en reconfiguración
Aunque Monroy evita señalar sectores líderes sin cifras específicas, sí identifica industrias donde ya se observan movimientos relevantes de consolidación y reconfiguración.
Entre ellas menciona energía eléctrica, minería, cementos, telecomunicaciones, infraestructura digital, retail, inmobiliario comercial, servicios financieros y consumo masivo.
Cita casos como la salida de Telefónica del Perú a Integratel, la compra de Minka por Parque Arauco, adquisiciones en seguros y servicios financieros, así como operaciones vinculadas a marcas de consumo.
“El denominador común son sectores con flujos predecibles, escalabilidad o barreras de entrada que justifican la apuesta pese al riesgo país”, afirma.
¿Cambio temporal o estructural?
Para Monroy, la situación combina factores coyunturales y estructurales. Por un lado, el año electoral y las tasas elevadas están enfriando operaciones de gran escala. Pero, al mismo tiempo, la forma de hacer negocios en el Perú también está cambiando.
Según explica, hoy existen contratos más blindados, más participación de socios estratégicos y una preferencia creciente por comprar activos específicos antes que empresas completas.
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A ello se suma un proceso de relevo generacional en muchas empresas familiares y el ingreso de nuevos capitales extranjeros, especialmente asiáticos y centroamericanos.
De la Piedra coincide en que esta dinámica también podría derivar en una mayor concentración de mercado. Advierte que compañías con mayor espalda financiera podrían aprovechar el contexto para adquirir activos de empresas más pequeñas o golpeadas por la incertidumbre.
Ello podría generar eficiencias y economías de escala, pero también riesgos para la competencia y los consumidores.
“Al haber menos competencia, podría reducirse la calidad de los productos y aumentar los precios por el mayor poder de mercado”, señala.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.







