
Hacia 2010, EsSalud adjudicó a IBT Group, bajo el esquema de Asociación Público-Privada (APP), la construcción, equipamiento y operación por 30 años de dos hospitales de nivel III —establecimientos de alta complejidad con capacidad resolutiva especializada—: el Complejo Hospitalario Alberto Leonardo Barton Thompson (Callao) y el Complejo Hospitalario Guillermo Kaelin de la Fuente (Villa María del Triunfo). Las obras se iniciaron en abril de 2012 y ambos centros fueron inaugurados en abril de 2014. Desde entonces, la compañía ha estado a cargo, por más de una década, de la gestión clínica o “Bata Blanca” de ambos nosocomios. Más allá de estos espacios médicos, ¿qué planes proyecta para el mediano plazo?
Águeda Amaya, gerente general de IBT Group en Perú, proyectó un crecimiento cercano al 10% para la organización este año, impulsado por el fortalecimiento de nuevas unidades de negocio. “Hemos desarrollado líneas como laboratorio, servicios logísticos, mantenimiento de infraestructura y equipamiento biomédico”, señaló a Gestión.
En paralelo, indicó que a nivel de grupo vienen consolidando un portafolio de proyectos en sectores como salud y educación, bajo una lógica de expansión alineada con las necesidades del país. “En salud, esto implica seguir consolidando y ampliando los proyectos hospitalarios que administramos, manteniendo como prioridad la calidad del servicio, la eficiencia operativa y la sostenibilidad”, afirmó.
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En detalle, respecto a los hospitales que opera, la ejecutiva consideró que el modelo de Asociación Público-Privada (APP) ha mostrado resultados positivos, respaldados por los indicadores alcanzados. “Los resultados de 2025 reflejan la solidez del modelo: más de 2.3 millones de atenciones totales, más de 2.1 millones de atenciones médicas, 537,000l emergencias atendidas y alrededor de 20,000 cirugías realizadas en los complejos hospitalarios Barton y Kaelin”, precisó.
A ello se sumó una operación sostenida por indicadores de eficiencia y continuidad. La directiva remarcó un abastecimiento de medicamentos del 99% y una disponibilidad operativa superior al 98%, a través de la Unidad de Mantenimiento, que gestiona más de 54,000 equipos biomédicos y electromecánicos. “Estos resultados evidencian que el modelo permite asegurar calidad de servicio, continuidad operativa y una atención centrada en el paciente”, expresó.
Más allá de las cifras, destacó el impacto del modelo en la gestión de servicios de salud. “Hemos demostrado que es posible gestionar servicios públicos de salud con enfoque en las personas, bajo estándares internacionales, con eficiencia e innovación”, acotó.
Adicionalmente, Amaya explicó que la alta demanda de atenciones en los complejos hospitalarios bajo su administración responde a una combinación de factores. Entre ellos, el perfil epidemiológico de la población asegurada. “Una proporción importante de nuestros pacientes presenta enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y afecciones respiratorias, lo que genera consultas recurrentes de seguimiento y control”, señaló, lo que incrementa de forma natural la frecuencia de uso por paciente.
A ello se agrega, añadió, la consolidación progresiva de la confianza de los asegurados en estos establecimientos. “A medida que mejora la percepción de calidad y resolutividad, la población tiende a concentrar sus atenciones en estos complejos en lugar de recurrir a otras alternativas”, anotó.
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Los nuevos proyectos de IBT en Perú: ¿dónde?
Más allá de los hospitales Barton y Kaelin, IBT Group tiene en la mira el desarrollo de dos nuevos proyectos en Piura y Chimbote. En concreto, en el caso de Piura se trata del desarrollo del Hospital de Alta Complejidad de la Red Asistencial Piura de EsSalud, ubicado en el distrito de Veintiséis de Octubre; mientras que en Chimbote corresponde al Hospital Especializado y Policlínico de Complejidad Creciente (PCC), en el distrito de Nuevo Chimbote. Ambos se desarrollarán bajo la modalidad “Bata Verde”.
Este esquema implica que IBT asume el diseño, financiamiento, construcción, equipamiento, mantenimiento y operación de los servicios no asistenciales y de apoyo asistencial, mientras que la atención médica permanece bajo responsabilidad de EsSalud. “El modelo permite una distribución clara de roles, manteniendo la gestión clínica en el sector público y la operación de soporte en el privado”, aclaró la ejecutiva.
En conjunto, ambos proyectos representan una inversión superior a los US$ 500 millones en la fase de diseño, construcción y equipamiento. Un punto clave del modelo APP es la estructura de financiamiento ya que, en este tipo de proyectos, la inversión inicial es asumida por el operador privado durante la etapa preoperativa, es decir, mientras se desarrolla el expediente técnico y se ejecuta la construcción. Durante ese periodo, en detalle, IBT Group no recibe ingresos ni pagos por parte de EsSalud.
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“El repago empieza recién después de la inauguración del hospital y del inicio formal de operaciones. A partir de ese momento, EsSalud realiza pagos mensuales durante un periodo de 17 años, destinados a cubrir progresivamente la inversión asumida previamente por el operador”, afirmó. Este esquema, agregó, permite al Estado acceder a infraestructura hospitalaria sin desembolsos inmediatos durante la etapa de construcción.
“Permite financiar infraestructura y servicios hospitalarios a través de la participación privada, sin necesidad de un pago directo en la fase de obra”, indicó. Además, el modelo preserva la titularidad pública desde el inicio. “Desde el primer día, el proyecto pertenece al Estado, lo que asegura su naturaleza pública y garantiza que la infraestructura esté al servicio de los asegurados”, comentó.

Piura y el reto del agua: cómo avanza
En el caso del Hospital de Alta Complejidad de la Red Asistencial Piura de EsSalud, la gerenta de IBT detalló que actualmente se viene ejecutando un encargo de ingeniería solicitado por EsSalud, orientado a un estudio exploratorio para evaluar la factibilidad de construir un pozo de agua que abastezca al futuro establecimiento. “Este análisis busca determinar si existe disponibilidad hídrica en la zona, a qué profundidad se encuentra el recurso, cuál es su calidad y qué volumen de caudal podría ofrecer”, contó.
El proyecto original, recordó, contemplaba el abastecimiento a través de un sistema de suministro de agua previsto para la zona; sin embargo, al no concretarse dicha infraestructura, EsSalud dispuso evaluar la alternativa de un pozo exclusivo para el hospital, tanto para la etapa de construcción como para su operación. “Se trata de un aspecto crítico, porque un hospital de esta complejidad requiere un volumen significativo de agua para funcionar adecuadamente”, indicó. A la fecha, aclaró que la exploración aún no concluye, por lo que la elaboración del expediente técnico y el inicio de la construcción se mantienen en pausa.
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Consultada por los plazos, respondió que estos dependerán del avance de los estudios en curso. “Todo dependerá de los tiempos en que se resuelvan estos puntos técnicos”, apuntó. Sobre los retos del proyecto —que contempla cerca de 50,000 metros cuadrados (m2) de infraestructura y 324 camas— sostuvo que el principal desafío será la coordinación operativa entre el personal de EsSalud y el operador privado.
“Adicionalmente a la alta demanda del servicio, el reto principal será lograr una articulación eficiente entre el personal de EsSalud y nuestro equipo, en tanto operador de una parte de los servicios del hospital”, afirmó. En esa línea, recordó que este esquema difiere del aplicado en los hospitales Barton y Kaelin, donde IBT gestiona la totalidad de los servicios asistenciales. En el caso de Piura, la atención médica estará a cargo de EsSalud, mientras que la empresa asumirá servicios de apoyo esenciales para la operación.
Entre ellos el mantenimiento de infraestructura, gestión de equipamiento biomédico, lavandería, logística, soporte de tecnologías de la información, central de esterilización, diagnóstico por imágenes, laboratorio, hemodiálisis, recolección de residuos, limpieza, seguridad, alimentación, entre otros.

Chimbote: los factores que retrasan el nuevo hospital
En el caso del Hospital Especializado y Policlínico de Complejidad Creciente (PCC) de Chimbote, la alta funcionaria remarcó que el proyecto presenta avances desiguales en su etapa de diseño. “El diseño del hospital tiene un avance aproximado del 50%, mientras que el del policlínico ya está concluido al 100%”, dijo.
No obstante, indicó que los plazos del proyecto continúan suspendidos debido a dos aspectos que debían resolverse previamente. El primero está vinculado a la autorización de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) respecto a la altura del edificio, considerando la cercanía del terreno al aeropuerto local.
“Era un punto relevante porque el nivel de complejidad del hospital requería una infraestructura de determinadas dimensiones. Al tratarse de un terreno con limitaciones de ancho, el diseño debía compensar esa condición con mayor altura”, aseveró. Agregó que este aspecto ya fue superado.
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El segundo factor corresponde al saneamiento físico-legal del terreno, el cual también influyó en la paralización de la etapa preoperativa. Según señaló, una vez resueltos ambos puntos, corresponde formalizar una adenda contractual que permita ajustar los plazos. “Esto es necesario porque, al tratarse de una concesión, el plazo contractual continuó corriendo incluso durante el periodo de suspensión”, indicó. Con ello, expresó que la adenda busca preservar los tres años efectivos previstos para la etapa preoperativa.
De no realizarse este ajuste, advirtió, parte del tiempo destinado a la construcción y el diseño se trasladaría indebidamente a la etapa operativa. “Eso no sería viable, porque la estructura financiera del proyecto está diseñada sobre la base de una operación de 17 años”, sostuvo. En ese periodo, IBT recibe los pagos de EsSalud como retribución por la inversión realizada en el CAPEX —diseño y construcción— mediante 206 cuotas, una vez iniciado el funcionamiento del hospital.
“Es fundamental que los plazos contractuales calcen con la estructura técnica y financiera del proyecto. Una vez aprobada la adenda, se podrá levantar la suspensión y retomar su desarrollo”, argumentó.
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Licenciada en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza con 20 años de experiencia profesional. Laboró en medios de comunicación como TV Perú y Perú21. También ejerció en gremios como la SNMPE y SNI. Desde el 2016, es parte del diario Gestión.







