
El tiro con arco en Perú comienza a posicionarse como una alternativa dentro del negocio deportivo, con señales claras de crecimiento en los últimos años. Aunque todavía no alcanza una escala masiva, el interés por la disciplina ha aumentado, impulsado por una mayor exposición digital y por la búsqueda de nuevas actividades recreativas.
Desde la experiencia de operadores del sector, el crecimiento no es espontáneo, pero sí sostenido. “El crecimiento en la demanda que tenemos es proporcional al presupuesto que asignamos a publicidad”, explicó William O’Brien, director de la academia de tiro al arco AX Archery, a Gestión. Esto sugiere que el mercado se está construyendo activamente, pero también que existe una base de usuarios dispuesta a probar la disciplina.
En ese proceso, el alcance del deporte se ha ampliado. “En una sola experiencia debemos de estar cerca de las diez mil personas”, explicó O’Brien, al referirse al número de usuarios que han probado el tiro con arco en su academia. Añadió que, a través de activaciones y sesiones, pueden impactar entre 3,000 y 5,000 personas al año, lo que evidencia un flujo constante de nuevos interesados en la disciplina.
Sin embargo, la conversión sigue siendo limitada. “De las personas que inician solas, más o menos uno de cada tres continúa, mientras que cuando vienen en grupo la proporción baja a uno de cada cinco o seis”, detalló O’Brien. Esto evidencia un embudo de demanda amplio, pero con retención aún en desarrollo.
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De nicho deportivo a actividad recreativa
Uno de los principales cambios en la industria es el perfil del consumidor. El tiro con arco ha dejado de ser percibido exclusivamente como un deporte competitivo y empieza a posicionarse como una actividad recreativa, especialmente entre adultos jóvenes.
“La mayoría de personas llega inicialmente por entretenimiento”, explicó O’Brien. Sin embargo, esa motivación evoluciona con rapidez. “La mayoría de ellos admite que sí le gustaría participar en competencias, aunque sea a nivel amateur”, añadió, lo que refleja un proceso de fidelización progresivo.
Este comportamiento es clave para el negocio, ya que permite convertir experiencias puntuales en clientes recurrentes. En paralelo, Janina Zárate, directora de la academia Archery Club, identifica que el público más activo se concentra entre los 22 y 40 años, un segmento con mayor capacidad de gasto y apertura a nuevas actividades. Tanto ella como O’Brien coinciden en que los adultos mayores de 25 años presentan mayores niveles de permanencia, mientras que públicos más jóvenes -como universitarios- tienden a probar la actividad sin continuidad.
La combinación de recreación y progresión técnica configura un modelo híbrido, donde el usuario puede mantenerse como aficionado o avanzar hacia una práctica más estructurada, ampliando su permanencia dentro de la actividad.

Un modelo con potencial de crecimiento
El negocio se sostiene principalmente en la enseñanza, lo que refleja una industria aún en consolidación, pero con espacio para evolucionar. O’Brien detalla que “los paquetes de sesiones deben ser el 70% u 80% de los ingresos”, lo que confirma que la formación es el eje económico.
Sin embargo, alrededor de este núcleo comienzan a desarrollarse nuevas líneas, como experiencias corporativas, eventos o venta de equipamiento. Aunque todavía representan una porción menor, funcionan como canales de entrada para nuevos clientes.
El sector también está marcado por su baja escala, aunque con señales de expansión. “Debería haber crecido el doble”, señaló O’Brien, al explicar que en Lima el número de academias pasó de seis o siete a cerca de diez en los últimos años. Este crecimiento refleja un mayor interés por la disciplina, aunque el mercado todavía mantiene un alcance local y una escala limitada.
El modelo también presenta una lógica de ingresos progresivos. El acceso inicial es relativamente accesible, con programas desde alrededor de S/290 mensuales en clases en las que te brindan equipo deportivo. Sin embargo, el gasto aumenta a medida que el usuario se compromete más con la disciplina.
O’Brien explica que un equipo básico puede costar entre US$ 150 y US$ 200, mientras que el equipamiento de competencia puede superar los US$ 3,000. Aunque este gasto no es inmediato para el usuario —ya que las academias suelen proveer el equipo en etapas iniciales—, sí representa una inversión relevante para los operadores, que deben importar el material y asumir ese costo en su estructura. Esto configura un esquema donde el valor del cliente crece en el tiempo, algo atractivo desde una perspectiva de negocio.
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Barreras estructurales y retos de escalabilidad
Pese a estas oportunidades, el crecimiento del sector enfrenta limitaciones importantes. La principal es la infraestructura. El tiro con arco requiere espacios amplios, con campos de hasta 70 metros de longitud, lo que dificulta su desarrollo en ciudades con restricciones de espacio como Lima.
“Uno de los principales obstáculos es el espacio disponible”, señaló Zárate, quien también advierte que el costo de alquilar instalaciones adecuadas puede ser elevado. Esta limitación impacta directamente en la capacidad de expansión de las academias.
A ello se suma que el modelo es intensivo en recursos. Cada alumno requiere equipamiento individual y atención personalizada, lo que reduce la escalabilidad frente a deportes más masivos. Además, el equipamiento debe importarse, lo que incrementa los costos para las academias y eleva las barreras de entrada.
En paralelo, el ecosistema se sostiene principalmente con inversión privada. “No es que la federación le vaya a pagar a las academias”, precisó Zárate, al explicar que no existe un flujo directo de financiamiento hacia los operadores.
Aun así, el sector empieza a consolidar su espacio dentro del mercado deportivo. Con una base creciente de usuarios, mayor visibilidad y un modelo que combina recreación con progresión técnica, el tiro con arco se perfila como un negocio emergente que, aunque todavía de nicho, gana terreno en la oferta de experiencias deportivas en el país.
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