
Lo ocurrido en los últimos días con motivo de la firma del contrato y la entrega del adelanto para la compra de los F-16 no solo ha sido la más exacta radiografía, mostrada de manera pública y abierta, de toda la debilidad institucional al más alto nivel de la administración pública, sino que también abrirá varias líneas y flancos que serán aprovechados en la campaña para la segunda vuelta y durante el próximo gobierno.
El más alto cargo en la jerarquía de la administración pública es hoy el menos respetado y el que menos autoridad e influencia política tiene. Ya no solo se trata de todo lo que la prensa o las redes sociales puedan publicar o decir del presidente de turno sin filtro alguno, sino de la actitud y del tipo de relación que se establece entre el presidente y sus ministros o funcionarios, o entre el presidente y la prensa o la población.
No sabemos exactamente qué pasó al interior del gobierno, ni cómo se llevaron las gestiones y negociaciones para la firma del contrato y por ello no entraremos en detalles, pero resulta increíble que un presidente comunique públicamente una decisión al país, ratificándose en lo dicho horas después, mientras que, en paralelo, su premier (a través de un comunicado), y su canciller y su ministro de Defensa, en declaraciones públicas, buscan ¿desautorizarlo? y desacreditarlo, llamándolo mentiroso.
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Surgen otras interrogantes: ¿qué papel jugaron y de qué lado estuvieron el ministro de Economía y el resto del gabinete?, ¿por qué no renunciaron los otros ministros si estaban ante un presidente “mentiroso” y sin autoridad?, ¿cuál es el ambiente que se vive hoy en el Ejecutivo con un presidente al que sus ministros y funcionarios no respetan ni obedecen?, ¿qué piensan y cómo miran los militares a su comandante supremo?
Esto no empieza con Balcázar, recrudece con él. Todavía recordamos cómo Ernesto Álvarez calificaba públicamente a Jerí, su presidente y jefe, después de sus noches de disfraz y de cuentos chinos, tildándolo de joven inexperto que caía en trampas o hablando de conspiraciones internacionales; y maltrataba a sus ministros, admitiendo abiertamente que ni siquiera conocía sus nombres.
Y no se trata de decir que todo es por haber vacado a Jerí. Es la consecuencia de haber elegido a Balcázar, que no es lo mismo. Cerrado el tema Jerí, los congresistas tuvieron otras dos opciones mejores, pero decidieron elegir la peor, quizás porque pensaron que iba a ser fácil manejar a Balcázar para sus intereses, pero les salió el tiro por la culata.
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Los que se opusieron a la vacancia de Jerí, acusado de presuntamente favorecer, con gestiones irregulares, los intereses y negocios de empresas chinas, señalando que era un despropósito vacarlo a seis meses del cambio de gobierno y frenando el desarrollo del país por el cambio de ministros, son los mismos que ahora quieren censurar a Balcázar en medio del proceso electoral y a dos meses del cambio de gobierno, por no querer entregarle un adelanto a una empresa norteamericana y dejar ese trámite al próximo gobierno
Resulta cuestionable e irresponsable mentirle al país y negarse a última hora a cumplir compromisos de Estado que previamente se aceptaron. Pero la reacción del Congreso hizo más evidente que nunca el férreo control que el Legislativo tiene sobre el Ejecutivo. Quedó claro que cuando el gobierno pretende salirse del libreto, los congresistas no se andan con contemplaciones. O el Ejecutivo hace lo que el Congreso dice, o le aplican la máxima pena.
Ni el gobierno ni los ministros involucrados han informado al país, guardando la reserva de lo que debe mantenerse como confidencial, sobre los detalles de las negociaciones. Más bien, hemos sabido por los mensajes públicos, declaraciones y presiones poco diplomáticas y ortodoxas del embajador norteamericano, que por las autoridades llamadas a ofrecer información.
Balcázar ha quedado ante su gabinete, el país y ante el mundo como un presidente sin ninguna autoridad y sin ninguna relevancia para la política peruana. Pero ha logrado, sin querer queriendo, algo que va a estar presente en la segunda parte de esta campaña electoral y, seguramente, durante el próximo gobierno.
Las redes sociales ya muestran una ardua discusión sobre la conveniencia y oportunidad del gasto en aviones que serán entregados en el 2029, frente a otras prioridades que tiene el país.
Se ha acentuado la percepción del poder que el llamado “pacto mafioso” tiene sobre el Ejecutivo; sobre todo, “gracias” al protagonismo y “anuncios” del presidente del Congreso, se ha puesto mayor énfasis en el manejo del poder en este gobierno de parte del fujimorismo.
La sobrerreacción de algunos congresistas y políticos ha generado que una parte de la población sospeche de negociaciones poco transparentes que podrían beneficiar irregularmente a ciertas personas o sectores que han estado vinculados a este proceso.
Las “formas”, mensajes y presiones frecuentes del embajador norteamericano han puesto sobre la mesa la discusión sobre la posición peruana frente a las potencias mundiales y, concretamente, sobre los Estados Unidos, lo que seguramente será un tema de campaña.
Todo este escándalo podría generar que el próximo gobierno promueva una investigación sobre este contrato.
No sabemos si Balcázar buscó este escándalo o si su irresponsabilidad lo provocó, pero queda claro que este tema no quedará cerrado pronto.







