
A estas alturas, las cifras del conteo de votos se siguen moviendo constantemente y están muy apretadas. No sabemos todavía si el segundo lugar de esta primera vuelta será ocupado por Roberto Sánchez o Rafael López Aliaga, pero sí sabemos que muchos en la derecha le estarán agradecidos a Ricardo Belmont.
La lentitud en el conteo y la impugnación de las actas seguramente seguirán impidiendo tener un resultado final por ahora, con algunos gritos de fraude como telón de fondo, que los “porkistas” le piden a Keiko Fujimori que también entone, aunque esta vez, vueltas que da la vida, ella les pide pruebas del fraude y que no contribuyan al caos.
La incertidumbre y la expectativa son generales y tan grandes que muy pocos han estado interesados en la presentación del gabinete ministerial para solicitar el voto de confianza. Para la población es más importante saber que el actual jefe de la ONPE ya no seguirá al frente de la institución para la segunda vuelta que saber si el jefe del gabinete continúa en el cargo o si se le retira la confianza.
Desde el lunes, la conversación y la pregunta obligada han sido si Keiko Fujimori le podrá ganar a cualquiera de los dos. Ella se ha apresurado a sentenciar que “el enemigo es la izquierda”, pero si quien pasa a la segunda vuelta es Rafael López Aliaga, ¿ella tendrá entonces dos enemigos: la izquierda y los de Renovación?
Además, la pregunta que cae de madura es: ¿quiénes son esos enemigos de izquierda?, ¿la centroizquierda, la izquierda y la izquierda radical, así, todos juntos? ¿Y quiénes serán sus aliados: APP, Somos Perú, Podemos, Avanza País, Acción Popular, PPC? ¿Espera que César Acuña, Patricia Li, José Luna y José Williams Zapata se tomen una foto con ella llamando a votar por Fuerza Popular?
No parece una buena idea tratar de partir nuevamente el país en dos. El fujimorismo lo ha sufrido durante años con el bipartidismo entre fujimorismo y antifujimorismo, y los resultados no le han sido favorables. Tratar de marcar un parteaguas tan radical, cuando sus enemigos lo acusan de haber pertenecido a un “pacto mafioso” que gobernó de espaldas al país, no es lo más recomendable ni ayuda a proyectar una imagen de alternativa convocante, dialogante y abierta, que “aprendió la lección”, como ella misma ha tratado de difundir.
Asumir por adelantado, además, que todos los que no se consideran de izquierda votarán por ella es un error. Todavía existe mucho antifujimorismo, pero, sobre todo, existe hoy antikeikismo, incluso en varios sectores, incluidos los de nivel socioeconómico A/B, que quizás ya no recuerdan lo que hizo o dejó de hacer Alberto Fujimori, pero que le reprochan a Keiko las actitudes frente a su madre, su padre, su hermano y hasta frente al país durante las gestiones de PPK y, más recientemente, con Boluarte, Jerí y desde el Congreso hasta la fecha.
Keiko Fujimori ha hecho una buena campaña en esta primera vuelta, lo que le ha permitido un crecimiento lento pero sostenido hasta llegar a este 17 % con el que cerrará su participación. Para esto, hay que decirlo, contó con la decidida “colaboración” de Rafael López Aliaga, que dejó de ser “Porky”, el “hacedor”, el ejecutor, para convertirse en una mezcla del más duro López Aliaga, Trump y el más confrontacional Milei. Pero esa campaña de Fuerza Popular puede alterarse si también gira hacia la versión sectaria, intransigente y discriminadora que sus enemigos le enrostran.
No sabemos cómo acabarán los problemas de esta primera vuelta, ni de qué intensidad serán las heridas que hay y cómo quedarán entre los “porkistas” y los fujimoristas. Pero eso va a contar en la segunda vuelta, y también durante el próximo gobierno.
Cualquiera de los protagonistas de las “llaves” de la segunda vuelta (Keiko-Sánchez o Keiko-López Aliaga) genera adhesiones y rechazo, odio y temor, y generan divisiones también. En la derecha hay antikeikistas y antiporkistas; y en la izquierda hay anticastillistas y antisanchistas. Hay gente en la derecha o el centro que preferiría votar por el rival o en blanco o viciado antes de ver a Keiko o a López Aliaga en Palacio; y hay gente en la centro izquierda o la izquierda que votaría por la derecha o en blanco o viciado antes de que Sánchez gane.
De tal manera que generalizar para dividir es un error político cuando no se tienen seguros los votos, y cuando cada voto cuenta como ya ha pasado, y como viene pasando ahora mismo.
Hay mucha gente, sobre todo en regiones y en el sector rural, campesinos, gente pobre y hasta antimineros, que vota por el fujimorismo no porque sea de derecha o porque sea fujimorista y menos keikista, sino por el recuerdo de lo que hizo Alberto Fujimori por sus regiones. De tal manera que, si Keiko cree que dividiendo al país va a ganar, se equivoca.
Y el otro tema es qué va a pasar después de la segunda vuelta si se ahondan las divisiones. No creemos en aquello de que la “derecha” (¿?) se va a unir en automático. Además, ¿quiénes son la derecha? ¿Qué es la derecha? ¿Las bancadas de Alvarez, Nieto, y lo que deja Belmont son derecha?.
Si Keiko o Sánchez ganan, van a tener una fuerte oposición, y probablemente eso incluya a Renovación Popular. De hecho, no creemos que Fuerza Popular presida las cámaras ni el Congreso, así tenga la primera minoría. No creemos que los dejen. Todos van a tener que concertar, pero el fujimorismo puede enfrentar el 2016 al revés. No lo van a vacar ni a presionar para que renuncie como si se podrá hacer con Sánchez, pero no la va a tener fácil, y si quiere seguir dividiendo al país, peor.
Enrique Castillo es periodista.







