
Brasil y el Perú fueron a las urnas el mismo domingo, pero las similitudes prácticamente terminan allí. Brasil tiene 158.7 millones de electores habilitados, frente a los 26.3 millones del Perú: seis veces más. Y su elección era bastante más compleja, pues además de presidente, los brasileños eligieron gobernadores, senadores y diputados federales y estaduales. Sin embargo, el tamaño no parece haber sido impedimento para ofrecer algo elemental en una democracia, es decir, predictibilidad.
Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva disputarán la segunda vuelta presidencial el 25 de octubre. También habrá balotaje para gobernador donde corresponda. Las reglas y el calendario estaban establecidos antes de que los electores acudieran a votar. Incluso las restricciones sobre información electoral son bastante más precisas y acotadas. En Brasil no existe nuestro apagón de encuestas durante toda la semana previa. Las encuestas realizadas antes de la jornada pueden difundirse incluso el día de la elección y las efectuadas ese domingo, desde las 17:00.
En el Perú ocurre lo contrario. Durante una semana, el ciudadano vota prácticamente a ciegas respecto de las encuestas. La prohibición termina siendo además discriminatoria ya que quien tiene acceso a información privada puede conocer aquello que los medios tienen prohibido divulgar al resto de electores.
Pero hay algo peor que la falta de información. Y es no conocer las reglas. El JNE llegó a las elecciones sin aclarar qué ocurriría si una lista ganaba con su candidato a alcalde fuera y su primer regidor pretendía asumir el cargo. El caso de Rafael López Aliaga era conocido desde mucho antes de la votación. Aun así, el organismo electoral decidió dejar para después una respuesta que los ciudadanos debieron conocer antes de emitir su voto.
Ni siquiera existe consenso entre nuestras autoridades sobre cuándo realizar una eventual segunda vuelta regional. El JNE fijó el 29 de noviembre; la ONPE sostiene que debería ser el 6 de diciembre y ha pedido reconsiderar la decisión por dificultades logísticas.
- LEA TAMBIÉN: Envíos de frutas y hortalizas suman casi US$ 4,000 millones: estas son las más vendidas
Resulta difícil encontrar mejor demostración de la incompetencia de nuestras autoridades electorales. No estamos hablando de contingencias surgidas durante el escrutinio, sino de situaciones perfectamente previsibles que debieron resolverse antes de abrir las mesas.
Brasil está lejos de ser un modelo electoral exento de controversias. Pero una elección seis veces mayor que la peruana demuestra que complejidad y predictibilidad pueden convivir. Aquí, en cambio, la incertidumbre no siempre la producen los resultados. A veces la producen quienes deberían garantizar las reglas.







