Solo enterarse de lo que sucede está muy lejos de ser suficiente. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH
Solo enterarse de lo que sucede está muy lejos de ser suficiente. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Para los , y para quienes los asesoran, mantenerse al tanto de lo que pasa en el mundo es sumamente importante. Sobre todo en los últimos años, cuando las noticias de nuevos y los cambios de actitud hacia el y, en general, hacia lo que por mucho tiempo se consideró un orden , se han convertido en ocurrencias frecuentes.

Sin embargo, solo enterarse de lo que sucede está muy lejos de ser suficiente. De hecho, la noticia de hoy, por más impactante y hasta trágica que pueda ser –en especial, cuando hablamos de acciones militares o desastres naturales–, puede ser apenas un capítulo de una dinámica más compleja que recién muestra sus consecuencias mañana. O, más precisamente, años o décadas en el futuro. Y ello requiere –a falta de una bola de cristal– la sensibilidad y el interés suficientes para rastrear las relaciones entre países, los flujos de comercio y capital y, en el camino, la capacidad de construir portafolios lo suficientemente diversificados para navegar lo que el futuro pueda traer.

Se trata de mirar la geopolítica como un factor con efecto de largo plazo, cuyas manifestaciones en la economía, los mercados y en los portafolios pueden ser significativas, pero no inmediatamente aparentes".
Se trata de mirar la geopolítica como un factor con efecto de largo plazo, cuyas manifestaciones en la economía, los mercados y en los portafolios pueden ser significativas, pero no inmediatamente aparentes".

Como inversionistas, no solo se trata de evitar sobresaltarse con eventos puntuales que acaparan titulares. También se trata de mirar la geopolítica como un factor con efecto de largo plazo, cuyas manifestaciones en la economía, los mercados y en los portafolios pueden ser significativas, pero no inmediatamente aparentes. No hablamos de momentos, sino de relaciones, alianzas y comportamientos que evolucionan con el tiempo.

Tras los ataques del 11 de setiembre del 2001, por ejemplo, a nadie le sorprendió la reacción inicial de los mercados: cuando Wall Street reabrió, el S&P 500 cayó cerca de 5% en un solo día y acumuló una pérdida de casi 12% durante la primera semana. Y hubo mucho temor en quienes invertían en aerolíneas, con las grandes, como American Airlines (-39%), United Airlines (-43%) y Delta (-45%), registrando pérdidas severas el primer día y desafíos notables los años siguientes.

Sin embargo, en poco más de un mes, el S&P 500 ya se había recuperado de la caída posterior a los atentados y, en el caso de las aerolíneas, aunque el impacto fue significativo, con algunas de ellas declarándose en bancarrota, el tráfico aéreo volvió a niveles previos y la industria recuperó la rentabilidad entre el 2006 y el 2007. Lo que no volvió a ser igual fueron las prioridades de política exterior y seguridad de EE.UU. El gasto federal en seguridad interna pasó de alrededor de 0.1% del PBI hasta el 2001 a cerca de 0.35% en el 2003 y dio origen a una arquitectura institucional que perdura. También cambió la manera de comerciar: se reforzaron los controles fronterizos, se introdujeron nuevos estándares de seguridad para las cadenas de suministro y se desarrollaron sistemas para inspeccionar cargamentos incluso antes de que partieran hacia Estados Unidos (con los costos que ello implica).

En fin, el reajuste económico no estuvo en la reacción inicial, sino en el reacomodo profundo de las dinámicas geopolíticas que vinieron. Cambiaron las reglas del comercio, las prioridades de gasto, la relación de uno de los mercados más grandes con el resto del mundo y el panorama de riesgos y oportunidades que empresas e inversionistas debían considerar.

Y ejemplos como estos hay muchos: el acercamiento entre EE.UU. y China iniciado en los setenta abrió paso a una integración económica que, tras el ingreso chino a la OMC, llevó las exportaciones estadounidenses al país asiático de US$19,200 millones en el 2001 a US$104,100 millones apenas diez años después. Por otro lado, la caída de la Unión Soviética no solo redibujó fronteras, sino que redirigió el comercio de Europa central y del este, creó nuevas relaciones entre países que perduran hasta hoy y dejó dinámicas políticas internas que todavía influyen sobre las decisiones de gobiernos e inversionistas.

¿Qué nos toca hacer frente a esta realidad? Lo primero es lo más sencillo: no reaccionar con la cabeza caliente a los titulares del día. En un portafolio diversificado, buena parte de las pérdidas provocadas por shocks puntuales suele revertirse con el tiempo. Lo segundo, y lo más complicado, es precisamente no quedarse con la noticia, sino seguir los acontecimientos y entender las dinámicas que pueden entrar a tallar en el largo plazo. Y esto último demanda asesores de primer nivel que, además de expertos en sus materias, sean capaces de aportar perspectiva, conectar acontecimientos que a primera vista parecen aislados y distinguir entre aquello que simplemente hace ruido y lo que realmente puede cambiar las reglas de juego.

Galantino Gallo es CEO de Credicorp Capital

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