
Investigadores chilenos han expuesto cómo grupos criminales organizados roban, procesan y envían cobre a una escala hasta ahora no reportada, en un intento por aprovechar los altos precios del metal rojo.
El miércoles, las autoridades desarticularon una red que habría movilizado más de 817,000 millones de pesos (US$ 917 millones) en cobre entre 2020 y 2025, transportando primero el metal por camión hasta el puerto norteño de Iquique y luego enviándolo a China.
Dos semanas antes, la policía incautó cables, chips y cátodos en un sitio de almacenamiento en la ciudad de Arica que se disponían a ser enviados de contrabando a Perú y luego a China.
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Las organizaciones criminales muestran tanto la rentabilidad como la sofisticación del robo en un país que es el mayor productor mundial de cobre. También dejan al descubierto la magnitud de los desafíos que enfrenta el nuevo gobierno del presidente José Antonio Kast, quien ha prometido combatir la delincuencia.
Cada vez más, los ladrones utilizan camiones pesados para derribar postes eléctricos, retirar cables y canalizar el cobre hacia redes transfronterizas, un comercio estructurado que, según las autoridades, está impulsado por precios que alcanzaron máximos históricos en enero.
El método es directo y efectivo: un camión embiste una fila de postes de luz, derribando tramos completos de cable en cuestión de minutos. El cobre es rápidamente retirado, cargado y trasladado, a menudo antes de que las autoridades puedan responder.

“Es un negocio muy rentable”, dijo en una entrevista el fiscal Rodrigo González, experto en crimen organizado de la Fiscalía de Arica, al describir un patrón que ha dejado a comunidades sin electricidad y ha provocado pérdidas de hasta 60 millones de pesos en un solo incidente. “Unos pocos metros pueden significar millones de pesos.”
En la investigación más reciente, denominada “Operación Alto Voltaje”, la policía llevó a cabo allanamientos coordinados en 49 propiedades en siete regiones, lo que derivó en la detención de 25 personas, incluidos presuntos líderes y miembros clave de la operación. Las autoridades incautaron 187 toneladas de cobre, valoradas en aproximadamente US$ 2.2 millones a precios actuales.
Crimen organizado
Los robos ya no son hechos aislados. Las autoridades señalan que han identificado grupos organizados con roles definidos: equipos que roban cables, intermediarios que almacenan y procesan el material, y transportistas que lo trasladan a través de las fronteras.
Los delitos han afectado tanto a la infraestructura pública como a las operaciones mineras. En regiones remotas, los atacantes apuntan a redes eléctricas, cortando temporalmente el suministro en amplias zonas.
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Una vez robado, el cobre es procesado localmente. Los delincuentes queman o retiran el recubrimiento plástico —a menudo en sitios informales— dejando el metal desnudo, que es más difícil de rastrear.
Parte del material parece mezclarse con cobre de mayor calidad vinculado a operaciones mineras. Las autoridades han encontrado placas fundidas y lingotes —probablemente reprocesados para eliminar marcas identificatorias como números de serie, explica González.
En lo que va del año, las autoridades de una región del norte han incautado más de 10 toneladas de cobre robado, con estimaciones que sugieren que entre 30 y 50 toneladas anuales podrían circular por la zona. El comercio se ve facilitado por la geografía, ya que la cercanía a las fronteras hace que el transporte terrestre sea relativamente sencillo.
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La magnitud del problema ha crecido junto con los precios del cobre. En respuesta, las autoridades han comenzado a centralizar las investigaciones y a utilizar herramientas de análisis de datos —como mapas de calor y seguimiento de patrones— para identificar puntos críticos y sitios de almacenamiento. También se están desplegando drones y otras herramientas de vigilancia para monitorear áreas sospechosas.
Aun así, las autoridades reconocen la dificultad de contener un comercio que sigue siendo muy lucrativo y relativamente fácil de replicar.
“Es como el robo de autos”, dijo González. “Desarticulas un grupo y aparece otro”.








