
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está desesperado por reabrir el estrecho de Ormuz para aliviar la creciente crisis energética mundial. No lo logrará fácilmente sin un alto al fuego en la guerra contra Irán.
Los ataques esporádicos de Irán contra embarcaciones y la amenaza de minas han reducido a un mínimo el tráfico en esta vía vital, dejando en la práctica a Teherán —y no a fuerzas navales externas— al mando del flujo. Por el estrecho transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, y la interrupción ha provocado recortes de producción, escasez de combustibles y aumentos de precios desde Asia hasta Europa.
Trump ha presionado a sus aliados para que envíen buques de guerra para ayudar a reabrir el estrecho, proponiendo un esfuerzo naval multinacional para escoltar a los barcos comerciales.
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Los socios europeos y asiáticos se muestran reticentes, y gobiernos desde Berlín hasta Tokio cuestionan si un puñado de buques marcaría alguna diferencia frente a la capacidad de Irán para amenazar embarcaciones. Funcionarios sostienen que más armadas aportarían poco más allá de la ya significativa presencia estadounidense en la región, y aun así quedarían muy lejos de lo necesario para desbloquear el estrecho de forma significativa.
“Podría llevar varias semanas asegurar el estrecho de Ormuz”, señaló Bob McNally, presidente de Rapidan Energy Group y exfuncionario de la Casa Blanca. “Hasta que no hayamos neutralizado las capacidades asimétricas en capas de Irán —minas, lanchas rápidas, submarinos y drones— no querríamos que pasen ni barcos comerciales ni de escolta”.

Trump respondió a la falta de entusiasmo de potenciales socios el martes, afirmando en redes sociales que EE.UU. ya no necesita ayuda, ni de países de la OTAN ni de Japón, Australia y Corea del Sur. No mencionó específicamente al estrecho de Ormuz.
Con la guerra en curso, el único tránsito que se observa parece darse en los términos de Irán. Un puñado de embarcaciones ha logrado salir bordeando la costa iraní, lo que sugiere que el paso depende de la aprobación de Teherán más que de la protección externa. El resultado es un sistema donde el estrecho no está formalmente cerrado, pero el acceso está controlado, y los flujos comerciales normales siguen fuera de alcance.
Quienes se muestran escépticos a la idea de escoltas de EE.UU. se remiten a la historia reciente en el mar Rojo, al otro lado de la península arábiga. Allí, la milicia hutí en Yemen utilizó tácticas similares para interrumpir el tráfico a través del estrecho de Bab el-Mandeb, pese a las campañas de bombardeo de EE.UU. y otros.
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El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, declaró el lunes que su país no será arrastrado a la guerra y que reabrir el estrecho de Ormuz “no es sencillo”.
“Se puede ver históricamente cuando ha habido otros conflictos que han afectado a los estrechos”, dijo el premier británico.
El martes, el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que Francia no participará en operaciones en el contexto actual, aunque está dispuesto a trabajar con otros en un sistema de escoltas cuando la situación esté más calmada.
“La solución militar es la menos adecuada”, señaló Tom Sharpe, exoficial naval del Reino Unido que estuvo desplegado en el Golfo Pérsico. “Es más un problema político”.
“Lo que Irán está haciendo ahora es lo que vimos que hicieron los hutíes en el mar Rojo”, añadió. “Con unos pocos proyectiles basta para ahuyentar a los barcos”.

La guerra está en su tercera semana, sin señales de un alto al fuego. Desde que comenzaron los primeros ataques de EE.UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero, el crudo Brent ha subido alrededor de un 40% hasta superar los US$ 100 por barril. Los precios de la gasolina en EE.UU. han aumentado, mientras que los suministros de diésel y combustible para aviones se han ajustado en medio de ataques a infraestructuras energéticas y la interrupción en el estrecho de Ormuz.
Incluso si EE.UU. logra reunir una coalición de países para proporcionar escoltas, cualquier impacto sería limitado, muy lejos de un retorno al tráfico normal.
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Ormuz es angosto —apenas 48 kilómetros en su punto más estrecho—, lo que coloca las rutas marítimas al alcance de misiles, drones y pequeñas embarcaciones. Es probable que las aseguradoras y los bancos sigan siendo cautelosos con rutas cercanas a Irán, donde la exposición a sanciones y el riesgo de ataque dificultan asegurar o financiar los viajes.
Trump reconoció la persistente amenaza de ataques durante el fin de semana. Aunque el ejército de Irán “ya está destruido al 100%”, sería “fácil” para Teherán seguir amenazando barcos con drones, minas y misiles de corto alcance, afirmó.
Protección
“Los barcos deben estar dentro de la zona de defensa de armas de un buque naval para recibir protección”, dijo John Bradford, exoficial naval de EE.UU. y cofundador del Yokosuka Council on Asia-Pacific Studies. “Eso también significa que solo cierta cantidad de barcos puede ser protegida por escolta mientras atraviesan la estrecha vía”.
Con el transporte marítimo limitado, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos están enviando parte del petróleo a través de oleoductos, pero no puede reemplazar completamente lo que normalmente circula por el estrecho.
Incluso el fin de la guerra podría no reabrir el estrecho. Irán podría seguir interrumpiendo el transporte marítimo como herramienta de presión, manteniendo ataques intermitentes suficientes para que la ruta siga siendo demasiado riesgosa para el tráfico comercial.
“Mientras exista esa amenaza implícita al transporte marítimo —y ya hemos visto más de 10 barcos atacados en la región— Irán no necesita cerrar el estrecho de Ormuz”, dijo Torbjorn Soltvedt, analista principal de Medio Oriente en Verisk Maplecroft, en Bloomberg Television. “Solo necesita presentar una amenaza suficiente para que transitar por allí sea prohibitivo o demasiado riesgoso”.








