
La caída de las tasas de natalidad en todo el mundo ha generado preocupación por su impacto económico, con pronósticos de un crecimiento más lento y una menor innovación. Sin embargo, un nuevo estudio concluye que podría ocurrir exactamente lo contrario.
El envejecimiento y la reducción de la población han aumentado históricamente la producción por trabajador de una economía y no han tenido un efecto negativo sobre el producto bruto interno (PBI) total, según una nueva investigación de Daron Acemoglu —ganador del Premio Nobel de Economía en 2024—, David Autor, Keelan Beirne y Andrew Scott.
El estudio concluye que los trabajadores y las empresas recurren a la tecnología para compensar la reducción de la fuerza laboral, lo que incrementa la productividad de cada trabajador.
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“Nuestros hallazgos cuestionan el pesimismo predominante: las menores tasas de natalidad, y el envejecimiento y la reducción de la población que han provocado, han aumentado, en lugar de disminuir, el PBI por trabajador”, escriben los autores en un estudio difundido por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).
Ese aumento “ha sido lo suficientemente grande como para compensar por completo el efecto negativo de la disminución de la población, dejando el PBI agregado prácticamente sin cambios”.

Las tasas de natalidad han disminuido en todos los continentes durante los últimos 70 años. A nivel mundial, la tasa cayó de 3.78 por cada 100 personas en 1950 a 1.71 el año pasado, según el estudio. Además, cada descenso de un punto porcentual estuvo asociado con un aumento del 26.8% en el PBI por trabajador.
“En los datos comparativos entre países, la caída de las tasas de natalidad conduce a una mayor productividad total de los factores, mayores niveles de capital, un desplazamiento hacia las exportaciones de industrias de alta tecnología y un aumento de las patentes de tecnologías que ahorran mano de obra”, escriben los autores.
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En EE.UU., el resultado ha sido un desplazamiento de los trabajadores hacia industrias de alta tecnología y un aumento en las patentes de inventos destinados a reducir la necesidad de mano de obra.
“Es esta respuesta tecnológica la que genera la relación positiva entre la caída de los nacimientos y los posteriores períodos de fuerte crecimiento”, sostienen los autores. También analizaron otras posibles explicaciones de por qué una menor natalidad podría impulsar la productividad —como una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral o una transición más rápida de la agricultura a la manufactura—, pero no encontraron evidencia de que esos factores tuvieran un efecto significativo.
Acemoglu y Autor son profesores de Economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Beirne es estudiante de doctorado en Economía en esa institución y Scott es profesor de Economía en la London Business School.







