
El espectacular regreso de Ecuador a los mercados de crédito globales es visto como un buen augurio entre los inversores que esperan con ansias el retorno de Argentina tras años de estar aislada del financiamiento internacional.
Ecuador colocó el lunes US$ 4,000 millones en bonos, su mayor emisión global de la historia y la primera desde una reestructuración de deuda en 2020. La operación recibió suficiente demanda para que la nación sudamericana obtuviera los costos de endeudamiento más bajos en años. Moody’s Ratings prosiguió con una mejora en la calificación crediticia del país, lo que comprimió aún más los rendimientos.
La positiva recepción fue tanto un voto de confianza para Ecuador, que usará los recursos para refinanciar deuda existente, como la señal más reciente del apetito por créditos de alto rendimiento de mercados emergentes, en medio de un repunte generalizado de la deuda. Y para muchos inversores, también avivó las esperanzas de un resultado similar para Argentina, que ha estado fuera de los mercados globales desde su propia reestructuración en 2020.
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“La emisión de deuda de Ecuador de esta semana muestra que incluso países con un historial nutrido de defaults, riesgo político elevado y escasas reservas pueden acceder al mercado internacional a tasas de un dígito”, señaló Diego Chameides, economista jefe de Banco Galicia, una de las mayores entidades crediticias de Argentina. “A partir de este evento, parecería que la ventana de acceso al mercado podría empezar a abrirse para Argentina. Esto es clave para poder enfrentar vencimientos elevados en los próximos años”.
Los bonos argentinos subieron el martes en línea con la deuda ecuatoriana, extendiendo las alzas recientes. Una medida de riesgo país cayó por debajo de los 500 puntos básicos, niveles que autoridades habían señalado previamente como compatibles con un regreso a los mercados.

A pesar de las diferencias de tamaño —la economía de Argentina es aproximadamente cuatro veces mayor que la de Ecuador—, ambos países comparten varias similitudes financieras. Los dos han reestructurado su deuda en múltiples ocasiones —nueve en el caso de Argentina y 10 en el de Ecuador desde sus independencias a comienzos del siglo XIX—. Y ambos siguen bajo programas del Fondo Monetario Internacional, con posiciones de reservas internacionales débiles, una preocupación histórica para los tenedores de deuda.
Pero también coinciden en que sus perspectivas han mejorado a medida que se han reducido los riesgos políticos bajo nuevas administraciones enfocadas en la consolidación fiscal, lo que ha ayudado a bajar los rendimientos.
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, recortó un subsidio al diésel y logró contener el posterior malestar social, mientras que el mandatario argentino, Javier Milei, alivió las preocupaciones de los inversores al flexibilizar los controles cambiarios y acumular reservas tras una victoria aplastante en las elecciones legislativas de octubre.
“Lectura clara”
Para los inversores, la oferta de recompra de bonos de Ecuador para reducir vencimientos de corto plazo es una señal positiva, y también podría servir como un posible modelo para Argentina.
“La última transacción de Ecuador es una lectura clara de cómo podría reaccionar la curva de Argentina a una operación bien diseñada de gestión de pasivos”, señaló Mauro Favini, gestor sénior de cartera de Vanguard. “Argentina claramente está mejorando, pero hasta que no extienda su perfil de deuda mediante una transacción similar a la de Ecuador, al mercado le costará ajustar significativamente la curva”.
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Argentina ha evaluado su regreso a los mercados desde que la victoria de Milei en las elecciones legislativas ayudó a llevar los diferenciales de rendimiento hacia la zona de 550 puntos básicos. Si bien el rally permitió una ola de emisiones corporativas y provinciales, el soberano aún no ha probado la demanda y recurrió, en cambio, a un acuerdo de recompra con bancos para cubrir los pagos de enero.
Mientras tanto, el banco central argentino ha estado comprando dólares para reconstruir sus escasas reservas de divisas, una de las principales preocupaciones de los inversores en deuda. Si bien la entidad realizó compras sustanciales en enero, podría querer mostrar más avances antes de lanzar una operación.
“Nuestra impresión es que ellos quieren mostrar varios miles de millones de compras antes de salir al mercado, y también están muy enfocados en bajar el country risk antes de lanzar la operación”, dijo Walter Stoeppelwerth, director de inversiones de Grit Capital Group. “No es tan fácil como lo de Ecuador. Por definición, es un swap gigantesco” el de Argentina.

Las autoridades han intentado moderar las expectativas sobre el regreso de Argentina. El ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que quiere reducir la dependencia del país de Wall Street. Milei afirmó recientemente que “lo único para lo que iríamos a los mercados internacionales sería para ‘rollear’”.
Eso contrasta fuertemente con el período 2016-2018 bajo la presidencia de Mauricio Macri, la última vez que Argentina tuvo amplio acceso a los mercados, en lo que terminó siendo un auge financiado con deuda que colapsó.
Aun así, los vencimientos que se avecinan dejan poco margen de espera para Argentina. Los pagos de deuda en moneda extranjera en 2026 y 2027 suman casi US$ 43,000 millones, según cálculos de Galicia, por lo que recuperar el acceso a los mercados es crucial.
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Los rendimientos de los bonos globales argentinos con vencimiento en 2035 rondan el 9.1%, lo que mantiene al país entre los pocos créditos grandes y líquidos de mercados emergentes que aún ofrecen rentabilidades atractivas. El riesgo soberano en el mundo en desarrollo ha caído a su nivel más bajo en 13 años, reduciendo el universo de activos de alto rendimiento y elevando la demanda por créditos más riesgosos.
Todo esto sugiere que Argentina debería actuar más temprano que tarde, dicen inversores.
“Para impulsar la curva hacia una verdadera normalización y reducir los costos de financiamiento a largo plazo, Argentina necesitará una estrategia proactiva de gestión de pasivos al estilo de Ecuador”, dijo Favini. “Incluso después de cubrir sus necesidades de liquidez de 2026 vía el repo, Argentina aún necesita aprovechar la ventana de mercado actual”.








