
Un estudio elaborado por Sonda Perú sobre el mercado local de servicios de TI señala que el 45.6% de las empresas locales ya había implementado IA en 2025 y que otro 36.8% estaba en proceso de hacerlo en 2026. Además, 82% de las compañías espera aumentar su gasto en tecnología este año y más de 70% utiliza dos o más proveedores de nube. Y, aunque el sector financiero es el que mantiene el liderazgo en la demanda de servicios de TI, el Estado también empieza a aparecer, desde el 2025, como un cliente importante. ¿Qué están priorizando?
Aunque el sector financiero mantiene el liderazgo en demanda de servicios de TI, Comercio ya representa 11.4% del mercado y comienza a mostrar aplicaciones de IA menos visibles para el consumidor.
El estudio, elaborado a partir de consultas a responsables de TI de empresas con 100 o más trabajadores, también identifica una brecha en la adopción. La falta de talento especializado en IA, nube y ciberseguridad aparece como el principal freno para el crecimiento, mientras las grandes compañías avanzan más rápido que las pequeñas y medianas en el uso de analítica y herramientas basadas en datos. En servicios de IA, el mercado peruano alcanzó US$59.7 millones en 2025 y el sector financiero concentró 41.2% de esa inversión.
Comercio y manufactura, además, avanzan en automatización de soporte y mantenimiento de aplicaciones, mientras minería y energía combinan nube pública con arquitecturas Edge para operar en sitios remotos.
El Estado, un “gran comprador” de tecnología
Héctor Domingo Bravo, director regional de Tecnologías Disruptivas de Sonda, compañía integradora de tecnología con operaciones en Perú desde hace 28 años -y que para el 2026 espera crecer localmente 14% frente al 2025-, señaló que el país ya dejó atrás la etapa de descubrimiento de la IA y está entrando en una fase de adopción, con proyectos en minería, banca, retail, telecomunicaciones y sector público.
En el caso del Estado, afirmó que se está convirtiendo en un “gran comprador” de IA. Justamente, recordó que en abril de este año, el gobierno peruano aprobó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) para el periodo 2026–2030, con el fin de transformar el Estado digital en un Estado inteligente.
Uno de los proyectos más relevantes de Sonda en el sector público es el trabajo con la Sunat. La compañía la está apoyando en la modernización de sus aplicaciones, un proceso que cobra importancia a medida que crece la demanda por servicios digitales. La meta no es solamente actualizar sistemas, sino dejarlos preparados para incorporar inteligencia artificial y nuevas capas de ciberseguridad.

El siguiente paso será más visible para el ciudadano. Bravo anticipa la incorporación de agentes de IA capaces de orientar y atender trámites públicos, desde licencias y certificados hasta otros servicios digitales.
“Los primeros casos en el Estado peruano ya se están construyendo sobre procesos existentes, donde la IA permite acelerar el desarrollo y mantenimiento de software y preparar las aplicaciones para incorporar nuevas capacidades”, mencionó a G de Gestión.
El avance hacia la nube, sin embargo, ha abierto una pregunta que ganó peso con la expansión de la inteligencia artificial en el Estado: ¿dónde deben permanecer los datos sensibles?. “En proyectos con entidades públicas, la discusión se empieza a enfocar en el control y resguardo de la información de los ciudadanos”, señala.
En la ONPE, dice, el desafío pasa además por definir qué información puede trasladarse a la nube y cuál debe permanecer bajo mayor control. La tendencia apunta así a combinar nube pública e infraestructura local, especialmente cuando se trata de datos sensibles.
De hecho, el estudio de Sonda identifica una expansión del modelo multicloud -tener más de un proveedor de nube- entre las empresas peruanas. Tener más de un proveedor permite distribuir cargas según las capacidades de cada plataforma y, al mismo tiempo, responder a restricciones de gobernanza de datos, señaló el ejecutivo.

El avance en retail
Comercio es otro de los sectores donde esa transformación ocurre con rapidez, aunque buena parte de sus efectos no sea evidente para el consumidor. Bravo considera que esta industria ha sido una de las que mejor ha aprovechado la IA, inicialmente para resolver problemas logísticos: la optimización de rutas, la planificación de despachos y la agrupación de pedidos han permitido acortar los tiempos de entrega. “Antes de la pandemia un pedido podía tomar varios días o semanas, dependiendo de la distancia, hoy pueden ser horas. No nos damos cuenta del salto proque lo estamos normalizando”, refirió.
El siguiente salto está en los inventarios y los precios. Los comercios ya están usando IA, agentes y robótica para conocer en tiempo real sus existencias, anticipar cuándo un producto se agotará y coordinar su reposición. A esto se suman la estrategia de pricing, que permiten ajustar las ofertas según la demanda y el inventario disponible.
“El objetivo en este sector es que el producto esté disponible, llegue más rápido y tenga un precio competitivo. La tecnología, por tanto, se convierte en una herramienta para ganar participación de mercado y no solo para reducir costos”, explicó.
Retorno de la inversión en IA en empresas
El retorno también empieza a medirse con mayor rapidez. Sonda estima que una persona puede elevar su productividad entre 25% y 40% con herramientas de IA, aunque el impacto agregado depende de cuántos procesos se hayan automatizado. En cuanto a la inversión por parte de empresas, Bravo aseguró que los proyectos de IA suelen plantearse con retornos menores a 12 meses y que algunos pueden alcanzarlos en seis o incluso cuatro meses.
“El stopper más grande no es el costo, no es la tecnología, no es el talento, es la decisión y la cultura”, afirma. La otra condición son los datos: sin información disponible, ordenada y bajo una adecuada gobernanza, las empresas no pueden extraer todo el valor de la IA.
De cara a 2027, el cambio estaría menos relacionado con la llegada de nuevas tecnologías que con su incorporación a operaciones que ya existen. En el Estado, esto implica modernizar sistemas como los de Sunat y avanzar hacia asistentes capaces de facilitar trámites; en entidades como la ONPE, definir qué información puede migrar a la nube; y en Comercio, profundizar el uso de IA en inventarios, precios, logística y atención. El desafío será convertir esas herramientas en mejoras concretas de productividad y servicio.








