
Las juntas de ahorro, populares hasta la década pasada en el país, han perdido notoriedad, ¿qué hay detrás de ese viraje?
Las juntas tuvieron que enfrentar, tanto por la evolución del sistema financiero como la variación en las dinámicas sociales.
Tiempo atrás, las juntas ganaron protoganismo como un sistema de ahorro que puede iniciarse, idealmente, entre personas de confianza y/o cercanía.
Estos sistemas colectivos se organizan entre compañeros de trabajo, vecinos o familiares. De forma periódica, por ejemplo, cada mes, todos aportan el mismo monto. Así, el pozo conseguido se asigna a un participante distinto en cada “ciclo”.
Las juntas de ahorro, según Arturo García, docente de Esan, se hicieron más frecuentes desde los 80.
Posteriormente, sobrevino la crisis de hiperinflación y el shock de los 90, etapa que no fue favorable para que ese tipo de ahorro se expandiera, pues, en principio, los que participan necesitan tener la capacidad de generar un excedente.
“Las juntas eran una forma de ganarle a la inflación (a finales del siglo pasado, cuando el alza de precios no estaba tan controlada). Ahora, si bien existen muchas alternativas (de ahorro como depósitos a plazo y fondos mutuos), las juntas no dejan de tener un atractivo porque es una forma de crear un hábito de ahorro periódico forzoso”, sostuvo el economista.

Ingreso adicional
Este mecanismo contempla que, con cierta frecuencia, por ejemplo, mensual, un participante de la junta reciba el dinero reunido, por sorteo o por asignación directa. Esto último puede suceder si una persona solicita, ante una necesidad extraordinaria, recibir el pozo por adelantado, quizás en octubre próximo, y los otros ahorristas lo aprueban (normalmente el individuo que organiza la junta recibe el primer pozo).
Lo anterior representa un ingreso adicional que recibe la persona en un determinado periodo, como cuando se obtiene un crédito.
Anteriormente, el acceso al financiamiento era mucho más complicado en el país. En los 90, era un proceso que demandaba tiempo y presencia física (colas), y la aprobación podía demorar varios días e incluso semanas.
Sin embargo, desde los 2000 eso cambió paulatinamente, pues los expedientes que antes eran físicos comenzaron a digitalizarse. Entre el 2005 y el 2010, los bancos fortalecieron sus plataformas de banca por Internet, desde donde los usuarios podían comenzar a hacer algunas operaciones.
Un hito más se da entre el 2012 y el 2015, cuando las aplicaciones bancarias comenzaron a ganar cada vez más usuarios. Luego, entre el 2015 y 2020 se dio una transición aún más importante cuando las primeras ofertas de crédito tuvieron lugar a través de este canal de la banca móvil.
A ello se sumó el hecho de que cada vez un mayor número de peruanos empezaron a recibir sus ingresos en una cuenta en el banco. Antes, más trabajadores cobraban y usaban solo efectivo.
La fase de digitalización actual tiene como protagonistas a las billeteras móviles. En el 2022, Yape otorgó los primeros créditos digitales.
Surgió así una alternativa más rápida, de incluso segundos, para acceder a un crédito, en desmedro de lo que implica participar en una junta con el objetivo de recibir una suma fuerte, a la que recién se podría acceder en varios meses, de acuerdo al sorteo o asignación fijados.

Dinámica social
Pero la menor popularidad de las juntas hoy también se explica por las dinámicas sociales. Muchas personas poseen un trabajo híbrido o 100% remoto y por ello no forjan una relación con sus compañeros de trabajo como si convivieran con ellos ocho horas seguidas o más durante cinco días de la semana.
“Las juntas son un motivo para organizar reuniones periódicas”, dice García. Se puede pensar, por ejemplo, en un grupo de señoras que todos los meses se juntan a tejer y, a su vez, reúnen un pozo.
El docente enfatiza que las juntas no han perdido todo su atractivo, pues permiten trazar objetivos de ahorro, por ejemplo, para un emprendimiento, y quien recibe lo recaudado no debe devolverlo pagando una tasa de interés. Sin embargo, lo que antes se aportaba en efectivo hoy se puede hacer por Yape y otras app.
De este modo, las juntas no han desaparecido. Puede que resuenen menos y algunas han cambiado de forma: ahora son digitales.
Gastos
Las microempresas pagan, en promedio, una tasa de interés en las cajas municipales de 40% anual. Además, en tarjetas de crédito se puede superar el 100% anual en bancos. “El objetivo de las juntas antes quizás era ganarle a la inflación, pero ahora es una forma de ganarle al alto costo del crédito”, resume Arturo García, de Esan.

Economista con trayectoria en periodismo y medios digitales.








