
La independencia del banco central estadounidense es un pilar fundamental para el sistema financiero global.
Durante meses, Jay Powell mantuvo la calma y siguió adelante a pesar de las intensas presiones de Donald Trump para que bajara las tasas de interés más rápidamente. El domingo, los fiscales estadounidenses iniciaron una investigación penal contra el presidente de la Reserva Federal (FED) en relación con la remodelación de la sede del banco central, valorada en US$ 2,500 millones.
Powell — quien se unió a la Fed en 2012 y fue nombrado presidente por Trump en 2018 — finalmente lanzó una acusación directa contra el presidente estadounidense. Afirmó que la amenaza de cargos penales en su contra se trataba de ver si la Fed seguiría fijando las tasas de interés basándose en datos objetivos o si lo haría “por presión política o intimidación”. Tras una serie de enfrentamientos, la Casa Blanca ha declarado la guerra a la Reserva Federal.
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Es posible que los fiscales hayan encontrado inconsistencias en el testimonio de Powell ante el Congreso el año pasado sobre las renovaciones de la Fed, que superaron con creces el presupuesto previsto. Trump ha negado cualquier participación en las citaciones del Departamento de Justicia. Pero recientemente había sugerido que el presidente de la Fed podría enfrentarse pronto a una “demanda” por incompetencia. A menos que se demuestre lo contrario, gran parte del sector financiero y político estadounidense asumirá que la Casa Blanca está utilizando las agencias de aplicación de la ley para socavar la independencia de la Fed.
Incluso después de las conmociones del año pasado y el acoso repetido de Trump a la Federal Reserva — incluyendo los intentos de despedir a Lisa Cook, miembro de la Fed, por un supuesto fraude hipotecario —, éste es un momento grave. Powell, como cualquier presidente de un banco central, puede ser acusado de haber tomado algunas decisiones de política monetaria equivocadas. Pero eso no justifica que el presidente estadounidense adopte tácticas propias de regímenes autoritarios, utilizando el sistema de justicia penal — no por primera vez — contra alguien que se niega a obedecer sus órdenes. La independencia de la Fed no es sólo un pilar vital de la gobernanza económica estadounidense, sino también un ancla de todo el sistema financiero global.
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Una peculiaridad es que el ataque parece totalmente innecesario. El mandato de Powell como presidente expira en mayo y el presidente ha estado considerando sucesores, entre ellos Kevin Hassett, considerado por los mercados como un títere de Trump. Esta última medida podría tener como objetivo disuadir a Powell de continuar como un miembro de la Fed, lo que permitiría a la Casa Blanca nombrar a otra figura más dócil. O simplemente podría reflejar los instintos vengativos del presidente.
En cualquier caso, es probable que estos ataques sean altamente contraproducentes. El último episodio, que aparentemente muestra lo que la administración está dispuesta a hacer para ejercer su poder sobre el banco central, podría aumentar las expectativas de inflación de los hogares y los mercados. Es probable que los inversores en bonos también eleven las primas de riesgo de la deuda estadounidense a largo plazo. El resultado será un aumento de las tasas de interés a largo plazo, que influyen en las tasas hipotecarias de EE.UU. Con el tiempo, los temores sobre la independencia de la Reserva Federal podrían combinarse con las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense y presionar aún más al alza las tasas, impulsando a su vez los rendimientos globales.

Si el presidente finalmente logra influir en la Reserva Federal para que realice recortes excesivos de las tasas de interés, con la ayuda de un presidente de la Fed complaciente y la presión sobre otros miembros del comité, la inflación podría aumentar aún más. El crecimiento económico estadounidense es robusto y las presiones inflacionarias derivadas de la política arancelaria de Trump siguen siendo motivo de preocupación.
Aunque el oro subió y el dólar y las acciones estadounidenses cayeron a primera hora el lunes, los mercados reaccionaron con menos intensidad que cuando Trump impuso sus aranceles del “Día de la Liberación” el año pasado. Los inversores podrían estar suponiendo que los casos legales de la Casa Blanca fracasarán, o que hay suficientes miembros con derecho a voto en el comité de la Reserva Federal para evitar una flexibilización excesiva de la política monetaria.
No deberían ser demasiado optimistas, y Wall Street debería pronunciarse con claridad. Una importante caída del mercado, una intervención del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, o el bloqueo de los nombramientos de la Reserva Federal por parte del Congreso podrían frenar el ataque del presidente. Pero con este último ataque, Powell tiene razón: Trump ha enviado una clara señal al próximo presidente de la Reserva Federal — y a otros responsables de la política monetaria — de que no se tolerarán las decisiones sobre las tasas de interés que se tomen independientemente de sus deseos. Y cuando se trata de salirse con la suya, las leyes y las convenciones no son un obstáculo para este presidente estadounidense.









