
Mucho antes de que el café peruano ganara premios internacionales o apareciera en cafeterías de especialidad, Antonio Huancaruna Saavedra recorría caminos del norte del país comprando y trasladando sacos de café en un viejo camión. Lo que inició como un pequeño negocio regional en Cajamarca durante la década de 1960 terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en Perales Huancaruna S.A.C. (Perhusa), uno de los actores históricos de la exportación cafetera peruana y grupo detrás de la marca Altomayo.
Fundada formalmente en 1964, creció de la mano de pequeños caficultores de Amazonas y Cajamarca. A diferencia de otros negocios regionales de la época, los Huancaruna no se limitaron únicamente al acopio del grano. Desde temprano entendieron que el verdadero potencial del café peruano estaba fuera del país.
La razón social Perhusa nació precisamente de la unión de los apellidos Perales y Huancaruna, familias que terminaron construyendo uno de los mayores grupos cafeteros del país.
“Los Huancaruna Perales construyen su fortuna empresarial mediante una integración vertical y una visión exportadora”, explica José Manuel Carrasco Weston, profesor de historia económica y empresarial de la Universidad del Pacífico. La familia pasó rápidamente “de ser recolectores, con una camioneta, a convertirse en el nexo principal entre miles de cafeicultores peruanos y los mercados de Europa y Estados Unidos”.

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Una fortuna que empezó con una promesa de palabra
Su crecimiento, sin embargo, no estuvo respaldado inicialmente por un fuerte financiamiento bancario. Julia Velarde, docente de la Universidad de Lima (UL), señaló para Gestión que la expansión del negocio se sostuvo mediante la reinversión de utilidades y un esquema de crédito comercial basado en la confianza entre la familia Huancaruna y los pequeños productores.
Así, en sus primeros años, Don Antonio organizó una “red de acopio” directa con caficultores de la ceja de selva norte. Velarde explicó que, al no contar con un gran apalancamiento bancario tradicional durante las décadas de 1960 y 1970, la reputación de la familia era tal que los pequeños caficultores aceptaban entregar el grano y recibir el pago una vez concretada la venta, un esquema de confianza que permitió sostener el crecimiento inicial del negocio. Posteriormente, al ingresar a los mercados internacionales en los años 80, el crecimiento se apalancó mediante pre-ventas internacionales y créditos de campaña de la banca comercial respaldados por contratos de exportación de café verde.
En paralelo, la expansión logística del negocio familiar comenzó a consolidarse a finales de la década de 1960 y principios de 1970. La narrativa institucional de la empresa relata que Don Antonio inició recolectando café en una sola camioneta/camión viejo para sortear las rutas de la selva alta.
Fue exactamente en 1970 cuando, con la incorporación formal de la segunda generación familiar—incluyendo a Don Olivio Huancaruna—, la empresa expandió su flota para recolectar a escala interprovincial y posicionarse sólidamente en el suministro de café verde en el mercado peruano.
El viaje a Alemania que cambió el rumbo de Altomayo
Uno de los momentos decisivos en la historia del grupo ocurrió cuando Ricardo y Olivio Huancaruna Perales —segunda generación de la familia— viajaron a Alemania para estudiar administración y finanzas. Esa fue la decisión que terminó redefiniendo el rumbo de la empresa, ya que permitió profesionalizar la gestión familiar y entender el potencial que tenía el café peruano en los mercados internacionales.
Ahora bien, el patrón educativo de los Huancaruna fue distinto al de muchas familias empresariales tradicionales de Lima. La segunda generación estudió primero en un colegio de élite provincial en Chiclayo y posteriormente viajó al extranjero para especializarse en carreras vinculadas directamente al negocio familiar.
Mientras muchas compañías peruanas seguían enfocadas únicamente en el mercado local, los Huancaruna empezaron a mirar hacia Europa. A finales de los años ochenta e inicios de los noventa abrieron una filial en Alemania y comenzaron a trabajar directamente con compradores internacionales interesados en cafés premium, orgánicos y sostenibles.

La apuesta coincidió además con el crecimiento mundial del consumo de cafés especiales. En paralelo, la empresa creó Cafés Especiales y Sostenibles (CEyS), iniciativa con la que buscaba trabajar junto a caficultores peruanos para elevar estándares de calidad y acceder a nichos de mayor valor agregado.
Más adelante, Perhusa fortaleció su infraestructura industrial y trasladó operaciones a Chiclayo, consolidando una red de acopio y procesamiento que le permitió recibir café de distintas regiones del país. Velarde agregó que esa expansión comenzó con la construcción de una planta de acopio y procesamiento primario en Chiclayo durante la década de 1990.
El principal salto industrial y tecnológico, no obstante, llegó en el 2000, cuando la empresa instaló y equipó su Planta Procesadora del Callao, ubicada en el fundo Bocanegra. Y es que la sede fue dotada con tecnología para la estandarización, el análisis de calidad y la posterior atomización y solubilización del café proveniente del centro y sur del país.
Durante las siguientes décadas, el grupo se posicionó entre las principales exportadoras peruanas de café verde.
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El día que Altomayo desafió a Nestlé
Hasta entonces, los Huancaruna vendían café. A partir de ese momento comenzaron a vender una marca. Velarde explicó que la decisión fue impulsada por la segunda generación de la familia Huancaruna Perales, principalmente por Olivio Huancaruna junto con sus hermanos Ricardo y Arcadio. Tras la jubilación del fundador, Antonio Huancaruna, en 1996, los hijos asumieron la gerencia con la convicción de que el Perú debía dejar de exportar únicamente café verde y comenzar a competir en el mercado de productos terminados.
En ese sentido, la especialista precisa que la marca Altomayo fue registrada a finales de la década de 1990 y que su lanzamiento comercial se consolidó en el 2002.
Un período que marcó la transformación de Perhusa de un comercializador de materias primas a una empresa industrial de alimentos. Velarde precisó que, entre 1999 y 2002, luego de más de tres décadas dedicadas al acopio, selección y agroexportación de café verde, el grupo dio el salto hacia el procesamiento de café soluble y el envasado bajo marca propia, rompiendo con el esquema tradicional de exportación.
El ingreso al consumo masivo marcó un nuevo punto de inflexión para la compañía, que hasta entonces había construido su crecimiento principalmente alrededor de las exportaciones.
La propuesta giró alrededor del concepto de “el sabor natural del café”, resaltando el origen peruano del grano, la ausencia de químicos añadidos y el uso de café arábico.

Inicialmente comercializó café molido y, posteriormente, en 2002, lanzó su línea de café instantáneo liofilizado, producto con el que logró expandirse en supermercados y bodegas del país. A juicio de Velarde, esta fue la apuesta más arriesgada en la historia del grupo, pues implicó competir directamente con Nestlé, que, según Velarde, concentraba más del 90% del mercado peruano de café soluble con sus marcas Kirma y Nescafé.
Ahora bien, para desarrollar el proyecto, el grupo destinó una inversión inicial estimada en US$5 millones a la reingeniería de la planta del Callao y a la campaña publicitaria de lanzamiento de Café Altomayo. La especialista agregó que, durante los cinco años siguientes, la inversión consolidada superó los US$12 millones, considerando el posicionamiento de la marca y la expansión de sus líneas de producción y distribución a nivel nacional.
La marca también amplió su portafolio con líneas Premium y Gourmet, elaboradas con granos cultivados en zonas altas de San Martín y Chanchamayo.
Incluso, durante los años 2000, la empresa buscó ingresar al negocio de cafeterías con Altomayo Café, cadena que llegó a operar locales en Lima y provincias para competir con marcas internacionales como Starbucks y McCafé. Velarde explicó que la cadena nació en 2009 como una estrategia de branding experiencial, integración vertical y diversificación de canales de venta. Inspirados en el auge global de las cafeterías premium, los Huancaruna buscaron llevar el producto directamente de sus campos al consumidor final mediante módulos instalados en puntos de alto tránsito, como el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez y diversos centros comerciales.
Empero, con el paso de los años, la iniciativa fue desactivada porque la empresa no logró absorber los elevados costos fijos de alquiler en ubicaciones premium y porque el negocio requería una estructura logística, operativa y de atención al cliente distinta a la de su actividad principal, basada en la exportación y la distribución masiva, sostiene la especialista.
El trago más amargo del imperio cafetero
El éxito exportador llevó a los Huancaruna a mirar más allá del café. Durante las décadas del 2000 y 2010, el grupo siguió el camino de muchas grandes familias empresarias peruanas: diversificó sus inversiones hacia nuevos sectores con la intención de ampliar su presencia empresarial.
Así, además del negocio cafetero, el grupo expandió inversiones hacia sectores como el azucarero, automotriz y logístico. Entre las empresas vinculadas figuran Agro Pucalá, Agrícola San Juan y Tracks and Motors del Perú, representante de la marca Scania.
Velarde consideró que esa diversificación terminó convirtiéndose en uno de los mayores desafíos estratégicos del grupo. A su juicio, Perhusa desvió parte de sus recursos financieros y humanos hacia negocios alejados de su principal ventaja competitiva: el procesamiento y la exportación de café premium.
El caso más complejo fue el ingreso a la Empresa Agroindustrial Pucalá en el 2006, cuando el Grupo Huancaruna, a través del Consorcio Líder Azucarero del Norte, adquirió una participación mayoritaria en la azucarera lambayecana. En su análisis, Pucalá resultó ser “un pozo sin fondo financiero”, convirtiéndose en un negocio que absorbió importantes recursos financieros del grupo debido a las deudas concursales, las disputas judiciales por la administración, las huelgas y los continuos conflictos internos, inmovilizando millones de dólares en activos y afectando su desempeño.
Otro de los factores clave en la consolidación de la empresa fue la transición generacional. Antonio Huancaruna dejó el liderazgo del negocio en manos de sus hijos en 1996 y actualmente la tercera generación, representada por Arcadio Huancaruna, ya participa en áreas vinculadas a automatización, sostenibilidad y digitalización del negocio.

A esos retos se sumó la crisis provocada por la roya amarilla entre 2013 y 2014. Velarde explicó que la enfermedad afectó más del 40% de las plantaciones de café en el país y golpeó la cadena de suministro de Perhusa como uno de los principales exportadores nacionales. En paralelo, añadió, el desgaste financiero y reputacional derivado de Pucalá llevó al grupo a reestructurar su estrategia, desinvertir en activos no estratégicos y volver a concentrar sus esfuerzos en la agroexportación especializada y el desarrollo de cafés orgánicos y sostenibles de mayor valor agregado.
No obstante, el grupo también enfrenta nuevos desafíos. Tras liderar las exportaciones peruanas de café en 2024, Perhusa descendió hasta el puesto 16 del ranking exportador durante el primer trimestre de 2026, con envíos valorizados en US$2.6 millones FOB.
Un retroceso que podría responder a un proceso de “reajuste y reacomodo” propio de los grupos familiares empresariales, donde factores como la sucesión generacional y el contexto económico suelen impactar directamente en el negocio.
Más datos sobre Perhusa
- Origen. Antonio Huancaruna Saavedra inició el negocio cafetero recorriendo rutas del norte peruano comprando y comercializando café en granos.
- Fundación. Perhusa fue creada formalmente en 1964 junto a pequeños caficultores de Amazonas y Cajamarca.
- Alemania. La segunda generación familiar estudió administración y finanzas en Alemania, país donde posteriormente abrieron una filial para fortalecer su expansión exportadora.
- Marca Altomayo. La línea de consumo masivo nació a inicios de los años noventa para competir en el mercado peruano del café.
- Café instantáneo. En 2002, la empresa lanzó su línea de café instantáneo liofilizado en presentaciones de vidrio y lata.
- Exportaciones. Actualmente Perhusa exporta café peruano a más de 15 países, entre ellos Estados Unidos, Alemania y Bélgica.
- La plaga de la Roya Amarilla (2013-2014): Un hongo fitopatógeno que devastó más del 40% de las plantaciones de café en el Perú. Al ser Perhusa el mayor exportador del país, su cadena de suministro se quebró drásticamente, obligándolos a renegociar pasivos financieros de emergencia con la banca nacional.
- El colapso del negocio azucarero (Caso Pucalá): El desgaste legal y reputacional de la azucarera obligó a la familia Huancaruna a iniciar un proceso de desinversión en activos no estratégicos y volver a enfocarse exclusivamente en lo que sabían hacer: la agroexportación especializada y el desarrollo de cafés orgánicos y sostenibles de alta calidad.

Comunicadora y periodista. He sido redactora de Economía en diario La República, Negocios en América Economía, y actualmente para Negocios en diario Gestión. Asimismo, me desempeño como Asistente de Docencia en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).








