
Hoy la economía del Perú registra varios vientos favorables: empleo formal en expansión, precios altos de exportación y una inversión privada cada vez más alentadora. Sin embargo, el impulso no se traduce en un crecimiento acelerado del Producto Bruto Interno (PBI).
Así lo identificó Diego Macera, director de Instituto Peruano de Economía (IPE), durante el evento “Perspectivas Económicas y Políticas 2026”, que se desplegó a propósito del Desayuno Empresarial del Sector Construcción, organizado por Cámara Peruana de la Construcción (Capeco).
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Predictibilidad en juego
Para Macera, el país atraviesa uno de los mejores contextos externos de las últimas décadas, con términos de intercambio históricamente altos impulsados por los metales.
“Con la subida de los precios [internacionales], sobre todo del cobre y oro, el Perú debería estar creciendo cómodamente por encima del 4%, pero no se refleja [en la economía] básicamente por problemas políticos. El Perú debería estar liderando, de lejos, en la región”, sostuvo.
Para que ello ocurra, indicó, debería bastar con un entorno político al menos predecible y con instituciones funcionales.
“En términos puramente económicos, bastaría que alguien mantenga un cierto nivel de predictibilidad y dos dedos de frente. Si a ello se le suma un Senado medianamente potable, debería ser más que suficiente para que el Perú crezca por encima del 4%”, remarcó.
Añadió: “Que ese alguien [que llegue a la presidencia del Perú] no nos proponga los cambios de Constitución que hemos escuchado en el pasado. Con eso, el Perú debería estar caminando por encima del 4% y cerrando brechas en serio”.
“La situación política ha deteriorado mucho nuestro potencial de crecimiento. [...] Con este ritmo de cambio de autoridades es bien complicado tener políticas de largo plazo medianamente consistentes”, insistió.

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Perfil del votante
Al análisis del vocero del IPE se sumó Juan José Garrido, PhD y fundador y CEO de Options Lab, quien advirtió que la volatilidad política y la fragmentación del poder generan un entorno de incertidumbre que dificulta tomar ventaja del escenario externo.
En ello además detectó que la información política circula principalmente en entornos digitales, lo que da más influencia a jóvenes dentro de las decisiones familiares del voto.
“Hace 30 años, las decisiones políticas se tomaban en la mesa familiar, en la cabecera. Podemos recordar a nuestros abuelos o a nuestros papás diciéndonos por quién votar y por quién no votar. Hoy en día pasa lo contrario [...], son los chicos los que sacan el celular y les dicen a los padres de qué va la cosa. Uno está hablando de cualquier tema, la guerra con Irán, los problemas de agua o desagüe, y automáticamente sale el celular en la mano de alguno de los chicos y en dos minutos nos corrige con Google o ChatGPT”.
Subrayó, en esa línea: “La nueva realidad digital va a guiar mucho el voto de los jóvenes y es por eso que hay que hacerle mucho seguimiento a qué es lo que están viendo estos dos rangos etarios (millennials y generación Z)”.
Para ambos especialistas, finalmente, el principal obstáculo para el crecimiento no está en la economía, sino en la capacidad del sistema político para ofrecer estabilidad y reglas previsibles.









