
El aseguramiento total de la población en el Seguro Integral de Salud (SIS) y el aumento del presupuesto público en salud no bastan para mejorar el sistema, revela un reciente informe presentado por Videnza Consultores durante el foro “Salud sin espera”, organizado junto a la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos en Latinoamérica (ALAFAL).
Aunque en las últimas décadas la política sanitaria en el país viene estando enfocada en ampliar el aseguramiento, este proceso no funciona eficientemente en la atención oportuna, diagnóstico temprano, seguimiento y acceso a medicamentos de manera continua.
Según el informe “Del aseguramiento al tratamiento”, solo el 44% de los medicamentos prescritos son efectivamente entregados a los pacientes, es decir, más de la mitad de estas medicinas no son cubiertas, generando complicaciones financieras y de salud a los asegurados.
“Lo que falla es la continuidad del sistema y cuando no se entregan medicamentos, lo que vemos es que el paciente recurre a la farmacia, que es el primer lugar de atención ante presencia de enfermedad para el 40% de los pacientes. En la farmacia se gasta de bolsillo y como no siempre se puede gastar de bolsillo se interrumpe el medicamento, lo que puede llevar a complicaciones”, explicó Janice Seinfeld, directora ejecutiva de Videnza Consultores.
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Diabéticos e hipertensos, los más afectados
El impacto es mayor en enfermedades crónicas. Por ejemplo, en diabetes se tienen aproximadamente 950 mil pacientes asegurados, pero solo el 38% cuenta con diagnóstico registrado, y un 18% recibe monitoreo clínico adecuado. Con ello, apenas el 5% de diabéticos en el SIS -equivalente a cerca de 48 mil personas- accede a un tratamiento farmacológico adecuado.
La situación es similar en hipertensión. Según Videnza, de un total de 2.5 millones de pacientes estimados con esta enfermedad, solo el 5% recibe monitoreo clínico adecuado y apenas el 2% recibe la medicación.
Esto significa que de cada 100 pacientes con enfermedades crónicas, entre dos y cinco asegurados en el SIS reciben sus medicamentos de acuerdo a lo que establece la guía de práctica clínica.
Con esas estadísticas se estima que actualmente, a nivel general, el gasto de bolsillo realizado por los hogares peruanos representa alrededor del 30% del gasto total en salud, pese al incremento del presupuesto público del sector en los últimos años. Del 2018 al 2026, el presupuesto ha aumentado en 75%, aunque los suministros médicos solo representan alrededor del 8% de esos recursos.
“Este aumento del presupuesto no ha sido suficiente para ir cerrando las brechas de atención y esto nos pone ante una situación bastante incómoda que tenemos que enfrentar. El problema no es solamente financiero, es cómo este sistema transforma el financiamiento en atención efectiva”, resaltó Seinfeld.
Uno de los grandes problemas es que el sistema de salud peruano continúa orientado a enfermedades infecciosas y atenciones episódicas. Sin embargo, actualmente el 79% de la carga de enfermedad proviene de enfermedades no transmisibles como la diabetes, la hipertensión, el cáncer y enfermedades cardiovasculares, mientras que para 2050 se proyecta un fuerte incremento de la población adulta mayor.

Un sistema fragmentado
Lo cierto es que un mayor presupuesto en el sector público no implica una mejor atención, pues los principales problemas se deben a que el sistema de salud está muy fragmentado en sus cuatro etapas: programación, adquisición, gestión de inventarios, indicadores de uso.
“Por un lado se programa, por otro lado se adquiere, por otro lado se gestionan los inventarios, por otro lado se da la prescripción y la dispensación. Cada uno de estos procesos se da con sus propias lógicas, con sus propios incentivos, con sus propios sistemas de información que no conversan entre sí”, sostuvo Seinfeld.
La directora ejecutiva de Videnza explicó que la programación de medicamentos todavía se basa en el consumo histórico y no en las necesidades reales de salud de la población, lo que impide anticipar la demanda efectiva y la continuidad terapéutica.
Asimismo, cuestionó la fragmentación de las compras públicas, realizadas por más de 230 unidades ejecutoras con escasa coordinación.
“Eso nos genera pérdidas de economía de escala, de capacidad de negociación, procesos mucho más lentos y no se da continuidad al tratamiento. Necesitamos una estrategia de compra. Hay múltiples herramientas, el Estado tiene la capacidad de negociar para poder tener más medicamentos al menor costo posible”, señaló.
Otro de los problemas identificados es la logística pues existen debilidades en trazabilidad, almacenamiento, distribución y monitoreo en tiempo real de los stocks. Aunque el sistema mide la disponibilidad de medicamentos, no revisa si los pacientes realmente reciben sus recetas completas.
Ante a este escenario, Videnza propone reformas orientadas a garantizar continuidad terapéutica, incluyendo receta electrónica interoperable, monitoreo en tiempo real, trazabilidad de medicamentos, fortalecimiento del primer nivel de atención y financiamiento basado en resultados clínicos.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.







