
El consumo privado se ha consolidado como uno de los principales motores de la economía peruana. Luego de crecer en el 2025 al mayor ritmo en siete años, excluyendo el rebote pospandemia, distintos indicadores muestran un dinamismo sostenido en la primera mitad de este año.
Este resultado se sostiene en el crecimiento del empleo y los ingresos, así como una mayor disponibilidad de financiamiento. Sin embargo, en los próximos meses, el consumo enfrenta riesgos importantes por el alza de precios y el impacto del fenómeno de El Niño de intensidad fuerte y prolongado hasta inicios del 2027.
Aun así, todavía con estos riesgos latentes, el Instituto Peruano de Economía (IPE) estima un crecimiento del consumo privado de 3.6% en este 2026, similar al ritmo del año previo.
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Dinamismo laboral y del crédito
El avance del consumo responde, en buena parte, a un mercado laboral más dinámico. Entre enero y mayo, se crearon 262 mil puestos de trabajo formales adicionales, un ritmo cercano al registrado durante todo el 2025 (283 mil), cuando el empleo formal anotó su mayor crecimiento en 13 años.
Este desempeño, junto con la continua mejora de los ingresos laborales, ha fortalecido la capacidad de gasto de los hogares. En paralelo, la liberación de fondos de AFP elevó transitoriamente los ingresos disponibles, aunque a costa del ahorro para la jubilación.
Este contexto ha favorecido una mayor demanda por financiamiento y mejores condiciones de pago. En mayo, los créditos de consumo crecieron 9.9%, su mayor ritmo desde noviembre del 2023, mientras que la morosidad de esta cartera se ubicó en su segundo nivel más bajo desde febrero del 2012.

Según el Banco Central de Reserva (BCR), este dinamismo responde principalmente al aumento del número de deudores, impulsado por créditos de bajo monto otorgados a través de canales digitales.
El mayor gasto de los hogares también se refleja en las importaciones de bienes de consumo, que acumulan casi siete trimestres consecutivos de crecimiento a doble dígito, según el BCR.
En particular, las importaciones de bienes duraderos –como vehículos, electrodomésticos y muebles– acumularon un incremento de 43% entre enero y mayo. El aumento fue impulsado principalmente por vehículos livianos, cuyas ventas locales aumentaron 38% en el mismo periodo, según la Asociación Automotriz del Perú.
A ello se suma el desempeño del comercio interno: entre enero y abril, las ventas crecieron 8% interanual en términos reales, impulsadas por supermercados y tiendas por departamento, según el Ministerio de la Producción (Produce).
Perspectivas y retos
Las perspectivas para el consumo privado continúan siendo favorables. El mercado laboral mantiene un desempeño sólido: en Lima Metropolitana, el empleo total creció 6.7% en mayo, su mayor ritmo desde el 2010. Mientras, la tasa de desempleo descendió a 5%, el nivel más bajo desde que existe registro (2001).

Por su parte, el dinamismo del empleo formal, que creció 4.3% a mayo, continuará impulsando los ingresos y fortaleciendo la capacidad de gasto de las familias.
No obstante, el consumo enfrenta riesgos que podrían moderar su dinamismo. Por ejemplo, el encarecimiento de los combustibles, tras el alza del precio internacional del petróleo, eleva el costo de la canasta básica. Así, al cierre de junio, los precios del gasohol en Lima Metropolitana fueron 20% más altos que hace un año.
Como resultado, la inflación se ubicó por encima del rango meta del BCR por cuatro meses consecutivos. En ese contexto, el Índice de Confianza del Consumidor de Apoyo Consultoría volvió a ubicarse en terreno pesimista durante el segundo trimestre, luego de haber ingresado al tramo optimista a inicios de año por primera vez desde el 2019.
A ello se suma la amenaza de El Niño. Las potenciales lluvias intensas a fines de este 2026 e inicios del 2027 afectarían principalmente a la costa norte, mientras que la zona sur estaría expuesta a sequías.

En el 2023, el 11% de los hogares reportó haber sufrido pérdidas económicas causadas por desastres naturales, proporción que asciende a 17% en la sierra centro y 34% en la sierra sur.
Además de los daños directos sobre las viviendas y el patrimonio de las familias, el impacto sobre sectores como el agro y la pesca afectará los ingresos de los más vulnerables, limitando su capacidad de consumo.
El desafío de consolidar el consumo de los hogares
Por Paola Herrera, economista senior del IPE
El mayor dinamismo del consumo de los hogares es una señal positiva para la economía, pero debe hacernos recordar que su sostenibilidad depende de que las mejoras observadas en el empleo, los ingresos y el acceso al crédito no sean interrumpidas por nuevos choques.
En los próximos meses, el principal riesgo proviene de los fenómenos climáticos, especialmente en las zonas más vulnerables. Prevenir y atender oportunamente estos impactos debe ser una prioridad inmediata del próximo Gobierno.

Sin embargo, fortalecer la capacidad de gasto de las familias también exige enfrentar desafíos de larga data. El acceso a empleos formales y mejor remunerados sigue siendo limitado para la mayor parte de la población, mientras que muchas empresas aún enfrentan barreras que dificultan su crecimiento y la generación de empleo de calidad.
A ello se suma la vulnerabilidad de sectores como el agro, donde los niveles de pobreza son más elevados y la exposición a choques climáticos es constante.
Consolidar el bienestar de los hogares exige combinar una respuesta efectiva frente a las emergencias con reformas que impulsen la productividad y los ingresos de manera sostenida.

Desde hace más de treinta años, el IPE es un actor clave en la discusión de propuestas para fortalecer las políticas públicas y el entorno económico, contribuyendo al desarrollo del país. El Instituto Peruano de Economía (IPE) es un centro de investigación sin fines de lucro orientado a la acción que promueve el desarrollo del Perú.







