
En escenarios de incertidumbre económica y volatilidad cambiaria, la discusión sobre invertir en soles o en dólares suele centrarse en la evolución del tipo de cambio. Sin embargo, este enfoque puede resultar limitado.
La decisión no debería basarse en anticipar movimientos del dólar, sino en estructurar un portafolio coherente con la realidad financiera del inversionista y el contexto macroeconómico. “La dolarización del portafolio no debe responder a eventos coyunturales ni a movimientos temporales del mercado. Debe partir de un análisis integral de los ingresos, gastos, obligaciones financieras y objetivos de cada inversionista”, señala André Quevedo, gerente general de Grupo Coril SAB.
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Desde una perspectiva patrimonial, la moneda del portafolio cumple un rol estratégico en la gestión de riesgos. No solo influye en la rentabilidad esperada, sino también en la exposición a variaciones del tipo de cambio, la inflación y las condiciones financieras locales e internacionales. Por ello, una decisión adecuada requiere evaluar simultáneamente variables microeconómicas —propias del inversionista— y factores macroeconómicos.
El primer eje de análisis es la estructura financiera personal o empresarial. La coherencia entre la moneda de los ingresos, los gastos y las obligaciones es fundamental para evitar descalces cambiarios. Una persona o empresa con ingresos en soles y compromisos en la misma moneda no necesariamente se beneficia de una dolarización elevada, ya que asumiría un riesgo adicional sin un propósito claro. En cambio, quienes generan flujos en dólares o mantienen pasivos en esa moneda pueden requerir una mayor exposición para equilibrar su posición.
El segundo eje es el entorno económico. Factores como la inflación, las tasas de interés y la política monetaria del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) determinan el atractivo relativo de cada moneda. En escenarios de estabilidad macroeconómica y tasas competitivas en soles, los instrumentos en moneda local pueden ofrecer retornos reales atractivos. Por el contrario, en contextos de mayor volatilidad global o fortalecimiento del dólar, la exposición parcial a activos en moneda extranjera puede funcionar como mecanismo de cobertura.
Un tercer elemento clave es el horizonte de inversión. No es lo mismo gestionar liquidez de corto plazo que estructurar un portafolio de largo plazo. En horizontes más amplios, la diversificación por monedas permite mitigar riesgos asociados a ciclos económicos y eventos externos, evitando depender de una sola variable como el tipo de cambio.
En esa línea, la diversificación se posiciona como el principio central de una estrategia eficiente. Más que optar por una dolarización total o una exposición exclusivamente en soles, la combinación de ambas monedas permite equilibrar riesgos, proteger el poder adquisitivo y aprovechar oportunidades en distintos mercados.
Finalmente, el especialista refiere que el perfil de riesgo del inversionista condiciona el nivel de exposición adecuado. Factores como la tolerancia a la volatilidad, la capacidad de asumir pérdidas temporales y los objetivos financieros deben incorporarse en la decisión. La gestión patrimonial no responde a una fórmula única, sino a una construcción progresiva basada en disciplina, análisis y consistencia.
En un entorno donde múltiples variables afectan el tipo de cambio y los mercados financieros, la clave no es anticipar cada movimiento, sino construir una estrategia sólida, alineada al perfil del inversionista y orientada al largo plazo, remarcó el especialista.








