
La reciente tragedia en Nepal producida por un colapso glaciar en el Tíbet enciende las alarmas sobre el grado de exposición que tienen las localidades cercanas a nevados en nuestro país. De acuerdo con el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), a nivel nacional hay 528 lagunas con riesgo de desborde de diferente nivel (muy alto, alto, medio y bajo), lo que abarca al 6% de todas las lagunas glaciares.
El mapa de la amenaza glaciar
De este universo, 152 lagunas glaciares están con un elevado riesgo de desborde: 58 con muy alto y 94 con alto. Según el INAIGEM, la mayor cantidad se concentra en el corazón de los Andes centrales, específicamente entre las cordilleras Blanca y Central.
El riesgo se concentra principalmente en Áncash, Cusco, Junín, Lima, Puno y Huánuco, aunque el INAIGEM precisa que entre los casos de mayor riesgo están:
- Upsicocha, en la cordillera Vilcanota (Cusco), con un estimado de 111 viviendas expuestas y una ratio de riesgo de 0.99.
- Palcacocha, en la cordillera Blanca (Áncash), con 3,980 viviendas expuestas y un riesgo de 0.78.
- Checquiacocha, cordillera Blanca (Áncash), con 506 viviendas expuestas y un riesgo de 0.76.
- Tullparaju, cordillera Blanca (Áncash), con 4,198 viviendas expuestas y un riesgo de 0.75.
El estudio de INAIGEM revela que solo entre las 20 lagunas glaciares con mayor riesgo de desborde, en Áncash hay más de 15,000 familias a merced de un colapso en los nevados.
¿Puede pasar lo mismo que en Nepal?
De acuerdo con expertos internacionales, la tragedia en Nepal habría sucedido por una inundación por desborde de lago glaciar (Glacial Lake Outburst Flood, GLOF), indicador en el que Perú es considerado el tercer país con mayor riesgo a nivel mundial, según el reporte del INAIGEM.
Abraham Levy, especialista en meteorología, señala a Gestión que es “difícil saber” si Perú puede padecer una tragedia similar a la de Nepal, mas advierte que los mayores riesgos vinculados a glaciares involucran a la Cordillera Blanca y el Huascarán, donde existen antecedentes de eventos de gran magnitud.
Por ejemplo, el aluvión de Ranrahirca de 1962 y el desprendimiento ocurrido en el Huascarán el 31 de mayo de 1970 —que llevó a la desaparición de Yungay—, asociado al terremoto de ese año cuyo epicentro fue el mar de Chimbote. Estos antecedentes, dijo, muestran que se trata de un riesgo que no puede ser considerado meramente teórico.

Señala Levy que uno de los principales problemas es el margen de reacción ante un eventual desprendimiento glaciar: si una masa de hielo, roca o terreno se desprende desde una zona elevada, el desplazamiento hacia las partes bajas puede producirse en un periodo muy corto.
A mediados del 2025, el INAIGEM publicó un estudio sobre el mapa de peligros por aluvión en el área glaciar Raimondi 3 del nevado Huascarán hasta el río Santa. Las localidades de Shocosh, Apagrande, Chimpa Mancos y Mancos están en la zona de mayor exposición, seguidas por Caranca Pampa, Apachico, Queshque y Huascarán en nivel alto.
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Detrás del deterioro de los nevados se encuentran las temperaturas máximas elevadas y, por ende, la reducción de la nieve, lo que está “estrechamente asociado” con un mayor riesgo de avalanchas.
Plan de acción ante riesgos
Paola Moche, directora de Investigación en Glaciares del INAIGEM, dijo a RPP que ya se realizan evaluaciones sobre los peligros asociados a glaciares, identificándose zonas con mayor inestabilidad en el Huascarán.
A su criterio, los posibles desprendimientos desde el pico norte o sur pueden crear tragedias similares a las vividas en 1970.
“Se han identificado entre cientos a miles de personas que podrían verse afectadas por esta situación”, refiere Moche.
Añade que el INAIGEM desarrolla mapas de peligro y brinda información a los gobiernos locales junto a asistencia técnica para implementar sistemas de alerta temprana.

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El informe del INAIGEM sobre los riesgos en el Huascarán contempla la elaboración de un plan integral de señalización en puntos estratégicos ante eventuales aluviones, así como un mecanismo de vigilancia de avalanchas en el pico sur del nevado.
“Este sistema puede implementarse a partir del entendimiento de las características del peligro y la observación constante de las condiciones que podrían desencadenar un aluvión, utilizando tanto la observación directa como instrumentos tecnológicos básicos como pluviómetros, sensores, entre otros. El involucramiento activo de la comunidad permitirá su empoderamiento en la mitigación de riesgos presentes”, señalan.








