
Por José Ricardo Stok, profesor emérito del PAD. Finalmente, se concluyó el proceso eleccionario y tenemos la primera presidente del país elegida por votación popular. ¡Qué alegría y cuántas esperanzas!
Desde luego, estamos en una situación singular. Por un lado, parecen dos países en un solo territorio, lo que obliga a una esmerada labor para atender de manera prioritaria tantas carencias en la población: es necesario que haya algo de asistencialismo, eficaz y directo; pero en paralelo, debe desarrollarse el campo propicio para dar cauce a oportunidades productivas, comerciales, laborales a través de vías de comunicación seguras, de créditos en circunstancias muy especiales, canalizar producciones locales a mercados abiertos y en condiciones adecuadas.
Pero, por otra parte, no hay duda de que la naturaleza del mercado, los términos de intercambio y las perspectivas de la región favorecen enormemente al Perú: es una situación única que puede llevarnos a crecimientos del 5% al 7%.
El ansiado desarrollo será posible si se concreta uno de los lemas de Fuerza Popular, y que debe imperar en todo momento y lugar: orden. Una de las malas características del país es el extremado desorden que campea por tantos sitios, y que carcome y debilita todo esfuerzo por mejorar. Hay quienes el desorden les resulta natural; otros que se acomodan en él porque así sacan provecho; y muchos lo contemplan impávidos y casi acostumbrados… Si hay orden, habrá tiempo oportuno y paz.
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Recuerdo una frase de San Agustín: “La paz es la tranquilidad en el orden”. Una tranquilidad que no es comodidad, sino serenidad; un orden que no es exceso de reglas y normas, sino libertad con responsabilidad. En definitiva, saber hacer lo que a cada uno le compete y hacerlo bien, con integridad, con ánimo generoso y buscando siempre el bien común, atentos a las necesidades de los que nos rodean.
Es una gran oportunidad la que tenemos por delante; pero no para “ordeñarla” en exclusivo provecho propio porque eso sería mezquino. Un cauce podría ser el concepto de valor compartido, estrategia desarrollada por Porter y Kramer que, generando rentabilidad, busca atender y resolver las necesidades sociales del entorno. Se puede comenzar por la propia empresa: los trabajadores, proveedores y clientes; luego, las personas y las necesidades del ámbito inmediato donde opera la empresa; y finalmente, si hay posibilidad, condiciones y buen ánimo, atender las ingentes necesidades básicas de la población, o prestar la colaboración propia.
Viene bien recordar la frase de William Ward: “Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde”. No faltan ni faltarán dificultades: es una cualidad innegable del ámbito contingente, pero los empresarios están habituados a tomar retos. No perdamos este amanecer, generemos un entorno de realista optimismo, con trabajo serio. Hace falta una cruzada de honestidad, responsabilidad y valentía: ¡manos a la obra!






