La diferencia entre los países que convergen y los que desperdician sus oportunidades suele estar menos en el contexto externo y más en la calidad de sus decisiones internas. (Foto: Andina/ Referencial)
La diferencia entre los países que convergen y los que desperdician sus oportunidades suele estar menos en el contexto externo y más en la calidad de sus decisiones internas. (Foto: Andina/ Referencial)

El primer trimestre del 2026 dejó varias señales que explican por qué el se mantiene presionado a la baja. La creció 3.5% interanual, impulsada principalmente por la , que avanzó 6.6%, su mayor ritmo desde el 2013. La sorprendió con un crecimiento de 13.2%, destacando especialmente la inversión minera, que se expandió más de 40% en un contexto de precios históricamente altos de los metales.

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Pero quizás el dato más importante para entender la fortaleza del sol está afuera. Los términos de intercambio crecieron 35.9% interanual, impulsados por el alza del cobre, el oro y otros minerales estratégicos. El precio del oro subió más de 70%, mientras que el cobre avanzó cerca de 37%. Detrás de ello hay tendencias estructurales poderosas: expansión global de infraestructura eléctrica, crecimiento de energías renovables, construcción acelerada de centros de datos y una creciente demanda por activos refugio en medio de tensiones geopolíticas. El resultado ha sido un superávit externo pocas veces visto en nuestra historia reciente. La cuenta corriente alcanzó 4.8% del PBI en el trimestre y, en términos anualizados, llegó a 4.3% del producto, el nivel más alto desde 2006. Perú es hoy la única gran economía de la región con un superávit externo de esta magnitud.

El tipo de cambio fuerte también es un reflejo de confianza macroeconómica.
El tipo de cambio fuerte también es un reflejo de confianza macroeconómica.

Eso importa mucho para el tipo de cambio. Un país que genera más dólares de los que necesita para financiarse naturalmente fortalece su moneda. Más aún cuando las reservas internacionales bordean los USD 100 mil millones y la posición de cambio del BCRP supera los USD 67 mil millones.

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Además, el contexto financiero interno también acompaña. La liquidez del sistema sigue creciendo, el empleo formal aumenta, la masa salarial real avanza alrededor de 7% y la morosidad continúa reduciéndose. Todo ello sostiene el consumo y la inversión sin generar, por ahora, desequilibrios macroeconómicos relevantes.

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A pesar de los buenos fundamentos siempre existen riesgos que deben ser gestionados para aprovechar las oportunidades. Por ejemplo, el Perú sigue siendo una economía altamente expuesta al ciclo global de commodities. Una desaceleración abrupta en China, una caída sostenida del cobre o un fortalecimiento global del dólar podrían revertir parte del flujo positivo hacia nuestra moneda. Asimismo, los riesgos locales de deterioro institucional, populismo fiscal o trabas a la inversión podrían afectar rápidamente las expectativas y el flujo de capitales.

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La gran pregunta es si el país elegirá aprovechar la oportunidad o la dejará pasar. La realidad es que hoy el Perú está parado sobre una combinación excepcional: términos de intercambio históricamente altos, cuentas externas sólidas, inflación relativamente contenida, un sistema financiero estable y sectores exportadores altamente competitivos.

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El tipo de cambio fuerte no debería verse únicamente como una señal financiera. También es un reflejo de confianza macroeconómica y una ventana para acelerar inversión, productividad e infraestructura. Si el país logra acompañar este entorno externo favorable con políticas económicas responsables, estabilidad jurídica y una gestión pública más eficiente, el impacto sobre el bienestar de los peruanos podría ser significativo.

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El viento a favor existe y los fundamentos también. Sin embargo, la historia económica demuestra que los ciclos extraordinarios no duran para siempre. La diferencia entre los países que convergen y los que desperdician sus oportunidades suele estar menos en el contexto externo y más en la calidad de sus decisiones internas.

Javier Gamboa es vicepresidente de Estrategia y Gestión de Portafolios de RIMAC.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.

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