Postergando sus evidentes preocupaciones geopolíticas, China y la Unión Europea plantearon, en cambio, sendas aproximaciones al multilateralismo. (Foto: EFE/ Sarah Yenesel)
Postergando sus evidentes preocupaciones geopolíticas, China y la Unión Europea plantearon, en cambio, sendas aproximaciones al multilateralismo. (Foto: EFE/ Sarah Yenesel)

El secretario general, António Guterres, protagonizó su última participación en una General de la destacando lo que, a su juicio, es la causa principal de la fractura de la : la reconfiguración del poder.

El Sr. Guterres definió su expresión extrema (la guerra) como el “fracaso de la política” antes que como la “continuación de la política por otros medios” (Clausewitz). El repunte de conflictos con “base estatal”, que ha llegado a su más alto nivel desde la Segunda Guerra Mundial (PRIO), le da la razón.

El secretario general desagregó el argumento: la reconfiguración del poder ocurre hoy mediante el surgimiento de nuevos centros, su transferencia a unas pocas corporaciones y su delegación a las máquinas. Y la respuesta comunitaria depende de la disposición a restablecer el límite jurídico correspondiente, a lidiar con la concentración de la riqueza, a combatir los excesos que generan caos climático y a gobernar la inteligencia artificial.

El presidente Donald Trump ignoró el planteamiento y propuso el suyo. Lejos del rol multilateral de Estados Unidos en San Francisco, Trump destacó la consolidación del poder de la primera potencia. Y evidenció que su disposición negociadora ha sido acompañada eventualmente de alternativas catastróficas (p. ej., la destrucción de Irán si la negociación fracasa) y de concepciones decimonónicas (el acuerdo petrolero con Venezuela orientado por el lema “al vencedor pertenecen los despojos”, tan cercano a la expresión preclásica “el fuerte hace lo que puede y el débil lo que debe”). Esto podría denominarse “realismo transaccional”.

Postergando sus evidentes preocupaciones geopolíticas, China y la Unión Europea plantearon, en cambio, sendas aproximaciones al multilateralismo. La versión estratégica correspondió a China y a su particular visión del mundo, expresada en iniciativas colectivas de seguridad, desarrollo, relación entre civilizaciones y gobernanza (y apoyo al “Sur Global”).

Y la idealista correspondió al presidente del Consejo Europeo en la defensa del multilateralismo como fundamento de la ONU y como requisito para afrontar los desafíos de la paz, el medio ambiente y la inseguridad económica.

La presentación de los suramericanos, de otro lado, se fragmentó entre los que plantearon agendas abundantes en preocupaciones comunitarias (Brasil), los que han optado por las prioridades del Escudo de las Américas con preocupaciones globales (Colombia, Ecuador) y los que lo han hecho sin esta última inquietud (Perú).

En efecto, la representación peruana precisó con énfasis la lucha contra el crimen organizado pero generalizó sobre la imposición de agendas. Ello ocurrió luego de haberse abstenido en una votación que promovió, por abrumadora mayoría, la participación de la representación palestina en la Asamblea. Para el Perú la crisis del multilateralismo es más grave de lo que supone el Sr. Guterres si ésta revoca, sin argumento, posiciones históricas sobre nuestra relación con el mundo.

Alejandro Deustua es internacionalista

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