
La inteligencia artificial (IA) ya dejó de ser una promesa para convertirse en una tecnología que redefine márgenes, productividad y modelos de negocio. Sin embargo, su adopción avanza en velocidades diferentes en América Latina: mientras la tecnología está disponible, las organizaciones enfrentan cuellos de botella en cultura, talento y gobierno. En ese contexto de presión por no quedarse atrás, McKinsey & Company presentó en su Forum Perú 2026 cuatro desaprendizajes que los líderes deben interiorizar para liderar esta ola tecnológica y no sucumbir en el intento.
Kate Smaje, socia senior en Londres y líder global de Tecnología e IA de McKinsey & Company, llamó a los ejecutivos y directores a cambiar el enfoque con el que están abordando la IA. En ese sentido, afirmó que el primer error o creencia a desaprender es asumir que se trata solo de una transformación tecnológica.
“No basta con echar la pintura de la IA o etiquetar a la empresa como una empresa de IA en su fachada o en el exterior para ya cumplir, sin profundizar en el corazón de las compañías, que son las personas”, señaló Smaje.
Para la ejecutiva, el proceso debe empezar por la gente y por la cultura.

El valor de la IA no viene empaquetado en el software
El segundo punto a desaprender es creer que el valor de la IA está solo en la tecnología. Smaje sostuvo que el eje del negocio pudo haber cambiado con la IA, por lo que el valor debe descubrirse cuestionando dónde está ahora.
Incluso, afirmó que el verdadero retorno muchas veces está en el propio proceso de implementación: en identificar qué errores se cometieron y aprender de ellos para escalar al siguiente nivel.
Sin esas preguntas, advirtió que las respuestas o lecciones serán “bastante generales” y sin impacto real.
La IA no hará el trabajo más fácil, hará el trabajo más importante
El tercer desaprendizaje compartido por Smaje fue pensar que la IA hará que el trabajo sea más fácil y que la gente trabaje menos. En realidad, reconoció que ocurre lo contrario. Si bien los procesos sencillos serán ejecutados por la IA, los equipos se enfocarán en lo que realmente importa y ese cambio elevará la carga cognitiva.
“Ahora los ejecutivos estarán tomando decisiones importantes cada vez más seguido y podrían enfrentar cierta fatiga. En ese contexto, los líderes deben ayudar al equipo a definir cómo proceder o cuándo parar”, explicó.
En ese sentido, anotó que es clave identificar habilidades humanas no delegables -como el pensamiento crítico, la empatía y la capacidad organizacional- que permitirán competir de forma diferenciada cuando la tecnología sea abundante.
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Los agentes de IA: los “nuevos compañeros” que no son un software
El último desaprendizaje a tomar en cuenta es la forma en que se concibe a los agentes de IA en las empresas. Para Smaje, estos agentes han llegado al sistema como una nueva clase de trabajadores y el problema es que las organizaciones aún los tratan como simple software.
“Son una nueva categoría de trabajadores”, remarcó.
Bajo esa mirada, consideró que es indispensable establecer parámetros, lineamientos, controles de acceso y procesos de gobierno para estos agentes. De lo contrario, esa libertad o falta de control podría convertirse rápidamente en una vulnerabilidad.
En lugar de una ventaja, las compañías “podrían encontrarse con un nuevo problema”, sostuvo.

“La ventaja de ser el primero en IA sí importa y el costo de esperar es que alguien te supere”
Tras su ponencia en el McKinsey Forum Perú 2026, la socia senior en Londres y líder global de Tecnología e IA de McKinsey & Company, Kate Smaje, conversó con Gestión sobre cómo deben organizarse las empresas para esta ola. La ejecutiva insistió en que el punto de partida es un cambio de chip.
“Tratar cualquier transformación de IA, en su esencia, como una transformación de personas es realmente un cambio de chip en tu cerebro”, afirmó.
Para Smaje, el 70% del esfuerzo no está en la tecnología, sino en gestión del cambio, rediseño de flujos y en definir qué tareas hacen humanos y cuáles agentes, sean de “carbono o de silicio”. En su mirada, esos asuntos deben resolverse antes de desplegar más tecnología.
Sobre el concepto de organizaciones agénticas, explicó que no se trata de “pegar agentes por fuera de la empresa”, sino de diseñar la organización híbrida del futuro, donde humanos trabajen en conjunto con agentes. En mercados como Perú, dijo, esto es clave no por el reemplazo de personas por agentes.
“Estás ahorrando porcentajes de tareas y de tiempo, no roles completos”, señaló.
Las empresas que van adelante, aseguró, no usan la IA solo para productividad, sino para crecer: abrir nuevos segmentos, nuevos mercados y reducir la restricción de capacidad humana.
Consultada sobre qué habilidades serán diferenciadoras cuando todos tengan acceso a los mismos modelos, Smaje habló de las “habilidades humanas indelegables”. Así, destacó tres: el juicio para decidir entre una “cacofonía de información” para parar y decidir; el pensamiento crítico para poner a prueba lo que dice la IA; y la empatía para leer lo no dicho.
“Tu capacidad para leer una sala, qué hay en ese lenguaje corporal, qué puedo captar. Esas habilidades se van a volver más importantes que nunca”, sostuvo.
Finalmente, dejó un mensaje a las empresas que aún evalúan si entrar a la ola de la IA: el costo de esperar es quedarse atrás. “Tenemos que empezar antes de estar listos. A menos que estés en la arena, jugando no solo con el software y el hardware, sino con el lado humano, ya vas a llegar demasiado tarde”, consideró.
Para Smaje, la IA sí premia al primero en llegar, con cambios de nivel considerable. “Si estás esperando al margen, alguien te está superando”, remarcó.







