
Panasonic llegó al Perú por las pilas, pero su historia local dio un giro. La empresa que daría origen a la marca fue fundada en Japón en 1918 por el empresario Konosuke Matsushita, como un pequeño taller de productos eléctricos.
A los 23 años, el 7 de marzo de 1918, alquiló una pequeña casa en Osaka y creó Matsushita Electric Housewares Manufacturing Works junto con su esposa Mumeno y su cuñado Toshio Iue. El emprendimiento nació tras su experiencia en el sector eléctrico y se enfocó inicialmente en fabricar accesorios para instalaciones eléctricas. Su primer producto fue un enchufe mejorado, al que siguió un portalámparas o tomacorriente doble; ambos buscaban resolver necesidades prácticas de los hogares japoneses de la época.
En 1951 la marca presentó su primera lavadora; dos años después comercializaban su primera refrigeradora, y en 1966 comercializaban su horno microondas.
Panasonic en Perú
En ese año, Toshiro Yamada, representante enviado por la matriz japonesa, llegó al Perú para estudiar el mercado de pilas. De acuerdo con Panasonic, identificó que una parte de ese producto se importaba y que la producción local era limitada e insuficiente para abastecer la demanda. Con ese diagnóstico, coordinó con la casa matriz Matsushita Electric Industrial Co. Ltd. la creación de una filial peruana.
El 4 de marzo de 1966, la compañía inició operaciones en Lima mediante la planta National Peruana S.A. y la comercializadora Matsushita Electric del Perú S.A., en lo que la firma describe como su inversión de entrada a América Latina.
Es decir, la llegada al Perú no fue inicialmente la de una importadora o distribuidora de electrodomésticos: fue un proyecto industrial enfocado en producir pilas localmente y, en paralelo, establecer una plataforma comercial.
Durante décadas, las pilas National y luego Panasonic tuvieron una presencia relevante en el mercado peruano. Para muchos peruanos Panasonic fue sinónimo de pilas: las que alimentaban radios, linternas, juguetes y otros aparatos de uso cotidiano.
El salto de Panasonic: comercialización de productos electrónicos
Cinco décadas después de su ingreso al Perú, la marca dejó de fabricar pilas localmente y redefinió su presencia: de una operación industrial vinculada a las baterías pasó a concentrarse en la comercialización de electrodomésticos, productos electrónicos y pilas importadas desde la región.
En 2022, tras 56 años, Panasonic anunció el cierre de su operación industrial de pilas en el Perú. La compañía atribuyó la decisión a una reestructuración internacional, a sus planes de optimización de operaciones de mediano plazo y a los cambios globales en la demanda y la tecnología.
La estrategia tras el cierre de su planta de pilas fue reforzar su operación comercial, con énfasis en línea blanca, eficiencia energética, calidad japonesa y una oferta orientada tanto al consumidor como al segmento corporativo. Actualmente, la marca japonesa mantiene un portafolio centrado en pilas importadas, electrodomésticos y equipos electrónicos, además de soluciones para empresas.
Entre las categorías que mantiene en el mercado peruano figuran:
- Lavadoras, refrigeradoras y otros electrodomésticos.
- Cuidado personal y belleza.
- Cámaras, video, audio y equipos electrónicos.
- Productos y soluciones para empresas.
- Pilas y baterías secas, de acuerdo con su descripción corporativa.
- LEA TAMBIÉN: Panasonic vendió toda su participación en Tesla por 3,580 millones de euros
Lecciones: ¿cuáles son los riesgos que toma una empresa al dejar de producir en el mercado peruano?
Jorge Luis Ojeda, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) indicó a Gestión que la decisión de una empresa multinacional de dejar de producir localmente no depende únicamente de si importar resulta más barato.
“La multinacional compara la rentabilidad futura de la planta con el costo integral de abastecer el mercado desde otra ubicación. Evalúa la escala de producción, los costos laborales y energéticos, las inversiones necesarias para modernizar la planta, la evolución de la demanda y los cambios tecnológicos”, comenra.
Agrega que también incorpora los costos logísticos, los aranceles, el tipo de cambio y el riesgo de depender de una cadena regional. “Finalmente, determina si conviene mantener capacidad industrial en el país o concentrar los recursos en ventas, distribución y servicio posventa”.
¿Hay riesgos asume al abandonar la fabricación local? Según el docente, el principal riesgo es una mayor dependencia externa. La empresa queda más expuesta al tipo de cambio, al incremento de los fletes y a posibles interrupciones logísticas.
“El cambio será positivo si el ahorro obtenido se reinvierte en una mejor oferta, distribución, servicio técnico y atención al consumidor peruano”, refiere.
Finalmente, menciona que tras un cambio de dirección, las emñresas deben comunicar el cambio con transparencia y evitar quedarse únicamente en la nostalgia. “La narrativa podría mostrar una evolución: de fabricante de pilas a proveedor de soluciones para el hogar, respaldado por experiencia, calidad y servicio. Ese legado adquiere valor cuando se conecta con compromisos actuales y verificables, como garantías, soporte técnico, sostenibilidad, reciclaje y una oferta adaptada al consumidor local”.
Desde su experiencia, el legado industrial puede convertirse en capital reputacional, pero solo si se conecta con una promesa actual.









