
Los peruanos vemos con agrado el crecimiento de los pagos digitales, impulsado por las billeteras móviles, que ya están presentes en todos los segmentos socioeconómicos. Según el reciente estudio “Bienestar Financiero en Perú” (Ipsos), hoy el 76% de la población tiene algún producto financiero; sin embargo, esa cifra caería a 62% sin el auge de las billeteras digitales.
El problema ya no es la adopción, sino que los productos entran al mercado sin la formación de capacidades de los usuarios. Según el mismo estudio, apenas el 21% de quienes tienen un producto financiero entiende con claridad sus costos y condiciones. El 45% aprendió a manejar su dinero por experiencia propia; solo el 2% lo hizo educándose a través de una entidad financiera.
No podemos afirmar que tenemos un sistema financiero sólido si éste solo llega a una parte de la población, y menos si no se les prepara para usarlo bien. El Superintendente de la SBS, Sergio Espinosa, lo reconoce: sin educación financiera no hay inclusión real, solo acceso. La SBS planea crear un Instituto de Educación Financiera con currículas para adultos y niños. Es una buena iniciativa, pero se requiere más. Afrontamos retos que retrasan la inclusión financiera, entendida como acceder al uso de servicios financieros de valor. De un lado está la conectividad: hay una brecha de 30.7 puntos entre Lima (90.3% usa internet) y el área rural (59.6%), según el INEI. De otro, la informalidad alcanza a 7 de cada 10 trabajadores. Y junto a ello, la educación digital en tres frentes: entender el producto, hacer transacciones con confianza, y proteger los datos propios.
Los tres frentes fallan hoy. El peruano promedio desaprueba una evaluación básica de conocimientos financieros (9 sobre 20, según el estudio), lo que podría complicarse si tomamos en cuenta los últimos resultados de las pruebas PISA. Datos de la encuesta OCDE/INFE 2023 ya mostraban que el 65% prefiere contratar en persona antes que digital. Y en seguridad: 90% comparte contraseñas, 69% opera su banco en wifi público, y 43% enfrentó intentos de fraude.
Esto no es solo tarea del Estado. El aprendizaje real ocurre al usar el producto financiero (por ejemplo, al abrir la app). Nubank, Revolut y en Perú un par de bancos grandes hoy integran en sus apps contenidos educativos sobre ahorro, inversión y manejo de riesgos. Cada producto digital peruano debería venir en su ADN con su propia enseñanza incorporada: explicaciones simples al contratar, alertas antes de transar, buenas prácticas de seguridad en el flujo de uso.
Si el sistema financiero quiere que la próxima ola de innovación no quede, otra vez, concentrada en quienes ya saben navegarla, la educación digital (entender, transar, protegerse) no puede ser una tarea solo del Estado. Debe ser parte del negocio mismo.
Ljubica Vodanovic es socia de Vodanovic






