
La pobreza ya no puede ser una nota al pie de la campaña electoral. Las cifras publicadas esta semana por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) deberían obligar a replantear el debate político de cara a la segunda vuelta. Aunque el país registró una reducción de la pobreza monetaria en el 2025, el Perú sigue lejos de recuperar los niveles previos a la pandemia y enfrenta, además, un fenómeno todavía más preocupante: la expansión de una enorme población vulnerable que vive a un paso de volver a caer.
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Hoy, el 25.7% de los peruanos permanece en situación de pobreza. Son más de 8.8 millones de personas. Pero quizá el dato más inquietante no sea ese, sino el crecimiento de la población vulnerable: más de 11 millones de peruanos que lograron salir estadísticamente de la pobreza, pero cuyos ingresos siguen siendo tan precarios que cualquier enfermedad, pérdida de empleo o crisis económica podría devolverlos rápidamente a esa condición.
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El Perú no está consolidando una clase media sólida y el problema ya no es únicamente cuántos pobres tiene el país, sino cuántos peruanos viven permanentemente al borde de volver a serlo.
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Además, nueve de cada diez trabajadores pobres son informales. El trabajador informal promedio gana S/ 1,226 mensuales, frente a los S/ 3,233 que recibe uno formal. La brecha revela una economía profundamente fragmentada, donde millones trabajan sin lograr estabilidad, ahorro ni perspectivas de progreso.
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A ello se suma otro dato preocupante: el Perú sigue siendo uno de los pocos países de América Latina que todavía no logra retornar a los niveles de pobreza previos a la pandemia. Hoy existen 2.3 millones más de pobres que en el 2019. Y las estimaciones apuntan a que recuperar ese terreno podría tardar hasta el 2030, incluso bajo escenarios relativamente optimistas.
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Sin embargo, pese a la magnitud del problema, la pobreza prácticamente estuvo ausente del debate electoral durante la primera etapa de la campaña. Los candidatos hablaron de confrontación política, seguridad o crisis institucional, pero casi ninguno presentó propuestas concretas y técnicamente sustentadas para reducir pobreza, formalizar empleo o mejorar productividad.
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La segunda vuelta no puede mantener ese vacío. El próximo Gobierno recibirá un país menos pobre que hace un año, sí, pero también mucho más vulnerable y socialmente frágil. Por eso, los dos candidatos que se disputarán la presidencia deberían explicar con claridad qué harán para impulsar empleo formal, elevar ingresos rurales y evitar que millones de peruanos sigan atrapados en una economía donde trabajar ya no garantiza dejar de ser pobre.







