
Los inversionistas en mercados emergentes están centrando su atención en una métrica clave al evaluar el riesgo de la deuda de un país: si sus líderes mantienen una buena relación con el presidente Donald Trump.
Los vínculos de una nación con Estados Unidos siempre han sido importantes, por supuesto, pero el estilo diplomático de Trump, que puede escalar rápidamente desde un mensaje nocturno en Truth Social hasta aranceles e incluso intervenciones militares, ha hecho que distinguir entre aliados y adversarios sea más importante que nunca.
Los ganadores son más fáciles de identificar, como los bonos venezolanos, que este año registran las mayores alzas en los mercados emergentes tras el acercamiento del país petrolero a la administración Trump.
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O Argentina, que ha obtenido rendimientos extraordinarios después de que EE.UU. ofreciera a fines del año pasado un salvavidas financiero al presidente Javier Milei, un estrecho aliado de Trump. Mientras tanto, los bonos de Pakistán repuntan gracias a que el país se convirtió en mediador entre EE.UU. e Irán, un papel que podría ayudarle a ganar influencia en Washington. En contraste, la deuda de Colombia ha tenido un desempeño inferior al del mercado en general durante gran parte del último año desde que su presidente comenzó a enfrentarse con Trump.
“Las relaciones con EE.UU. se han vuelto más transaccionales y también más basadas en vínculos personales”, señaló Christopher Hays, gestor de cartera sénior de TCW Group Inc., quien se muestra optimista con respecto a los bonos de Argentina y Venezuela. “A veces realmente importa quiénes son los adversarios de Trump”.
Amigos y enemigos
Esta tendencia es más evidente en América Latina, lo que refleja en parte la promesa de Trump de reafirmar el predominio estadounidense en el hemisferio occidental.
Y quizá en ningún lugar sea más evidente que en Argentina. En octubre, la administración Trump armó un paquete de apoyo por US$ 20,000 millones para apuntalar el peso y los bonos del gobierno y mantener en marcha la frágil agenda de reformas de libre mercado de Milei. La apuesta funcionó: el peso se estabilizó, los bonos se recuperaron y, semanas después, la coalición de Milei ganó las cruciales elecciones legislativas de medio término.

Los bonos de El Salvador y Ecuador también se han beneficiado de la buena relación de sus líderes con Trump. Los títulos de ambos países figuran entre los de mejor desempeño en los mercados emergentes, con rendimientos al menos el doble que el promedio desde que Trump asumió el cargo en enero del año pasado.
Al ser contactado para hacer comentarios, el portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai, afirmó que la influencia global del gobierno estadounidense “no es un fenómeno nuevo” y que “el presidente Trump seguirá poniendo a los estadounidenses y a Estados Unidos en primer lugar en su política exterior y en sus negociaciones”.
Venezuela y Hungría
El repentino repunte del mercado de bonos venezolano ilustra las complejidades de esta estrategia. El régimen socialista de Caracas era un enemigo declarado, al punto de que Trump ordenó una incursión militar en enero que capturó al presidente Nicolás Maduro y llevó al poder a su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, una entusiasta aliada de Washington.
Esa intervención desencadenó un fuerte repunte de los bonos venezolanos en default, recompensando a los inversionistas que llevaban años esperando que el gobierno, con problemas de liquidez, iniciara conversaciones para reestructurar su deuda. El precio de los bonos se ha disparado hasta 60 centavos por dólar, desde los 30 centavos de fines del año pasado.
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“A Trump le gusta mucho Javier Milei en Argentina, por eso hubo un enorme respaldo para intervenir y estabilizar esa historia”, indicó Hays. “Le gusta mucho Delcy y el petróleo que puede liberar y suministrar a EE.UU. Así que es una relación muy sólida”.
El escenario en Hungría fue diferente y reveló los límites de la influencia de Trump. Su respaldo no fue suficiente para evitar la salida de Viktor Orbán del poder y, aun así, los bonos húngaros subieron porque los inversionistas apostaron a que el nuevo primer ministro, Peter Magyar, restablecería las relaciones con la Unión Europea, otro actor global con gran capacidad financiera que, junto con China, actúa como contrapeso a la influencia estadounidense.
Y en Colombia, donde el presidente Gustavo Petro ha mantenido frecuentes choques con Trump, el mercado ha comenzado a recuperarse. El lunes, la deuda del gobierno avanzó con fuerza, llevando el rendimiento de los bonos soberanos en dólares a 10 años por debajo del 7%, después de que un candidato alineado con Trump emergiera como el probable sucesor de Petro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

También está el caso de Ucrania y la desastrosa reunión que su líder, Volodímir Zelenski, mantuvo con Trump en el Despacho Oval el año pasado.
Mientras Trump y el vicepresidente JD Vance reprendían a Zelenski, que había viajado a Washington en busca de más apoyo para la guerra contra Rusia, los inversionistas se deshicieron de la deuda ucraniana. La venta se convirtió en una estampida que dejó a los bonos del país con una caída del 20% durante los dos meses siguientes. Desde entonces, la deuda se ha recuperado gracias al aumento del apoyo de la Unión Europea y a que Ucrania se consolidó como socio estratégico de los países del Golfo en la guerra entre EE.UU. e Irán.
Bolivia y Pakistán
Existen numerosos factores más allá del efecto Trump que determinan el desempeño de los bonos de un país, desde los precios de las materias primas hasta la política interna.
En Bolivia, por ejemplo, las protestas callejeras contra un gobierno alineado con EE.UU. han provocado una caída de los bonos del país.
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Los estrategas especulan con que EE.UU. podría brindar respaldo al gobierno si la situación empeora, lo que potencialmente frenaría las pérdidas. Y en Pakistán, algunos inversionistas, como Soeren Moerch, de Danske Bank, apuestan a que el papel del país como mediador clave en las negociaciones de paz entre EE.UU. e Irán fortalecerá su posición ante Washington.
Después de una caída inicial del 10% al comienzo de la guerra, los bonos de Pakistán se han disparado y han superado al mercado en general desde finales de marzo.
“El papel de Pakistán como mediador en el conflicto con Irán mejorará las relaciones con EE.UU. e Israel”, dijo Moerch, quien ha comprado bonos del país en los últimos meses. “Eso es claramente positivo”.
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En África, la República Democrática del Congo, el mayor productor mundial de cobalto, ha alcanzado acuerdos con EE.UU. sobre minerales críticos, ha aceptado deportados de terceros países y ha suscrito un acuerdo de paz con Ruanda mediado por Washington. Todo ello, junto con la mejora de sus finanzas públicas, ayudó a generar una fuerte demanda para su debut de bonos en dólares por US$ 1,250 millones en abril.
Sin embargo, incluso los inversionistas más optimistas sostienen que los estrechos vínculos con la administración Trump no pueden sustituir los fundamentos económicos. Los países siguen necesitando políticas creíbles para sostener la confianza de los mercados.
“Sin duda, la República Democrática del Congo se ha vuelto más importante estratégicamente y eso le ayuda a contar su historia”, señaló Matthew Graves, gestor de carteras en PPM America Inc. “Pero no creo que hubiera llegado hasta aquí sin el contexto general del riesgo macroeconómico”.







