La producción industrial en la Unión Europea ha repuntado tras un par de años difíciles y se mantiene bastante por encima de los niveles de hace una década. Los fabricantes de la zona euro muestran un optimismo que no se veía en cuatro años.   //EFE/EPA/OLIVIER HOSLET
La producción industrial en la Unión Europea ha repuntado tras un par de años difíciles y se mantiene bastante por encima de los niveles de hace una década. Los fabricantes de la zona euro muestran un optimismo que no se veía en cuatro años. //EFE/EPA/OLIVIER HOSLET

Los tiempos son desesperados. Ese fue uno de los mensajes que dejó la reunión informal de líderes de la celebrada el 12 de febrero en Alden Biesen, un castillo en Bélgica. Las amenazas geopolíticas provenientes de Rusia, China y, más recientemente, de han convencido a muchos en Europa de que ya no basta con mantener el statu quo. La reforma económica debe acelerarse.

Tras el encuentro, , presidenta de la Comisión Europea, prometió presentar un plan —“Una Europa, Un Mercado”— antes del 20 de marzo, fecha en la que los líderes volverán a reunirse formalmente. La propuesta probablemente será polémica. De hecho, un plan de Stéphane Séjourné, comisario de Industria, sobre cómo apoyar al sector industrial europeo parece encaminado a sufrir un nuevo retraso, luego de que nueve departamentos de la Comisión expresaran objeciones. Sin embargo, lo que está en juego podría ser lo suficientemente importante como para obligar a los líderes a alcanzar un compromiso. De no lograrlo, un grupo reducido de Estados miembros podría decidir avanzar por su cuenta.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, prometió presentar un plan —“Una Europa, Un Mercado”— antes del 20 de marzo, fecha en la que los líderes volverán a reunirse formalmente.  Foto: EFE/EPA/OLIVIER HOSLET
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, prometió presentar un plan —“Una Europa, Un Mercado”— antes del 20 de marzo, fecha en la que los líderes volverán a reunirse formalmente. Foto: EFE/EPA/OLIVIER HOSLET

Cualquier acuerdo probablemente combinará el enfoque liberal tradicional de la UE con medidas de protección más enérgicas.

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¿Qué podría incluir el plan de UE?

En primer lugar, desde la óptica liberal, se busca aliviar la carga regulatoria que enfrentan las europeas. El objetivo a más largo plazo es depurar el acervo normativo comunitario de cientos de miles de páginas de “sobrerregulación” añadidas por los gobiernos nacionales. Esto implicaría una mayor centralización en la elaboración de normas y podría facilitar su aplicación a nivel europeo.

En segundo lugar, se persigue ampliar la red de acuerdos comerciales. Recientemente, la UE cerró pactos con —bloque sudamericano— y con India, y otros están en negociación. Incluir estos acuerdos en un paquete económico más amplio busca atraer a países escépticos frente a una mayor apertura comercial, como Francia y Polonia.

El tercer componente resulta familiar: profundizar el mercado único. No obstante, algunas propuestas parecen poco ambiciosas, mientras que otras novedades tienen un tinte iliberal. La integración más profunda de los mercados de capitales, respaldada por una supervisión común, lleva años en la agenda, pero el escaso entusiasmo de los gobiernos nacionales ha limitado los avances. La Comisión aspira a un mandato más decidido, aunque los detalles aún son imprecisos. Asimismo, se plantea crear un “régimen 28” de derecho societario europeo, adicional a los 27 nacionales, que facilite a las empresas operar en todo el bloque. También esta es una idea antigua, frenada por Estados miembros reacios a ceder soberanía.

La Comisión parece dispuesta a utilizar el derecho de competencia para promover empresas de mayor tamaño —los llamados “campeones europeos”, término que ya se emplea sin reparos—. El argumento es que estos campeones continentales estarían mejor posicionados para competir con gigantes estadounidenses y chinos. Sin embargo, la estrategia podría debilitar la competencia dentro de la propia UE y, en todo caso, se sustenta en bases empíricas frágiles.

El cuarto elemento es novedoso: cláusulas de “Compra Europea” en la contratación pública y en los subsidios estatales. Este fue el aspecto más controvertido del plan de Séjourné. Por ejemplo, los requisitos para adquirir armamento principalmente a empresas de la UE se incluyeron en un paquete de apoyo a Ucrania por 90.000 millones de euros (US$106.000 millones) aprobado en diciembre, así como en el fondo europeo de defensa, valorado en 150.000 millones de euros. Sin embargo, estas cláusulas enfrentan fuerte resistencia. Los Estados miembros más pequeños y liberales temen que encarezcan los costos al excluir proveedores más baratos y que, además, deterioren relaciones con aliados externos. Partidos populistas en Polonia y Rumanía interpretan “Compra Europea” en defensa como “Compra Alemana o Francesa”, en detrimento de los países más pobres. Es probable que estas disposiciones se limiten a ámbitos vinculados con la seguridad económica o nacional, o a sectores donde se busque fomentar tecnologías emergentes.

El resultado final parece, por tanto, una combinación de medidas útiles, potencialmente perjudiciales y otras más bien irrelevantes. Sin embargo, los líderes europeos quizá tengan menos motivos de preocupación de los que creen.

La producción industrial ha repuntado tras un par de años difíciles y se mantiene bastante por encima de los niveles de hace una década. Los fabricantes de la zona euro muestran un optimismo que no se veía en cuatro años. Algunos países, como Polonia y España, prosperan dentro del marco actual. En Suecia, políticas acertadas en innovación, mercados de capital y fiscalidad han permitido que 48 startups alcancen valoraciones superiores a US$1.000 millones. En lugar de entrar en pánico, los líderes harían bien en perseverar en el modelo económico liberal que hizo fuerte a Europa.

SOBRE EL AUTOR

The Economist, con sede en Londres, publica sobre la economía desde un marco global.

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