
La cotización del oro y la plata de estos días no solo movió a los traders: también obligó a reordenar la estrategia de las startups y de los fondos que miran a Latinoamérica. Tras tocar máximos históricos a inicios de año, la plata llegó a caer cerca de 30% en cuestión de sesiones, mientras el oro cedió alrededor de 15%, en buena medida por el giro de expectativas tras la nominación de Kevin Warsh a la Reserva Federal (Fed) y el consiguiente fortalecimiento del dólar. Para una región donde los metales son parte central de la narrativa económica, este shock actúa como un test inmediato de madurez para el ecosistema de innovación.
Para las startups vinculadas directa o indirectamente al oro y la plata, el impacto resulta desigual. Aquellas que dependían de la “bonanza eterna” de precios altos —por ejemplo, modelos muy atados al CAPEX de expansión minera tradicional— ya enfrentan postergaciones de contratos y procesos de compra más lentos. En cambio, las que ofrecen eficiencia operativa, automatización, trazabilidad o sostenibilidad salen reforzadas: en un entorno de precios más bajos, cada punto de margen ganado vía tecnología vale más que nunca. Programas como Mining Tech Accelerator, impulsados por grandes mineras globales, confirman que incluso en ciclos bajistas estas compañías siguen recibiendo financiamiento y acceso a faenas reales para probar sus soluciones.
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El escenario también cambia para los fondos de inversión enfocados en Latam. Los vehículos especializados en “mining & metals” deben rebalancear portafolios, reducir exposición puramente especulativa a futuros de oro y plata, y mirar con mayor atención activos productivos, como startups B2B que venden software, sensores o soluciones de IA a la cadena minera y energética. En paralelo, el venture capital generalista llega a 2026 en modo más selectivo: se mantiene el flujo hacia la región, pero con foco en eficiencia y early stage, según reportes recientes de LAVCA y análisis del sector.
Esta combinación —metales volátiles y VC más exigente— obliga a los emprendedores a construir historias menos dependientes del precio del commodity y más ancladas en contratos recurrentes, ahorros demostrables y capacidad de atender a clientes fuera del sector minero.
El posible sesgo más “halcón” de la nueva Fed, con tipos altos y un dólar fuerte por más tiempo, añade otra capa de complejidad a la tesis de Latam. Por un lado, encarece el capital en moneda dura y dificulta cerrar grandes rondas en Nueva York; por otro, abarata en dólares el costo del talento y de las operaciones locales, y mejora la competitividad de las exportaciones de servicios tecnológicos, incluida la venta de soluciones para gigantes mineros globales. Varios fondos que levantan capital con mandato regional ya están incorporando esta lógica: menos apuestas masivas a “crecer a toda costa” y más cheques medianos en compañías que puedan facturar en dólares y soportar ciclos de commodities más volátiles.
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En síntesis, el desplome del oro y la plata no marca el fin del sueño metálico para las startups latinoamericanas, pero sí el fin de su fase más ingenua. A partir de ahora, los fundadores que quieran seducir a fondos con foco en Latam tendrán que demostrar que, incluso con precios más bajos y una Fed menos complaciente, su propuesta genera valor medible: reducción de costos, mejoras en ESG, diversificación de ingresos y acceso a mercados globales. En ese entorno más exigente, la buena noticia es que los activos realmente productivos —la tecnología y el talento emprendedor— tienden a resistir mejor que cualquier metal.
*Por: Michell Alfonso Anyosa Cornelio, Deal Partner en Ganas Ventures. ingeniero en Gestión Empresarial (UPC), máster en Proyectos (UNI) y MBA en Project Management (ENEB). Experto en innovación, estrategia y data, impulsa startups en Latam. Mentor, speaker y creador de negocios escalables. Hasta febrero se desempeñó como Coordinador general de StartUPC.









