
La economía mundial vive una paradoja preocupante: las grandes potencias acumulan niveles muy altos de endeudamiento público sobre el PBI, como Estados Unidos, con 125%; Japón, con 205%; y el Reino Unido, con 104%, pero continúan financiándose a tasas de interés relativamente bajas. En contraste, economías sudamericanas con niveles de endeudamiento y déficits fiscales mucho más controlados, como las de Perú y Chile, enfrentan costos de endeudamiento superiores.
Esta divergencia responde principalmente a la trayectoria histórica y al prestigio financiero. Las potencias mencionadas no han sufrido quiebras globales de su deuda en los últimos 200 años, lo que ha consolidado a sus monedas como los principales medios de pago y reserva a nivel mundial. Por el contrario, la economía del Perú acumula en ese período múltiples defaults históricos (nueve ocasiones) y Chile registra cinco, un historial que los mercados internalizan para determinar el costo de financiamiento.
Sin embargo, el panorama a futuro plantea dudas sobre la sostenibilidad de este modelo. Estados Unidos arrastra un déficit fiscal descontrolado del 7% de su PBI, proyectando llevar su ratio de deuda al 140% en una década. El Reino Unido y Japón experimentan dinámicas similares, aunque con matices: mientras los anglosajones dependen críticamente del apetito de capitales extranjeros para cubrir sus baches fiscales, Japón sostiene su gigantesca deuda de manera interna gracias al ahorro de sus propios ciudadanos.
Hasta ahora, el fenómeno de expansión del gasto fiscal posterior a la pandemia ha sido generalizado en las economías líderes. Esto ha impedido que el mercado discrimine con rigor la calidad crediticia de cada país, aplicando el refrán de que «en el país de los ciegos, el tuerto es el rey». A pesar de ello, la hegemonía del dólar empieza a mostrar fisuras: los anuncios recientes de recompra de deuda del Tesoro estadounidense para contener las tasas de largo plazo han perdido el efecto deseado a los pocos días del anuncio.
Si bien en el corto plazo las tasas globales han respondido a los riesgos inflacionarios derivados de los conflictos geopolíticos, la fatiga por el endeudamiento sistémico es una situación crítica que madurará a largo plazo.
Ante la erosión potencial de las inversiones denominadas en monedas «duras», los inversionistas suelen recurrir a las siguientes alternativas de diversificación:
- Activos reales: propiedades e infraestructura con bajo apalancamiento financiero que se indexan a la inflación y que históricamente preservan mejor su valor frente a la devaluación monetaria.
- Metales preciosos: refugio tradicional por excelencia ante una crisis de confianza fiscal.
- Acciones: muestran resiliencia cuando el crecimiento de sus utilidades corporativas supera el impacto de un mayor costo financiero; la inversión en acciones globales y emergentes permite diversificar el riesgo cambiario.
Por otro lado, se recomienda tener cuidado con las criptomonedas. Por el momento, continúan comportándose más como activos de riesgo correlacionados con la renta variable especulativa que como coberturas eficientes frente al deterioro fiscal global.
Es muy probable que Estados Unidos siga manteniendo el liderazgo en el mundo, dado que los problemas de elevado endeudamiento y déficits no son exclusivos de este país. Sin embargo, resulta muy importante invertir, además de en Estados Unidos, en otras regiones, así como aumentar el peso en activos reales, metales preciosos y distintas monedas.


CEO y Fundador Allié Family Office. Past President CFA Society Peru. Licenciado en Ciencias Económicas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con un grado de MBA en Administración de Empresas por la Universidad de Texas en Austin.







