
El hack de US$ 320 millones a la plataforma de criptomonedas Liquid Network asesta un duro golpe en momentos en que la industria intenta convencer a bancos y grandes inversores de que los activos digitales están listos para integrarse a la infraestructura financiera tradicional.
El daño va más allá de los bitcoin robados. Liquid fue creada para facilitar el uso de la mayor criptomoneda en operaciones y liquidaciones, y el incidente expone los riesgos de la infraestructura que rodea a una blockchain, o cadena de bloques: billeteras, sistemas de custodia y mecanismos de transacción de los que, en última instancia, dependen los usuarios.
“Los ataques refuerzan entre las fintech globales y las instituciones la percepción de que las finanzas descentralizadas aún no están listas para un uso generalizado”, dijo Nikhil Raghuveera, director ejecutivo de Predicate, proveedor de infraestructura de cumplimiento normativo para cadenas de bloques. “Las blockchain funcionan muy bien para la liquidación financiera, pero DeFi aún no cumple los estándares institucionales que se dan por sentados en los mercados tradicionales”.
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Los continuos ataques están mostrando que la descentralización —promocionada durante años como una de las mayores fortalezas de las criptomonedas— también puede ser una vulnerabilidad. Sin autoridades centrales que puedan revertir errores, proteger activos y absorber pérdidas, los usuarios quedan expuestos a una infraestructura fragmentada que los atacantes siguen encontrando formas de vulnerar.
Los ataques informáticos están aumentando, aunque no así el monto total perdido. Los hackers han robado cerca de US$ 1,400 millones en lo que va de 2026 mediante 250 ataques, frente a US$ 2,700 millones en 146 ataques en 2025, según datos de DefiLlama.

Este año, 26 de los ataques, o más del 10%, tuvieron como blanco puentes e infraestructura entre cadenas, herramientas que permiten a los usuarios trasladar tokens o información de una cadena de bloques a otra. En 2025, DefiLlama identificó apenas tres ataques de esta categoría.
Las conexiones entre cadenas son un componente fundamental de DeFi, ya que permiten automatizar el traslado y la conversión de distintos tipos de activos digitales. Sin embargo, la gran cantidad de proyectos entre cadenas y la limitada capacidad para evaluar su ciberseguridad han elevado los riesgos.
“Hackers de sombrero blanco”
El hack a Liquid Network de esta semana es el más reciente de una serie de ataques contra plataformas descentralizadas este año, incluidos los sufridos por Kelp DAO y Drift Protocol, que en conjunto representaron pérdidas por US$ 588 millones.
Liquid dijo que los hackers sustrajeron unos 4,000 bitcoin, o aproximadamente el 95% de los bitcoin almacenados en su billetera principal. Los atacantes se describieron como “hackers de sombrero blanco”, un término que se utiliza para quienes descubren fallas de seguridad con el objetivo de que sean corregidas, a veces a cambio de una recompensa.
En este caso, los hackers devolvieron 3,400 bitcoin y se quedaron con unos US$ 47 millones, según Alex Thorn, jefe de investigación de la firma de criptomonedas Galaxy Digital Inc. Mientras se desarrollaba el incidente, los hackers de Liquid y Blockstream se comunicaron mediante mensajes incluidos en transacciones de la cadena de bloques de bitcoin. El diálogo continuaba el martes por la mañana en Nueva York, según Galaxy Research.
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La clave de autorización de la plataforma de liquidación utilizada en el ataque no fue vulnerada, según Liquid, lo que convierte al episodio en un recordatorio de que, incluso cuando la cadena de bloques subyacente sigue funcionando, los sistemas construidos a su alrededor pueden fallar.
Apenas la semana pasada, un atacante sustrajo US$ 6 millones de una plataforma de préstamos de activos digitales vinculada a Crypto.com, y en agosto un hackeo a Coldcard, una popular billetera offline de bitcoin, generó dudas sobre la forma más segura de almacenar el activo digital.
Incluso cuando la industria cuenta con una red subyacente altamente segura, los inversores pueden quedar expuestos a través de las aplicaciones y los intermediarios que operan sobre ella.

“Estos incidentes demuestran que las vulnerabilidades están en las capas operativas y de infraestructura, no en los mecanismos de consenso de la red base”, dijo Ziqing Ang, responsable de políticas para Asia-Pacífico de TRM Labs.
Eso plantea un desafío particular a medida que las finanzas tradicionales profundizan su incursión en las criptomonedas.
Un banco que evalúa, por ejemplo, depósitos o valores tokenizados no solo analiza si la cadena de bloques es segura. También necesita tener confianza en el sistema de custodia, los contratos inteligentes, el mecanismo de liquidación y las entidades responsables de controlar los activos.
“Una vulnerabilidad en una pieza de la infraestructura puede afectar a múltiples empresas que dependen de ella”, dijo Raghuveera. “Una bolsa que utilice un puente comprometido, una billetera que mantenga el token afectado o un creador de mercado que aporte liquidez pueden quedar repentinamente expuestos, incluso si sus propios sistemas nunca fueron vulnerados”.
Aunque la mayoría de los bitcoin sustraídos en el hack a Liquid fueron devueltos, eso “no cambia la naturaleza del riesgo”, dijo Aneirin Flynn, director ejecutivo de la empresa de tecnología de ciberseguridad FailSafe.
“Este ataque podría haber sido llevado a cabo con la misma facilidad por un grupo malicioso sin intención alguna de devolver los fondos”, dijo Flynn. “El hecho de que se hayan podido extraer millones de dólares debido a una falla en el código demuestra que las vulnerabilidades de software constituyen un riesgo persistente para la infraestructura de las criptomonedas”.
Paradoja
Esa es la paradoja que enfrentan las criptomonedas a medida que maduran: la industria nació para reducir la necesidad de confiar en intermediarios financieros, pero su futuro institucional depende cada vez más de la confianza en la infraestructura construida alrededor de las cadenas de bloques.
El costo de una pérdida de confianza podría traducirse en mayores requisitos de seguridad, más demanda de seguros y colchones de capital, una mayor diversificación entre custodios y redes de liquidación, o simplemente un ritmo más lento de adopción institucional.
La industria de las criptomonedas lleva años argumentando que las cadenas de bloques pueden ofrecer una infraestructura financiera más eficiente. El hack a Liquid es otro recordatorio de que esa infraestructura puede ser tan confiable como los sistemas que transportan los activos sobre ella.






